Las asociaciones profesionales de la Guardia Civil en Asturias creen que en el asesinato de Laura Cruz ha habido «ciertos fallos» y urge tomar medidas para que algo así no vuelva a repetirse. Alberto García Llana, secretario general de AUGC y una figura histórica del activismo en la Guardia Civil, sentencia que «los protocolos no funcionan y hacen falta otros más severos. No basta con retirar el arma». Llana cree que debe haber un seguimiento psicológico de los agentes a los que se retira la pistola. «Ha habido ciertos fallos. Debería haber llevado una pulsera de localización», cree.
Una de las medidas por las que vienen clamando las asociaciones es la instalación de armeros. En los últimos casos de sustracciones -en Villaviciosa o Gijón- como la que realizó el asesino de Laura Cruz, los agentes despojados de pistola se hicieron con un arma forzando la taquilla de un compañero.
Por otro lado está el hecho de que Dámaso F. S. pudiera acceder al cuartel llanisco. «El agente que estaba guardando la puerta estaba recibiendo una denuncia, por tanto no pudo percatarse del hecho de que entraba esta persona. Además, no hay cámaras de seguridad instaladas, pese a que estuvieron presupuestadas», expresa Llana, que conocía el caso de Laura Cruz y creía que ya se había superado con el tiempo, pero los hechos han demostrado que no.
Roberto Estrada, secretario general de Jucil en Asturias, también insistió en la necesidad de armeros «individualizados y con un sistema electrónico de control», de forma que «las armas no se dejen en las taquillas». En el presente caso, «el protocolo funcionó en teoría, ya que se le retiró el arma, no tendría que haber ocurrido nada».
Ignacio García Baragaño, secretario general de UnionGC Asturias y Secretario de Organización Nacional, expresó su «más contundente condena por el asesinato de nuestra compañera Laura a manos de su exmarido. Asimismo deseamos la pronta recuperación del teniente herido. También queremos destacar la gran actuación de los compañeros que consiguieron neutralizar al asesino».
Para Baragaño, «habría que valorar muchos factores que no nos corresponde a nosotros analizar. Lo que está claro es que el ‘guardia de puertas’, que es la primera línea de seguridad en los acuartelamientos, no puede estar pendiente de todas las personas que acuden al cuartel, atendiendo el teléfono y además recogiendo denuncias».
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