Haakon se ha convertido en el rey de Noruega, con 53 años, en un momento calificable de espinoso para la monarquía del país nórdico, aunque tal vez lo peor de su annus horribilis haya quedado atrás . El nuevo monarca, quien ha elegido el nombre de Haakon VIII, mantendrá para su reinado el mismo lema que Harald V: «Todo por Noruega». Arrastra un culebrón de turbulencias familiares. Pero ha ejercido hasta ahora un papel de actor secundario: los líos de la casa real noruega están principalmente relacionados con su esposa Mette-Marit y su precaria salud, que la ha obligado a someterse a un transplante de pulmón, o con el hijo mayor de ésta, Marius.
Especialmente los últimos seis meses han sido de vértigo para Haakon. Son muchos los desafíos que deberá afrontar ahora como monarca de este país extracomunitario, pero con fuertes vínculos con la UE, miembro del Espacio Económico Europeo (EEE) y puntal defensivo del flanco báltico y oriental de la OTAN.
Los vínculos pasados de Mette-Marit con el pederasta estadounidense Jeffrey Epstein o la condena por violación contra el hijo de ésta, nacido de una relación anterior, hicieron que en medios noruegos se llegase a cuestionar su capacidad para ser la nueva reina del país.
Todo ello no ha hecho mella en la popularidad de Haakon. Casi un 80% de sus compatriotas considera que desempeñará bien su cometido como rey, según un encuesta realizada el pasado marzo. Por entonces, se habían desplomado ya sobre su esposa varias tempestades. Por un lado, el cúmulo de correos electrónicos intercambiados con Epstein, fallecido en 2019 en una cárcel de Nueva York. Por el otro, el tumultuoso juicio contra su hijo, de 29 años.
Haakon, nacido en 1973 en Oslo, reaccionó a los revuelos profusamente amplificados por la prensa sensacionalista nórdica con una contención probablemente heredada de Harald. Ha respaldado en todo momento a su mujer, quien en una entrevista expresó su pesar por su «poco tino» en la elección de sus amistades. Y ha recordado que Marius, aunque no es miembro de la casa real, sí es una persona «importante» para su familia.
La abdicación que no se produjo
Haakon sucede con cierto retraso a su padre, un rey muy querido por sus compatriotas. Subirá al trono a la misma edad en que Harald inició su reinado. Pero en Oslo se venía hablando de una abdicación a favor de Haakon a más tardar desde 2024, cuando Margarita de Dinamarca se retiró, tras 52 años en el trono, para traspasar el reinado a Federico X.
Harald no se decidió a dar ese paso, pese a sus cada vez más frecuentes ausencias por problemas de salud y su edad. Finalmente ha reinado durante 35 años y hasta el último día de su vida, lo que acrecienta la idea de que apuró tanto como le fue posible su puesto, tal vez por las dudas en torno a Haakon. La segunda línea de la Corona la forman sus dos hijos en común en Mette-Marit, la princesa Ingrid Alexandra y su hermano, Sverre Magnus. Ambos son rostros jóvenes que probablemente acaben ganándose el aprecio de los noruegos casi tanto como el ‘rey del fútbol’ que es Erling Haaland. Pero que no están maduros para saltar a la cancha.
Cercanía nórdica
Haakon llevaba años ejerciendo el papel del príncipe heredero. Muchos noruegos empezaron a ver en él al futuro rey a raíz de la cercanía y la contención con que tanto él como su padre reaccionaron en 2011 al doble atentado del ultraderechista y fundamentalista cristiano Anders Behring Breivik, con 77 muertos entre Oslo y el campamento juvenil de los laboristas noruegos de Utoya. Fue un trauma nacional, al que familia real noruega respondió con esa entereza nórdica en los peores momentos que admira al resto del mundo.
Ahora le corresponde aplicar esa dinámica a un reinado que arranca con más desafíos que certezas. Haakon no puede siquiera respaldarse en su hermana, la princesa Marta Luisa, ya que está apartada de cometidos institucionales por sus propios líos desde que se casó con un excéntrico chamán estadounidense llamado Durek Verret. Marta Luisa ha dado abundante cuerda a la prensa del corazón con su adicción a terapias alternativas y propensión a ignorar que no debe utilizar su título con fines comerciales.
El nuevo rey estudió en la escuela pública, es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Berkeley y tiene un máster en Estudios sobre el Desarrollo por la London School of Economics and Political Science. Ha complementado estos estudios con prácticas en la misión de la ONU de Noruega y la carrera diplomática el ministerio de Asuntos Exteriores. Es general de las Fuerzas Armadas y ha representado a su país ante la ONU o en programas contra el cambio climático.
Matrimonio con una plebeya
Todo encaja a la perfección en el perfil que se espera de las llamadas monarquías modernas europeas. Practica esquí, surf, paracaidismo, senderismo y ama tanto la naturaleza como las fiestas a las que invita a sus compatriotas en ocasiones especiales. A nadie extrañó que eligiera como esposa a una plebeya, Mette-Marit, a la que conoció en 1999. También ahí siguió los pasos de Harald, cuando se casó con la hija de un empresario textil a la que convirtió en reina consorte, Sonia.
Pero, a diferencia de la reina Sonia, Mette-Marit ha dado muchísimo más que hablar incluso que la excéntrica princesa Marta Luisa. Marius Borg Hoiby, condenado a cuatro años de cárcel por dos casos de violación y otros 32 cargos, nació de su relación anterior con un hombre condenado por tráfico de drogas. Forma parte de eso que Mette-Marit calificó de «pasado salvaje».
No está claro hasta qué punto la reina consorte podrá cumplir con una agenda de actos oficiales que incluye, entre otros, los fastos del prestigioso Premio Nobel de la Paz. Sufre una fibrosis pulmonar, motivo del trasplante de pulmón a que se sometió. A Haakon le corresponde ser el nuevo puntal de una casa real con lamparones, como suelen serlo las llamadas monarquías modernas.
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