Carlos Tatay (Valencia, 2003) nunca olvidará el 2 de julio de 2023. En ese momento tan solo tenía 20 años, cuando un accidente en una carrera de Moto2 le cambió la vida.
El valenciano era hasta ese momento una gran promesa del motociclismo español. Con tan solo 15 años ganó la Red Bull MotoGP Rookies Cup, algo que, como él mismo nos cuenta, «pocos pilotos lo han conseguido con esta edad». Su proyección parecía que nunca frenaría. De hecho, había firmado para el Mundial de Moto2 y su sueño era «ser campeón del mundo«.
Pero a veces la vida nos prepara duras batallas. Algunas no las llegamos ni a imaginar, como le sucedió a Carlos. Un accidente a gran velocidad (306 kilómetros por hora) le provocó una grave lesión medular, y esto hizo que dejase la velocidad de los circuitos por la motivación a miles de personas cada año a través de sus charlas inspiracionales. Porque pocas voces tan motivadoras como la de él. «Mi motor interior es mucho más que una historia de deporte: es un testimonio de coraje y disciplina», explica.
Ser piloto era mi vida entera
Una recuperación… para volver a la adrenalina de la velocidad
Fueron, en total, cinco meses de hospital e incontables horas de rehabilitación. Todo ello para poder iniciar un nuevo camino. Y ahora es feliz. No duda en afirmarlo en su primer libro, Mi motor interior (Ediciones B). «No he cambiado para nada. Ha cambiado mi físico y tengo más complicaciones en el día a día, pero sigo siendo el mismo«, detalla. Una de las cosas más duras para él fue el pensar: «¿Qué voy a hacer ahora después de haberme dedicado toda mi vida a las motos?».
Y lejos de conformarse con una vida ‘plácida’, tiene más sueños que cumplir, y relacionados con el motor: tiene el objetivo de competir en el Dakar. Y a poder ser en el de 2028. Pero no ha sido un camino de rosas ni mucho menos hasta tener nuevas ambiciones. «No puedo comparar mi situación actual con la de antes. Lo que hay que hacer es mirar al futuro», afirma.
Para él también fue clave conocer a Albert Llovera, un piloto de rallies y del Dakar que se quedó parapléjico tras un accidente de esquí. Esto le hizo pensar que «si él ha podido, yo también puedo intentarlo y seguir ese camino». Y dicho y hecho. En diciembre de 2023 vendió todas sus motos. Para él eran su tesoro, pero era el primer paso para poder «pasar página hacia una nueva vida».
Lo que tenía claro es que no quería alejarse del mundo del motor. Antes lo hacía en motos, y ahora en coches. La velocidad y adrenalina nunca se fueron de su ADN, y nunca lo harán. No fue fácil adaptarse a los mandos adaptados de los coches, pero su pasión siempre ha estado por encima de todo.
Lo más difícil para él fue recuperarse «mentalmente»
«Hasta que no pasa un tiempo no eres consciente de la magnitud de lo que te ha ocurrido», detalla. Y por ello no fue tanto una recuperación física, sino mental. Ahí es donde Carlos se vio realmente hundido. Cómo él mismo explica, «lo mental es lo que te lleva a lo físico». Y con este fin ha trabajado mucho «la aceptación», con la ayuda de «mis padres y mi novia». Aunque el esfuerzo físico no ha sido pequeño, ni mucho menos. Para ello se ha ejercitado especialmente con entrenamientos de fuerza y ciclismo adaptado.
Es una grandísima, bella y motivadora historia de superación. De esas que aparecen en películas y Carlos la ha vivido y protagonizado en primera persona. Todo ello a través de «disciplina, constancia y sacrificio«. Estos son los valores que transmite en sus conferencias. Porque un accidente, aunque no sea en competición, le puede cambiar la vida en un segundo a cualquiera. Para aquellos que se encuentren en su situación, Tatay recomienda «tener un objetivo para enfocarse en él y así distraer la mente».
Lo único que había cambiado en mí fue el hecho de no solo pensar en ganar sino en aprender a disfrutar del proceso hasta volver a ganar
Toda su historia Carlos no solo la cuenta y plasma en las charlas que da por todo el país; también lo ha hecho ahora a través de su libro. Es inspiración pura.
Fuente: La Nueva España












