El próximo 12 de agosto, miles de personas dirigirán la mirada al cielo para contemplar uno de los fenómenos astronómicos más esperados de las últimas décadas. El eclipse total de Sol, que podrá verse desde distintos puntos de España y que ha despertado una enorme expectación, promete dejar imágenes únicas. Sin embargo, tras ese espectáculo también se esconde un riesgo del que alertan los oftalmólogos: observar el Sol sin la protección adecuada «puede provocar quemaduras graves en la retina en cuestión de segundos y no experimentar ningún síntoma físico ni molestia en el momento».
La oftalmóloga especialista en retina del Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona), Estefanía Cobos Martín, insiste en que disfrutar del eclipse de forma segura pasa por seguir unas recomendaciones muy concretas y evitar errores que cada año se repiten entre quienes quieren contemplar este fenómeno.
Uno de los errores más habituales, explica la doctora Cobos, es pensar que el eclipse reduce el peligro porque el Sol parece menos brillante. Sin embargo, ocurre justo lo contrario. «Durante un eclipse la luz ambiental disminuye y el Sol parece menos molesto de mirar. Esto hace que muchas personas bajen la guardia y lo observen durante más tiempo», señala. Además, añade que «nuestras pupilas se dilatan ligeramente y el reflejo de protección se debilita, permitiendo que miremos al Sol durante más tiempo sin la incomodidad aparente, mientras la radiación invisible (ultravioleta e infrarroja) sigue incidiendo con la misma intensidad destructiva».
Personas con gafas de eclipse / SITEMINDER
Ese exceso de confianza puede tener consecuencias importantes. Cuando una persona fija la vista en el Sol, «una gran cantidad de energía luminosa llega hasta la retina, que es la capa del ojo encargada de captar la luz y transformarla en el impulso eléctrico que llegará hasta el cerebro». Según explica la especialista, esa radiación provoca un calentamiento térmico y, sobre todo, una reacción fotoquímica capaz de destruir las células fotorreceptoras de la mácula, la zona responsable de la visión central y de los detalles finos. Esta lesión recibe el nombre de retinopatía solar.
Un daño que no duele, pero puede ser irreversible
Uno de los aspectos que más preocupa a los oftalmólogos es que la lesión puede producirse sin que el paciente sea consciente de ello. «La retina carece de terminaciones nerviosas nociceptivas (receptores del dolor). Por este motivo, el daño solar se produce de manera totalmente indolora», explica Cobos. Por eso insiste en que una persona puede estar dañando gravemente su visión sin notar absolutamente nada en ese momento.
Los problemas, de hecho, suelen aparecer horas después de la exposición. La especialista señala que los síntomas pueden comenzar entre unas horas y las primeras 24 o 48 horas posteriores. Los más frecuentes son:
- visión borrosa
- aparición de una mancha oscura fija en el centro del campo visual
- deformación de las imágenes
- alteraciones en la percepción de los colores
- sensibilidad exagerada a la luz (fotofobia)
Ante cualquiera de estos signos, recomienda acudir cuanto antes a un oftalmólogo para valorar el alcance de la lesión.
El pronóstico tampoco siempre es favorable. Aunque algunos pacientes logran recuperar parte de la visión con el paso de las semanas o los meses, no ocurre en todos los casos. En algunos casos leves, los pacientes experimentan una mejoría parcial o una recuperación casi total de la visión. Sin embargo, en un gran porcentaje de casos, el daño es permanente e irreversible», advierte la especialista.
Estas son las recomendaciones de la oftalmóloga para ver el eclipse solar con seguridad
Para evitar cualquier riesgo, la recomendación pasa por utilizar exclusivamente gafas homologadas para eclipses. Cobos recuerda que deben cumplir la norma internacional ISO 12312-2, así como el sello CE y permitir identificar claramente al fabricante. También aconseja comprobar que los filtros no presenten arañazos, perforaciones o cualquier otro desperfecto antes de utilizarlas. «Si existen dudas sobre su procedencia o calidad, es mejor no utilizarlas», resume.

Un optometrista de la óptica Diferoptics, muestra unas gafas homologadas para la observación segura de eclipses solares / Zowy Voeten
La oftalmóloga también desmonta otro de los mitos más extendidos. «Las gafas de sol convencionales, por muy oscuras que sean o por alta que sea su categoría de protección, no están diseñadas para permitir la observación directa del Sol», afirma. Lejos de proteger, pueden transmitir una falsa sensación de seguridad porque no bloquean la intensidad de la radiación solar. Por ello, insiste en que «para ver un eclipse de manera segura deben utilizarse únicamente gafas de eclipse homologadas o métodos indirectos de observación».
Con la cuenta atrás ya en marcha para el eclipse del 12 de agosto, el mensaje de la especialista es claro. Se trata de un fenómeno astronómico excepcional que merece la pena contemplar, pero siempre tomando las precauciones adecuadas. Como recuerda la doctora Cobos, «un eclipse es un fenómeno fascinante, pero nunca debemos olvidar que mirar al Sol sin la protección adecuada puede causar daños irreversibles en nuestra visión».
Fuente: La Nueva España












