«Firmes por la patria». Con un saludo militar que anuncia sus intenciones de «mano dura», y entre encendidos aplausos, Abelardo de la Espriella tomó este viernes posesión como presidente de Colombia para el período 2026-2030 en una ceremonia de fuerte contenido religioso celebrada en la ciudad de Cali. El abogado y magnate, de nacionalidad estadounidense también, juró frente a un auditorio en la Universidad Santiago que celebró el inició de una nueva era política que pone un fin radical a la experiencia de cuatro años de Gobierno de izquierdas con Gustavo Petro al frente de la Casa de Nariño. De la Espriella recibió sus atributos de mando rodeado especialmente de los presidentes de derecha y ultraderecha de la región y con la sonrisa complacida del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, quien, en nombre de Donald Trump, aterrizó en ese país sudamericano acompañado de una delegación de amplio nivel y a la altura que las expectativas que tiene Washington respecto al papel que desempeñará Colombia al sur del Río Bravo. Participaron también de los fastos de asunción el rey Felipe VI de España, delegaciones de otros países de Europa, el canciller de Israel, Gideon Sa’ar, organismos financieros multilaterales, y hasta el polémico presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
Honorario Henriquez, la principal autoridad del Senado y el responsable de haberle tomado juramento, dijo a De la Espriella que «se abre un período de esperanza» y que el país que recibe el millonario «enfrenta numerosos desafíos». Los mismos pueden resolverse respetando el pluralismo. El legislador llamó al mandatario a «liderar dialogos y construir soluciones» porque «no es una hora de pasar por encima de las colectividades polticas». Puso como ejemplo el Pacto de La Moncloa, cuando, en 1977, los españoles pudieron «declinar sus rencores» tras «ña dictadura de (Francisco) Franco» y sentar las bases «de un país próspero y exitoso cuando era uno de los más atrasados de Europa». Pidió en ese sentido «que la violencia no vuelva ocupar en Colombia el lugar de la palabra».
De la Espriella obtuvo el derecho a gobernar junto con su vicepresidente, José Manuel Restrepo, al derrotar por más de 250.000 votos de diferencia a Iván Cepeda. Su gestión está marcada de antemano por enormes expectativas de un sector importante de la sociedad, mientras que casi la mitad de los colombianos no disimula sus temores ante la inminencia de un giro brusco en todos los ordenes de la vida política, social y cultural. Su jura del cargo sin la presencia de la bancada del Pacto Histórico y otros sectores de la oposición da cuenta de la división a flor de piel que existe en Colombia.
El mandatario entrante se proponía después dar su primer discurso oficial en el Batallón Pichincha, donde opera la Tercera Brigada del Ejército, y no en el auditorio de la Universidad Santiago de Cali, donde únicamente será tomado el juramento y le será impuesta la banda presidencial. «La elección de Cali para la posesión presidencial no responde únicamente a razones logísticas. Detrás de esa decisión existe el propósito de respaldar a una ciudad atravesada por el narcotráfico, el conflicto armado, el estallido social y una universidad cuya historia también refleja las contradicciones del país», señaló el diario bogotano El Espectador.
Objetivos ambiciosos
Si algo nunca había hecho De la Espriella es política. Como outsider completo realizó una campaña prometiendo el oro y el moro. «Paria milagro», es la consigna con la que el abogado penalista aspira transformar la realidad colombiana. El portal La silla vacía recordó que el «milagrómetro» del ultraderechista es de una ambición desmedida. De la Espriella quiere que se ejecute de inmediato. En las próximas horas se espera una batería de decretos, unos 90, buena parte de ellos relacionados con la seguridad y el ajuste económico. El Gobierno se propone destruir 330.000 hectáreas de coca en todo su gobierno cuando en el cuatrienio anterior se erradicaron 1.415 al mes en promedio, así como reducir la violencia en un 50%. La administración ultraderechista se ha propuesto crear 600.000 empleos rurales. Reducir los costos de energía y resolver el problema de la provisión de medicamentos, una asignatura pendiente del Gobierno de Gustavo Petro. El recorte del gasto público será pronunciado. La decisión de recurrir a los decretos le da al Congreso un lugar de menos peso institucional y político. «Vamos a recuperar la situación de Colombia. Esto puede mejorar. Hay mucho por hacer. Con este viento positivo las cosas se van a poder lograr, dijo el flamante ministro de Hacienda, Miguel Gómez. Y adelantó que las familias deberán «ajustarse» porque se ha gastado más dinero del disponible. El Gobierno anunció a la vez que se retira de la Ruta de la Seda que promueve China, un gesto esperado por Washington.
Como era de suponer, el comienzo de esta gestión divide aguas. «Logramos derrotar la corrupción, logramos derrotar al narcotráfico, logramos derrotar el fracaso de la paz total y hoy inicia Colombia un nuevo camino», dijo el expresidente Andrés Pastrana, uno de los invitados de De la Espriella.
El papel opositor
«Aquí cumplo, hasta aquí llegan los 11,5 millones que decidieron votar por mí. Todo lo que hicimos aquí fue en función del pueblo, (…) espero que nos recuerden. Hasta siempre, libertad y vida, gracias por haberme acompañado soldados, por haberme cuidado, creo que ustedes salen mejor que cuando yo entré. Viva Colombia libre», dijo por su parte Petro, ya convertido en expresidente. Cepeda, en tanto, anunció durante un acto público en Barranquila, el propósito de crear un «Gabinete por la Vida» para controlar al Gobierno. «Nos permitirá discutir con sólidos argumentos» las políticas de De la Espriella. «“No responderemos al odio con odio, ni al autoritarismo con violencia; responderemos con la fuerza organizada y consciente del pueblo». Cepeda no cerró la puerta a un posible diálogo y un «acuerdo nacional» las nuevas actualidades ejecutivas lo ofrecen.
Suscríbete para seguir leyendo











