En una semana exacta, millones de personas en España levantarán la vista al cielo para contemplar el primer eclipse total de sol en más de un siglo que, según explican los astrónomos, permitirá apreciar durante unos instantes resplandor casi irreal que rodea a nuestro astro rey y fenómenos tan espectaculares como el brillo de la corona solar. Pero mientras la mirada humana se prepara para admirar esa belleza fugaz desde la Tierra, los científicos llevan décadas intentando descifrar qué ocurre en la superficie de esta estrella a la que le debemos la vida y, sobre todo, qué fenómenos hasta ahora invisibles se producen en su interior. La revista científica ‘Nature’ publica este miércoles las imágenes más nítidas jamás captadas de la superficie solar y un análisis en que se desvela la existencia de vórtices de plasma y explosiones hasta ahora invisibles que «podrían ayudar a explicar cómo nuestra estrella calienta su atmósfera exterior y cómo acumula la energía capaz de lanzar tormentas solares hacia la Tierra».
Este descubrimiento, logrado gracias a un potente telescopio construido en Hawái, podría explicar cómo la estrella calienta su atmósfera exterior y acumula energía para las tormentas solares
El hallazgo, presentado por un equipo internacional de investigadores, ha sido posible gracias al telescopio solar más avanzado construido hasta la fecha y situado en la cima del volcán Haleakalā, en la isla hawaiana de Maui. Según explican los científicos detrás de este proyecto, las imágenes captadas por este instrumento se combinaron con simulaciones de alta precisión y, gracias a ello, se consiguió identificar estructuras que durante décadas habían permanecido fuera del alcance de la mirada científica. Entre los resultados más apasionantes destacan las observaciones en superficie del sol, donde se observaron pequeños vórtices, similares a diminutos remolinos de agua, en los bordes de regiones donde se concentran fuertes campos magnéticos. Los análisis indican que se trata de estructuras minúsculas a escala solar pero gigantesca para nosotros, ya que su dimensión podría alcanzar entre los 50 y los 65 kilómetros.
Confirmación oficial
Los especialistas señalan que estas observaciones han permitido confirmar por primera vez en la historia la presencia de un fenómeno conocido como inestabilidad de Kelvin-Helmholtz en la superficie del Sol. Se trata de un proceso en el que dos capas de plasma se desplazan a distintas velocidades, generando una fricción que acaba formando pequeños remolinos y ondas. Aunque esta inestabilidad había sido predicha por la teoría y observada en otros entornos del universo, como en algunas formaciones nubosas terrestres o en el movimiento de masas de aire y agua en nuestro planeta, nunca antes se había podido identificar con esta claridad en la fotosfera solar. Y esto, afirman los científicos, abre una nueva ventana para comprender los mecanismos que impulsan la actividad magnética de nuestra estrella.
Las imágenes desvelan mecanismos ocultos que podrían ser responsables de la acumulación de energía previa a las grandes explosiones solares
El trabajo también aporta una nueva pista para entender de dónde nace la enorme energía que libera el sol durante sus grandes tormentas y que, en ocasiones, llegan hasta nosotros provocando alteraciones en satélites, sistemas GPS, comunicaciones y redes eléctricas. Hasta ahora, sabíamos que las llamaradas solares y las eyecciones de masa coronal se producen cuando los campos magnéticos de la estrella acumulan tensión hasta romper su equilibrio y reorganizarse en un proceso conocido como reconexión magnética. Lo que la comunidad científica llevaba años intentando averiguar es qué movimientos del plasma eran responsables de iniciar ese proceso de acumulación de energía. Los autores de este trabajo afirman que, según los análisis, los remolinos generados por la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz podrían actuar como uno de esos mecanismos ocultos detrás de las grandes explosiones solares.
Revolución científica
Según explica Jacqueline Keane, directora de programa de la NSF para el Observatorio Solar Nacional, este descubrimiento demuestra cómo los avances en los instrumentos de observación espacial están permitiendo estudiar fenómenos que hasta hace poco eran invisibles para la ciencia. «Para comprender mejor el clima espacial y los efectos que la actividad solar puede tener sobre la Tierra, los investigadores necesitábamos analizar los procesos que ocurren a escalas extremadamente pequeñas. Durante décadas, observar estos diminutos vórtices había sido imposible. Pero ahora, gracias al telescopio solar de Maui, equipado con un espejo de cuatro metros y sistemas ópticos de última generación, los científicos hemos podido acceder por primera vez a esos detalles ultrafinos y estudiar mecanismos que antes quedaban fuera de nuestro alcance», sostiene entusiasmada esta científica tras la publicación del trabajo.
«Gracias al telescopio solar de Maui, equipado con un espejo de cuatro metros y sistemas ópticos de última generación, los científicos hemos podido acceder por primera vez a esos detalles ultrafinos y estudiar mecanismos que antes quedaban fuera de nuestro alcance»
«Es muy emocionante comprobar que las observaciones de mayor resolución de la fotosfera solar han revelado un nuevo régimen dinámico en forma de vórtices en los bordes de las concentraciones de campo magnético», relata Matthias Rempel, científico del Observatorio de Gran Altitud (HAO) y uno de los expertos detrás de este trabajo. «Estamos solo al principio de reconocer el amplio impacto que tiene este descubrimiento en nuestra comprensión de la conexión entre el movimiento del plasma magnetizado y el transporte y la liberación de energía hacia la atmósfera superior del sol», añade, en esta misma línea, Friedrich Wöger, científico del Observatorio Solar Nacional, quien vaticina que estas espectaculares imágenes de la superficie de nuestro sol podrían revolucionar nuestra comprensión de la estrella al centro de nuestra vida.
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