El verano es una época de descanso y desconexión, pero para muchas parejas puede convertirse en un campo de batalla. El aumento del tiempo de convivencia, lejos de ser idílico, a menudo saca a la luz problemas latentes y genera conflictos que ponen a prueba la estabilidad de la relación. Sobre este fenómeno ha hablado la psicóloga Silvia Congost, experta en relaciones y dependencia emocional, en el programa “Herrera en COPE Cataluña”, conducido por el comunicador José Miguel Cruz. La especialista ha desgranado las claves para que las vacaciones en pareja no terminen en una crisis sentimental.
Uno de los principales focos de tensión surge al pasar de una rutina estresante y llena de actividades a disponer de todo el tiempo libre para compartir.
Acuerdos y expectativas: la base de la convivencia
Uno de los principales focos de tensión surge al pasar de una rutina estresante y llena de actividades a disponer de todo el tiempo libre para compartir. Por ello, el primer consejo de Congost es claro: “Lo primero que debemos hacer es ponernos de acuerdo en qué es lo que nos apetece hacer”. La experta subraya la importancia de alcanzar acuerdos de pareja antes de empezar, ya que los deseos contrapuestos, como el clásico dilema entre mar y montaña, pueden ser el detonante de una discusión. La clave está en la negociación y en la voluntad de complacer al otro, entendiendo que la decisión de un año puede compensarse al siguiente.
Otro aspecto fundamental es la gestión del espacio personal. Congost advierte que algunas personas “necesitan hacerlo todo juntos para así sentir que le importan a la otra persona”, pero insiste en que es vital respetar la necesidad de momentos de soledad. “Necesitamos también espacio, momentos para la reflexión”, afirma. Que uno de los dos prefiera quedarse leyendo un libro en lugar de hacer una visita turística no debe interpretarse como un desprecio, sino como una necesidad individual que debe ser respetada para mantener el equilibrio.
Las expectativas demasiado altas son otro enemigo de las vacaciones en pareja. Esperar una intimidad de película o conversaciones trascendentales a todas horas puede llevar a una profunda decepción si la realidad no cumple ese guion. La psicóloga recomienda “bajar las expectativas” e “ir abiertos a que, sea lo que sea, estará bien”. Adoptar una actitud flexible ante los imprevistos es crucial. “La vida son cambios, son imprevistos, y que cuanto más sepamos adaptarnos a todo esto que no esperamos, mucho mejor nos irá”, sentencia Congost.
No estamos en una competición, que no estamos en guerra»
Esta mentalidad de equipo es esencial para evitar que la convivencia se convierta en un pulso constante. La especialista lamenta que muchas parejas ya empiezan las vacaciones con un alto nivel de estrés, discutiendo por decisiones tan triviales como qué carretera tomar o cómo hacer la maleta. Congost es tajante al respecto y recuerda que una relación no es un campo de batalla: “No estamos en una competición, que no estamos en guerra”. Este enfoque colaborativo es fundamental para que el viaje no augure un “mal pronóstico del desenlace”.

Según la psicóloga, hay personas que, por su historia familiar, “no han aprendido a comunicar sus emociones con espontaneidad y con claridad”
Comunicación y el «tercer invitado»: el móvil
El tiempo extra juntos también pone de manifiesto la falta de comunicación. Según la psicóloga, hay personas que, por su historia familiar, “no han aprendido a comunicar sus emociones con espontaneidad y con claridad”, lo que les lleva a aislarse y generar un problema para su pareja. Esta dificultad para expresar emociones se ha visto agravada en los últimos años por un factor externo que acapara toda la atención: el teléfono móvil.
Congost alerta de que las redes sociales y los móviles se han convertido en un obstáculo para la conexión real. “Hace que escuchemos menos, que estemos menos pendiente”, explica. La escena de una persona hablando mientras la otra, con la vista fija en la pantalla, responde con un “espera un momento”, se ha vuelto demasiado común. “No nos damos cuenta, pero nos va alejando”, advierte la experta sobre el peligro de la desconexión digital en la pareja.
Si nos metemos en la cama ya con el móvil, nos vamos distanciando»
Para combatir esta distancia, la psicóloga propone establecer pactos de pareja para limitar el uso del móvil, como dejarlo en silencio durante las comidas o no utilizarlo en la cama. El objetivo es crear un vínculo más cercano y propiciar momentos de intimidad. “Si nos metemos en la cama ya con el móvil, olvidándonos de que tenemos a alguien al lado, nos vamos distanciando, sin ni siquiera ser conscientes”, afirma, señalando cómo la tecnología puede sabotear las relaciones sexuales y la conexión emocional.
Septiembre: el mes de los divorcios
Sonia Congost confirma que el aumento de divorcios y crisis de pareja después del verano no es un mito, sino una realidad constatada en su consulta. La explicación reside en que el estrés del día a día permite ignorar lo que no funciona en la relación. Sin embargo, la convivencia intensiva de las vacaciones actúa como un espejo que devuelve una imagen nítida de la realidad de la pareja.
“Cuando de repente te encuentras 24 horas al día durante varias semanas con esa persona de la que te has ido alejando durante el año, puede que la mires y digas ‘no reconozco a esta persona’”, describe la psicóloga. En ese momento de claridad forzosa, uno puede llegar a plantearse si realmente desea continuar al lado de esa persona con la que el distanciamiento emocional se ha hecho tan evidente.
Esta crisis post-vacacional puede tener dos desenlaces. En algunos casos, sirve como un catalizador para resolver conflictos, buscar ayuda profesional y reconectar con la pareja. En otros, sin embargo, la distancia se revela insalvable y la crisis confirma que la relación ha llegado a su fin. Las vacaciones, por tanto, se erigen como la prueba de fuego definitiva que puede fortalecer el vínculo o certificar su ruptura.











