Cuando hablamos de libertad, elección, ética. etc., suele citarse la exposición que hacía Juan Buridán, un filósofo del siglo XIV sobre la formulación de su celebérrima paradoja: un asno que tenía ante sí dos capazos de heno, igualitos, igualitos. Perplejo quedó el animal por no saber cuál elegir y, ante el dilema, acabó sin comer, muriendo de hambre. De ahí pasó a la historia de la filosofía con toda la parafernalia ética que su formulación entrañaba. Nada que ver con el otro asno tan simpático, peludo y suave como era el Platero de Juan Ramón Jiménez. ¿Qué más te da a ti el pasado, si vives en lo eterno?, preguntaba el autor. Pero, los dos han pasado a la historia con éxito.
¿Y por qué va de asnos esta breve columna semanal? Sin ánimo de ofender, sino de entretener, en su caso, si es que lo consigo (voluntad no me falta, acierto, sí), me remito a los entretenidos debates actuales que me dejan perplejo como al asno de Buridán, más o menos. Uno piensa que esto concierne a la neuroética, como diría nuestra admirada Adela Cortina, a la neurofilosofía práctica. Uno dice blanco y otro dice negro, oscuro o cualquier otro color que nos sonroja. No siempre, pero demasiadas veces.ay que disentir, pero con argumentario claro y distinto, como diría, en otro contexto, un cartesiano. Y no sobre presupuestos salpicados de ideologías que, en demasiadas ocasiones, dejan perplejo y en ayunas al escuchante… aunque realmente no mueran como nuestros asnitos, uno de hambre, el otro de nostalgia.
La verdad es que uno peca demasiadas veces, en la supuesta dignidad humana (que también existe) más que en la realidad cotidiana. Y escucha, escucha, lo que van diciendo los tertulianos y tratando de elegir, como el asno de Buridán aquello que, según nuestro leal saber y entender, nos parece más justo, aunque no siempre lo sea. Eso, sí, no moriremos de hambre por la elección que hagamos, pero nos sentiremos aliviados si nos inclinamos por la verdad y la sinceridad que juzguemos. Dos capazos de heno pueden ser igualitos, pero distintos. ¡Aviso para navegantes!
A veces, salvando la infinita distancia, me remito a aquel socrático «solo sé que no sé nada», aunque Sócrates, el muy pillín, lo sabía casi todo. Conviene ser muy cautos en lo que se escucha y en lo que uno entiende.ay verdades, pero también bulos.
Es profesor y Valencià de l’Any 2025
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