Marruecos ha dejado de ser únicamente una economía de bajos costes situada a las puertas de Europa. Avanza hacia un modelo industrial, logístico y turístico más complejo, apoyado en grandes infraestructuras, inversión extranjera y una población joven. Su PIB por habitante se sitúa en 3.972 euros, frente a los 32.633 de España, los 4.163 de Túnez y los 5.335 de Argelia. La comparación, expresada en términos nominales, muestra que el dinamismo productivo marroquí todavía no se ha traducido en un nivel de renta equiparable al europeo.
El Informe País de ICEX, actualizado en junio de 2026, describe una economía dominada por los servicios, que representaron el 60,1% del PIB en 2024, mientras que el sector secundario aportó el 26,5% en 2023. La agricultura sigue siendo esencial para el empleo rural, pero arrastra una baja productividad y una elevada exposición a la sequía. ICEX añade que los combustibles fósiles importados cubren más del 90% de las necesidades energéticas del país, una vulnerabilidad que convive con el rápido desarrollo de las energías solar y eólica.
El profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Granada y profesor asociado de EAE Business School Miguel Ángel Pérez destaca entre sus fortalezas las reservas de fosfatos, la pesca, el turismo, las remesas y una población relativamente joven. Marruecos, afirma, “ya puede considerarse una importante plataforma industrial y logística”. Su atractivo ya no descansa solo en los salarios bajos y la proximidad geográfica, sino también en sus zonas industriales, proveedores, acuerdos comerciales e infraestructuras.
Una fábrica para Europa
La automoción resume esta transformación. Según ICEX, es el primer sector exportador del país: generó 15.000 millones de euros en 2024 y concentró el 33% de las exportaciones marroquíes en 2025. El 90% de la producción se dirige al exterior y España absorbe directamente una quinta parte. Marruecos dispone de capacidad para fabricar 700.000 vehículos al año y aspira a alcanzar el millón en 2030, mientras desarrolla baterías y componentes para el coche eléctrico.
La integración con España ya es profunda. Renault articula sus plantas de Tánger y Casablanca con Valladolid, Palencia y Sevilla, mientras numerosos proveedores españoles participan en un sistema de suministro ‘just in time’. Pérez considera que España no debería interpretar esta industrialización únicamente como una amenaza, sino como una oportunidad para construir cadenas de valor compartidas y conservar en territorio español las actividades de mayor contenido tecnológico.
Renault no está sola en el proceso de industrialización marroquí. Stellantis actúa como empresa tractora del polo de Kenitra, donde la Atlantic Free Zone reúne 56 compañías y unos 36.000 empleos. A su alrededor se han instalado proveedores internacionales como Lear, Yazaki, Sumitomo y TE Connectivity, mientras Safran amplía su actividad aeronáutica en Casablanca y grupos chinos como Gotion High-Tech, CNGR y BTR desarrollan la futura industria de baterías. La presencia española se extiende desde los componentes de automoción —con Gestamp, Grupo Antolin, Ficosa y CIE Automotive— hasta el turismo, la logística y las infraestructuras, con Barceló, RIU, Iberostar, Meliá, Romeu, J. Carrión, Boluda y Acciona. En total, la inversión española estaba vinculada a más de 25.000 puestos de trabajo al cierre de 2024.
Puertos, carreteras y comercio
La logística aporta alrededor del 5% del PIB marroquí y sostiene más de 500.000 empleos directos e indirectos. Tánger Med, considerado por ICEX el primer puerto de África, dispone de capacidad para más de nueve millones de contenedores y conexiones con más de 180 puertos. El organismo define la proximidad con España como una «extensión natural del mercado logístico europeo».
Sin embargo, Marruecos mantiene un déficit comercial estructural. En 2025 importó más de 88.000 millones de dólares, frente a exportaciones próximas a 50.300 millones. Sus ventas al exterior están encabezadas por la automoción, el material eléctrico y los fertilizantes, mientras que las compras de combustibles, maquinaria y equipos industriales reflejan su dependencia energética y tecnológica.
España es su principal cliente, con el 22% de las exportaciones marroquíes, y uno de sus principales proveedores. El comercio bilateral alcanzó los 22.757 millones de euros en 2025. Marruecos se consolidó como el primer mercado africano para las empresas españolas y como su noveno cliente mundial. El stock de inversión española ascendía a 2.508,5 millones de euros al cierre de 2024 y sostenía más de 25.000 empleos.
Turismo y oportunidades
El turismo es otra gran fuente de ingresos y divisas. Marruecos recibió 19,8 millones de visitantes en 2025 y aspira a alcanzar los 26 millones en 2030. El estudio de ICEX sobre gestión hotelera calcula que el mercado llegará a los 1.030 millones de euros en 2029, con un crecimiento anual medio del 6,72%. El país dispone de más de 4.700 establecimientos clasificados, 270.000 camas y más de 150 marcas hoteleras.
El sector también presenta debilidades. La demanda se concentra en Marrakech y Agadir y en determinados periodos del año, lo que provoca una elevada infrautilización fuera de temporada. España, percibida como un modelo consolidado de gestión hotelera, encuentra oportunidades como operador y proveedor de servicios de digitalización, eficiencia energética, consultoría, seguridad y formación.
El crecimiento, sin embargo, no llega por igual a toda la sociedad. Pérez señala como debilidades la corrupción, la burocracia, ciertas ineficiencias administrativas y las desigualdades sociales y territoriales. Para las empresas extranjeras, estos problemas pueden traducirse en retrasos, discrecionalidad e inseguridad jurídica. Para la población, el reto es crear empleo suficiente y extender la modernización de Tánger, Casablanca o Rabat a los jóvenes, las mujeres y las áreas rurales.
Marruecos ha demostrado capacidad para atraer capital, levantar puertos y fábricas y conectarse con las cadenas europeas. Su gran prueba será transformar esa plataforma exportadora en una prosperidad más amplia. El país ya es un competidor industrial; todavía debe demostrar que puede convertirse en una economía emergente socialmente equilibrada.
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