«¿Cómo vamos a hacer 7.000 radiografías para certificar la edad de los menores?». La pregunta la lanza Enrique Roviralta, presidente del Sindicato Médico de Ceuta, cuando EL PERIÓDICO aborda la situación de los 7.000 menores que, según estimaciones de las organizaciones humanitarias, habrían entrado en la ciudad autónoma a finales de la pasada semana procedentes de Marruecos y que, en muchos casos, se han quedado vagando por la ciudad o intentando acceder a centro de acogida saturados.
El consejero de Presidencia y Gobernación de Ceuta, Alberto Gaitán, cifraba este lunes en un total de 862 menores migrantes acogidos, lo que supone una «sobreocupación del 2.872%», cuatro días después de la entrada masiva de migrantes desde Marruecos.
Conocer la edad de los jóvenes que estos días vagabundean por la ciudad, es tarea imposible para los sanitarios, insiste Roviralta. El protocolo establece que la evaluación comienza con una exploración visual a la que pueden sumarse diferentes pruebas radiológicas para determinar el grado de maduración ósea y dental. Lo habitual es hacer primero una radiografía del carpo izquierdo de la muñeca y, después, una ortopantomografía, es decir, una radiografía del tercer molar o muela del juicio.
El mismo día de la entrada masiva de migrantes, el pasado jueves, el sindicato pedía auxilio y reforzar de manera urgente los recursos del Área Sanitaria dotando de más profesionales, precisamente, a los los servicios de Urgencias o Radiología.
Vuelta a la normalidad
Mientras Ceuta recupera cierta rutina, los médicos insisten en que no sucede lo mismo con la situación sanitaria que se vive. «La situación ha mejorado, pero no hay normalidad«, señala Roviralta. El INGESA, organismo dependiente del Ministerio de Sanidad, negaba este mismo fin de semana que, pese a la crítica situación vivida, se hubiera producido en ningún momento situaciones de colapso en la sanidad ceutí.
«En ningún momento se ha producido una situación de colapso en los dispositivos asistenciales del Área Sanitaria, ya que las afirmaciones vertidas carecen de sustento en los datos objetivos de actividad, que reflejan un funcionamiento ordenado y ajustado a los protocolos establecidos«, apuntaba el Ministerio.
Control de la situación
«No han tenido ningún control de la situación. Desde el Ministerio de Sanidad lo que tenían que haber hecho es haberse coordinado con Defensa y haber activado la intervención del Estado. Durante 48 horas, esto parecía una ciudad sin ley. Solamente la vocación y el sacrificio de médicos, enfermeras y el resto de personal sanitario y no sanitario sacó la situación adelante», indica el presidente del sindicato médico.
Roviralta explica que, durante las jornadas más críticas de la crisis migratoria vivida en la ciudad, las asistencias sanitarias se multiplicaron por diez. «La gente doblaba turnos. Lo único que hicieron (por Sanidad) fue suspender permisos. Tampoco hizo falta, porque incluso gente que estaba de vacaciones se reincorporó».
Vocación sanitaria
Insiste en que la emergencia sanitaria desatada por la llegada masiva de migrantes, se resolvió por la «capacidad casi sobrehumana del personal médico y el de resto categorías. Sin dormir, atendiendo, todas las especialidades: hasta partos en el hospital. Algunos salían llorando, impotentes, con frustración y crisis emocionales», describe Roviralta que muestra su «indignación» por la situación extrema que vivieron los profesionales de los centros de salud y el Hospital Universitario de Ceuta.
En la misma línea, se pronunciaba a finales de la pasada semana el Sindicato de Enfermería SATSE de Ceuta que denunciaba «la insostenible presión que recae sobre los profesionales de enfermería, fisioterapia y matronas» ante la crisis migratoria. SATSE criticaba «la falta de recursos, la precariedad de los contratos, la mala gestión y la fuga de talento» que dejaban «a una plantilla exhausta ante la emergencia que está sufriendo Ceuta, ciudad que además no tiene el reconocimiento real de Zona de Difícil Desempeño».
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