«Comienza una nueva forma de gobernar. Con la ayuda de Dios, trabajaremos sin descanso para hacer realidad la Patria Milagro». El abogado Abelardo de la Espriella inicia este viernes su presidencia con una fuerte inclinación hacia la derecha y el añadido de una inédita pátina religiosa. «Entre la Constitución y la Biblia», dijo la revista Cambio sobre el nuevo período que, al menos en las palabras, se propone una ambiciosa transformación de Colombia en todos los planos. De la Espriella, quien venció en la segunda vuelta al izquierdista Iván Cepeda por una diferencia de 251.854 votos, quería tomar posesión en una base militar en el departamento de Cauca, uno de los más golpeados por la violencia. Lo hará, sin embargo, en Cali, la tercera ciudad más importante de Colombia después de la capital y Medellín, en medio de un enorme dispositivo de seguridad.
La transmisión de mando será anómala y un indicio de las profundas divisiones políticas que enfrenta ese país. Gustavo Petro decidió no jugar el papel que se espera de un presidente de salida. Permanecerá lejos de la ceremonia. Petro no reconoce la victoria en las urnas del ultraderechista. «Estamos ante un fraude y ante un problema institucional indudablemente profundo y es la posesión del presidente ilegítimo». Según el exinsurgente, «dineros extranjeros y empresas extranjeras con la capacidad de cambiar algoritmos» lograron interferir en el resultado del proceso electoral. «Está clarito lo que puede ser una guerra civil en Colombia», advirtió. De la Espriella no se demoró en responder. «No sigamos normalizando lo incorrecto, lo ilegal, lo torcido. Llamemos a las cosas por su nombre y vamos a enfrentarlas como lo que son. La tal desobediencia civil no es más que un eufemismo para intentar desestabilizar la democracia, y no lo voy a permitir».
La grieta política es más profunda en Colombia y se expresa en la decisión del mandatario entrante de solo invitar a su ceremonia de juramentación a sus antecesores más conservadores: Álvaro Uribe, Iván Duque y Andrés Pastrana. Dejó fuera del acto a Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz 2016 por promover las negociaciones que pusieron fin a un conflicto armado de medio siglo con las FARC, y al socialdemócrata Ernesto Samper. «Agradezco profundamente al presidente este regalo, que me llega precisamente el día de mi cumpleaños», ironizó este último.
Con De la Espriella, Sudamérica y parte de Centroamérica completan un mapa inclinado hacia la derecha en sus distintas manifestaciones, con la exclusión de Brasil y Uruguay. Sus colegas Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), José Raúl Mulino (Panamá), Laura Fernández (Costa Rica), Luis Abinader (República Dominicana) y Nasry Asfura (Honduras) estarán presentes en la ceremonia. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, en parte artífice de este deslizamiento ideológico, acompañará de cuerpo presente el acontecimiento político. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, es otro de los invitados «ilustres». Colombia quiere, con De la Espriela, instalar su embajada en Jerusalén. España estará representada por el rey Felipe VI.
Alianza con EEUU
Donald Trump participó activamente de la campaña electoral que posibilitó frenar a la izquierda. Con De la Espriella en la Casa Nariño retornan las relaciones estrechas y estratégicas en los planos político y militar, algo que adquiere otra relevancia teniendo en cuenta la vecindad de Venezuela. La delegación que acompaña a Rubio es en ese sentido elocuente: Todd Blanche, el fiscal encargado de Estados Unidos; el representante republicano Mario Díaz-Balart; la directora de la Oficina de Control de Drogas, Sara Carter; Terrance Cole, el director de la DEA, y Joseph Humire, el subsecretario adjunto de Guerra, encargado especialmente de Asuntos de Seguridad de las Américas. La gran comitiva no solo aterrizó para darle la bienvenida formal al nuevo aliado: De la Espriella será, como el ecuatoriano Noboa, un presidente con nacionalidad estadounidense. «Con un juramento de fidelidad a la Constitución de los Estados Unidos por encima de cualquier otra lealtad», recordó al respecto el analista León Valencia. El nuevo ministro de Exteriores, Omar Bula, está completamente alineado con Washington. Llegó a calificar a China la «mugre» del planeta.
El giro religioso
Las vísperas de la toma de posesión estuvieron marcadas por el retiro espiritual que compartió el presidente electo con su futuro gabinete. Rezaron, escucharon textos del papa León XIV y vieron pasajes de la Biblia que fueron animados con inteligencia artificial. Una gran nación, remarcó De la Espriella, se construye con Dios «en el centro de cada decisión». Cambio se preguntó si «su fe terminará moldeando las políticas públicas de un país cuya Constitución consagra un Estado laico». Pascual Gaviria, columnista del diario bogotano El Espectador, habló de la «secta milagro». A su juicio, fue impactante «por lo patético de la escena» ver a los ministros prosternados ante los sermones de un cura. Según la analista Juliana Ocampo, cuando un retiro espiritual se convierte en un acto público «cuidadosamente difundido», la religión deja de ser únicamente una convicción personal «para convertirse también en un recurso de comunicación política».
Para Juliana Mejía, columnista del diario bogotano El Tiempo, por estas horas existen en Colombia tres estados de ánimo diferentes. «Hay un sector que mira el futuro con ilusión». En el extremo opuesto predomina la preocupación, el miedo y la incertidumbre. «No teme únicamente un cambio político: teme por su seguridad, por sus libertades y por la posible pérdida de derechos». Existe, según Mejía, un tercer estado de ánimo, uno que suele pasar inadvertido: el agotamiento. «Es el de quienes ya no celebran ni se indignan; simplemente están exhaustos. No comprenden cómo las disputas no solo continúan, sino que se multiplican».
Cambio de época
Petro concluye su gestión con un 40% de popularidad, atribuida en parte al menor índice de pobreza de los últimos 14 años, de 28% y las políticas sociales. El paro en 2025 fue del 8,9%, el promedio anual más bajo que se recuerde en décadas. La economía creció 2,5 puntos el año anterior y se espera que cierre 2026 con un número aproximado. Finaliza su mandato con un déficit fiscal del 6,4% del PIB, baja inversión y una inflación del 6% en 12 meses, números reprochados por buena parte de los economistas. De la Espriella obrará en dirección opuesta a lo que hizo la izquierda. Comienza la era de la «motosierra», la reducción de impuestos, y el fin de los pruritos con la extracción minera y el combustible fósil. «Escuche bien señor Abelardo: soberanía nacional, legitimidad política de los poderes públicos y los derechos no se tocan», escribió Cepeda, quien llamó a manifestarse en la capital, Barranquilla y en la misma Cali, escenario de los fastos. El próximo responsable de Exteriores avisó que la Colombia que agitaba los peligros del cambio climático dejará de tener presencia en los foros internacionales. Los ambientalistas Johann Delgado y Andrés Osorio recordaron, no obstante, que el país debe prepararse para un aumento del riesgo de inundación y erosión costera en el Pacífico como consecuencia del fenómeno de El Niño.
León Valencia, un agudo analista político, no pasó por alto un hecho que distingue a esta transición más allá de los enconos. Petro había sido guerrillero del M-19 y su sucesor, un reconocido activista del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia, en la época en que ambas fuerzas se metieron en un proceso de paz. «Algo muy profundo ha ocurrido en la conciencia de los colombianos para que dos personas ligadas a fuerzas ilegales que marcaron la vida del país en los últimos 40 años hayan saltado al primer puesto de la nación». La violencia sigue siendo uno de los grandes problemas de ese país que experimentará un nuevo giro vertiginoso de la «paz total» que Petro intentó promover sin los resultados que se esperaban, a una estrategia de «mano dura». Los grupos armados dedicados al narcotráfico, las remanencias de las FARC que no aceptaron la paz y el ELN, la guerrilla que no se avino a cerrar un acuerdo con el Gobierno de izquierdas, a pesar de todas las concesiones, ya saben cuál es el propósito del mandatario entrante. «No voy a negociar ningún proceso de paz porque la paz no se negocia… la paz se impone por la fuerza de las armas y las leyes de la república».
Suscríbete para seguir leyendo












