En solo 24 horas, un guardia civil de 50 años recién apartado del servicio y condenado por violencia machista irrumpió en el cuartel donde se encontraba su exmujer, Laura, también agente, robó el arma a un compañero y disparó a bocajarro contra ella. En el tiroteo que acompañó a su huida, otros guardias resultaron heridos y él acabó abatido. Apenas unas horas después, un hombre en Málaga mató a cuchilladas a su exmujer en un centro comercial. Sobre él pesaba una orden de alejamiento. También la guardia civil asesinada se encontraba bajo el sistema de protección, aunque la pulsera que había llevado ya no estaba activa. Con estos dos últimos casos, ya son 11 las mujeres asesinadas este verano negro. La cifra se eleva a 33 desde inicios de año: un 46% más que en 2025. Tras los asesinatos emergen también dos patrones señalados por las expertas: los fallos en el sistema de protección (una de cada tres mujeres había denunciado) y una violencia cada vez más extrema en los crímenes.
La mujer de Asturias murió por disparos. La víctima de Murcia fue degollada. La vecina de Barcelona asesinada en el barrio de Sant Martí la semana pasada recibió una docena de cuchilladas delante de los hijos de la pareja. Este recrudecimiento de la violencia lo avalan los datos —un informe reciente apunta a que las puñaladas y golpes aumentaron más del 50% en los feminicidios en los últimos ocho años– y también el análisis de las expertas. La psicóloga especializada en violencia machista Cecília Gelpí, por ejemplo, asegura que «se está viendo una tendencia en la que la forma en que los agresores matan o atacan a sus parejas o exparejas es mucho más extrema».
A su juicio, en este fenómeno influyen factores como «la mala gestión de las emociones» y la reacción desmesurada de algunos agresores ante la pérdida de control sobre sus parejas. Para Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género, los asesinatos son el síntoma de «una mayor intensidad del machismo». «Todo lo que representa cada vez es más explícito, justificado y reivindicado», apunta.
Efecto imitación
El forense recuerda que en las 24 horas siguientes a la celebración del Mundial se registraron tres feminicidios y un aumento del 120% en el número de llamadas al 016. «Hay un efecto concentración de casos por refuerzo e imitación», afirma.
De hecho, las cifras de este año también han activado las alertas en la Fiscalía especializada en Violencia sobre la Mujer. «Aunque ya hemos hablado de veranos negros anteriormente, este está siendo verdaderamente oscuro –apunta la fiscal Susana Gisbert–. Si tenemos en cuenta el aumento respecto al año pasado, estamos ante una verdadera barbaridad». La semana pasada, se celebró un comité de crisis por el repunte de la violencia este verano (se activa cuando se concadenan cinco homicidios o más) que no puso en marcha ninguna medida extraordinaria. Cabe decir que, hasta la fecha, el recuento de asesinatos es el peor desde 2019.
Más allá de las cifras, los últimos asesinatos de Llanes y Murcia también ponen de manifiesto las limitaciones, cuando no fallos, del sistema de protección y, especialmente, de la valoración del riesgo. En Llanes, la víctima estaba incluida en VioGén, el sistema de seguimiento integral de los casos de Violencia de Género, y el presunto agresor había sido condenado anteriormente. En Murcia, el investigado tenía una condena previa y una orden de alejamiento.
Reforzar la vigilancia en verano
Cecília Gelpí considera que sería necesario reforzar el seguimiento policial durante los meses de verano, especialmente a través de los Grupos de Atención a la Víctima, y reclama un mayor control sobre hombres con antecedentes por violencia machista. También señala que, «al menos en Catalunya, los servicios de acogida para mujeres están totalmente colapsados» y reclama una coordinación más estrecha entre Igualdad, Justicia, los cuerpos policiales y los servicios especializados.
En la misma línea, Susana Gisbert pide más campañas dirigidas a las víctimas pero también al conjunto de la sociedad. «Cuando pensamos que puede existir una situación de violencia de género no se trata solo de ser solidarios, es nuestra obligación ponerlo en conocimiento de las autoridades», apunta la fiscal. «Mientras no luchemos de manera firme y contundente contra estas situaciones y contra el machismo cotidiano, no podremos erradicar la violencia de género».
Fallos en el sistema de protección y evaluación
Paula Narbona, abogada especialista en violencia de género, también apunta hacia un lugar más concreto: los fallos en los sistemas de detección y valoración del riesgo de las violencias machistas. «Es importante que durante el resto del año haya profesionales formados que se encarguen de la detección de esta violencia en todos los ámbitos».
Sobre el contexto de este repunte, los expertos coinciden en identificar los ingredientes que alientan las violencias machistas. Ahí están, por ejemplo, la reacción a las conquistas de las mujeres –»hay hombres que canalizan la pérdida de poder y control en una rabia que son incapaces de gestionar», afirma Gelpí– y el avance del discurso de la extrema derecha. «El escenario sociopolítico no solo habla de negacionismo y denuncias falsas e instrumentales, sino que ahora esta reacción ha llegado hasta consejerías con el objetivo de acabar con ‘leyes ideológicas’, como llaman a las de violencia de género –apunta Lorente–. Y todo ese clima no hace más que aumentar los homicidios».
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