Quizá no hubiese servido de nada, quizá el crimen se hubiese producido de todos modos. Pero el caso es que el pasado 17 de diciembre denegaron una orden de alejamiento y de protección para la agente asesinada este miércoles en Llanes, Laura Cruz Vega. La había solicitado su letrada, al estar próxima la extinción de la orden de alejamiento vigente tras haber sido la mujer agredida años atrás por el hombre en el cuartel de Llanes, delante de sus hijos y los compañeros de la agente. Sin embargo, la fiscal consideró que no había motivo para esa medida, ignorando los antecedentes del caso, y la jueza no tuvo más remedio que no concederla. Eran una jueza y una fiscal nuevas que no conocían los pormenores del caso.
La relación entre Laura Cruz y Dámaso F. S., que nunca estuvieron casados, comenzó a deteriorarse hace unos catorce años años. La pareja ya tenía un hijo de cuatro años y la mujer se quedó embarazada de sus gemelas. Dámaso F. S. puso tierra de por medio, para hacer el curso de guía canino en Gerona, y ya no fue destinado a Llanes. Desde el principio se desentendió de sus dos hijas, aseguran fuentes muy cercanas a la pareja. Hasta el punto de que Laura Cruz tuvo que plantear un expediente de medidas paterno-filiales ante el Juzgado, hacia 2014, para que el hombre se hiciese cargo de sus obligaciones con las niñas.
El Juzgado de Llanes estableció la custodia para la agente y un régimen de visitas por el que el agente podía ver a sus hijos ocho días al mes. El guardia Dámaso tenía que recoger a sus hijos a la puerta del cuartel de Llanes y colaborar en su manutención. A partir de entonces, la agente Laura recibió una lluvia de denuncias, hasta 45, según fuentes cercanas. Unas veces, Dámaso denunciaba que su expareja se había retrasado a la hora de entregar a sus hijos, otras denunciaba que las menores iban sin calcetines, o con la ropa sucia, o que la mujer llevaba a las niñas en el coche sin la sillita. Ninguna de esas denuncias llegó a buen puerto. Simplemente buscaba atosigarla. El guardia llegó incluso a denunciar que la jueza y su exmujer tenían una relación, porque decía que las había visto cenar juntas.
El 28 de julio de 2019 se produjo un incidente mucho más grave. Dámaso, que quería que le entregasen a sus hijas en el interior del cuartel llanisco, y no a la puerta, agredió de forma airada a su exmujer, a la que incluso llegó romper un diente. Como este miércoles, se coló en el cuartel cuando abrían las puertas para que saliese otro vehículo. Todo ocurrió en las dependencias del acuartelamiento, delante de otros agentes y de sus propios hijos. La agresión fue brutal. Laura sólo pudo meterse en el coche y recibir los golpes haciéndose un ovillo.
El juicio se anuló dos veces, aunque finalmente, el 15 de julio de 2025, la Audiencia Provincial validó la condena del Juzgado de lo Penal número 4 de Oviedo, que imponía a Dámaso un año de cárcel por maltrato y otros ocho meses de prisión por coacciones. También se le acusó de un delito de acoso o maltrato psicológico, pero los magistrados de la Audiencia no lo estimaron. Dámaso anunció un recurso ante el Supremo, pero finalmente renunció al mismo, con lo que la sentencia por violencia de género devino firme.
Eso desbloqueó el expediente que tenía abierto el agente por esos hechos. Hace poco, el instructor del mismo propuso el apartamiento del servicio. El asunto estaba ahora en manos de los servicios jurídicos de la Guardia Civil. Tenía que ser visto por el Consejo Superior de la Guardia Civil y finalmente rubricado por la ministra de Defensa, Margarita Robles.
El pasado 5 de agosto, hubo un nuevo problema, esta vez con la hipoteca de una vivienda. Laura Cruz llegó a un acuerdo con el banco por el que se quedaba la propiedad y la hipoteca. Dámaso debía firmar, pero se negó, a menos que retirasen el proceso penal que había abierto contra él. Su abogado diría luego que no se refería a la denuncia por malos tratos, sino a una demanda diferente. Fue a raíz de este asunto cuando la mujer volvió a solicitar una orden de alejamiento y de protección y que se colocase al hombre una pulsera. Pero no le hicieron caso.
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