«En la montaña siempre va a haber desprendimientos». Es la advertencia de quienes mejor conocen el terreno, guías y montañeros experimentados, tras el derrumbe registrado este viernes en la Ruta del Cares (Cabrales), que dejó dos heridas graves, una madre y su hija de 18 años, que continúan hospitalizadas en el HUCA.
El terreno fue inspeccionado este sábado por técnicos del Principado y del equipo de rescate de Emergencias, quienes comprobaron que en el punto donde se produjo el incidente ya se desprendió todo el material afectado. Precisamente, en esa zona se reforzó la señalización advirtiendo del peligro de argayos a raíz de los incendios que afectaron a la zona en el verano pasado. No obstante, es imposible descartar nuevos episodios a lo largo del recorrido, dadas sus características. Tras este análisis del terreno, ya se estudia reabrir hoy la transitada senda.
El punto en el que se produjo el accidente. / LNE
Lejos de considerar el incidente un hecho aislado, los expertos consideran que es algo «relativamente frecuente» y que, en consecuencia, cerrar la ruta y prohibir su uso es «un error». «Es como si se cerrase una autopista después de un accidente de tráfico«, señala Érik Pérez, guía de montaña con más de tres décadas de experiencia. Según explica, este tipo de incidentes no son aislados. «Cada año se registran entre 15 y 30 heridos por caída de piedras. La mayoría no trascienden porque los golpes suelen ser leves, en un hombro o un brazo, y los senderistas pueden salir por su propio pie», explica.
La Ruta del Cares es uno de los itinerarios más transitados de España. Cerca de 400.000 personas la recorren anualmente, con picos de hasta 3.000 visitantes diarios en temporada alta, entre mayo y octubre, según recalcan los expertos. «Nunca se puede prohibir una actividad como el monte, que es de todos», sostiene Pérez, quien insiste en que la clave está en la información: «La gente tiene que ir a la montaña y debe hacerlo con conocimiento«.
Medidas de seguridad y «sentido común»
«Accidentes va a haber siempre, pero hay que tener sentido común«, añade. Medidas básicas de prevención, como caminar pegados a la pared o levantar la vista con frecuencia, pueden evitar sustos. A su juicio, el Parque Nacional de los Picos de Europa debería «reforzar la seguridad» con más guardas a lo largo del recorrido que informen sobre los puntos conflictivos, así como promover el uso del casco, obligatorio en otros países como Italia.
En la misma línea se pronuncia el montañero Xuacu Álvarez, quien recuerda que «la montaña siempre avisa». «Antes de que se produzca un desprendimiento de rocas se escucha un rugido, pero el problema es que mucha gente no lo sabe», lamenta. Álvarez describe el entorno de la Ruta del Cares como «espectacular, pero peligroso» y advierte de que no hay que perder la perspectiva: «Estamos caminando entre dos macizos, en una zona con abundante fauna, como cabras, que pueden provocar la caída de piedras«. Por ello, insiste en la necesidad de «concienciar» sobre el uso del casco.
El montañero señala además dos factores que agravan el riesgo actual. Por un lado, los incendios del pasado verano en los Picos de Europa han dejado una vegetación empobrecida y suelos más secos, lo que facilita el desprendimiento de rocas. Por otro, las lluvias torrenciales de la primavera han contribuido a desestabilizar aún más el terreno. «El estado actual influye muchísimo, pero no significa que haya que cerrar el Cares. Lo importante es que la gente sea consciente de a dónde va», subraya.
También llama a la prudencia Bernabé Aguirre, que considera fundamental «no alarmar a la población«. «Desde el 1 de julio han hecho la Ruta del Cares unas 35.000 personas sin incidentes», recuerda. No obstante, admite que existen peligros inevitables. «Hay riesgos incontrolables y los desprendimientos son uno de ellos», asegura Aguirre, que insiste en que «lo esencial es acudir a la montaña con conocimiento y con las medidas de seguridad adecuadas».
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