La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) no da la sorpresa. La institución presidida por Kevin Warsh ha optado por mantener los tipos de interés intactos en el rango de entre el 3,5% y el 3,75% en su reunión de julio.
La Fed ha cumplido con las previsiones del mercado y ha repetido el mismo movimiento que ha efectuado en todos sus encuentros de 2026. Así, el guardián del dólar congela el precio del dinero por quinta vez consecutiva, a la espera de ver cómo evoluciona la economía estadounidense y las variables macroeconómicas de referencia.
La nivelación de las tasas llega en medio de un nuevo repunte de los precios de la energía tras el incremento de las hostilidades en Oriente Próximo. Donald Trump dio por terminado hace tres semanas el alto el fuego pactado por Washington y Teherán el pasado junio. Y tras ello se reanudaron los ataques entre EEUU e Irán.
A este repunte de las hostilidades en el golfo Pérsico hay que sumarle el bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que también ha impulsado al alza los precios del petróleo.
Desde que se reanudaron los ataques entre Estados Unidos e Irán, el crudo de Texas se ha revalorizado un 20% y ha tocado máximos de seis semanas al repuntar hasta los 88 dólares por barril. El brent, la referencia europea, ha llegado a alcanzar los 100 dólares por barril, una cota que ya había superado en el anterior rally provocado por la guerra en Irán.
Sin embargo, todavía se desconoce como afectará esta nueva escalada de los precios del crudo a la inflación y si tendrá grandes efectos o no en los precios al consumo.
Por ello, la Fed ha tenido que volver a tomar una decisión sobre su política monetaria evaluando los potenciales riesgos que afloran tras el reciente encarecimiento de la materia prima energética, sin unos datos macro que reflejen esta nueva realidad.
Las discrepancias
La decisión de mantener intacto el precio del dinero no ha sido tomada por unanimidad. Tres de los doce miembros del FOMC (Comité Federal de Mercado Abierto, por sus siglas en inglés) -Beth M. Hammack, Neel Kashkari, y Lorie K. Loganse- se han mostrado a favor de subir los tipos un cuarto de punto en este encuentro y no postergar a septiembre una posible alza en las tasas.
La institución liderada por Kevin Warsh ha justificado el mantenimiento de las tasas señalando que la actividad económica de Estados Unidos «se está expandiendo a un ritmo sólido». Así lo ha destacado en el comunicado publicado al término de su encuentro de julio, en el que también ha admitido que existe una elevada incertidumbre por la evolución del conflicto en Oriente Próximo.
En el mismo, el banco central ha admitido que la tasa de inflación sigue elevada en relación al objetivo del 2% que tiene la Reserva Federal. En este sentido, los miembros del FOMC han señalado que «garantizarán la estabilidad de los precios».
En relación al mercado laboral, la Fed considera que el aumento del empleo «ha seguido el ritmo de la población activa» y ha incidido en que la tasa de paro apenas ha variado.
Referencias macro
Las referencias con las que ha contado la institución financiera en esta cita aliviaban algo su presión para realizar una subida de los tipos de interés. La inflación en Estados Unidos cayó siete décimas en junio y se moderó hasta el 3,5% después del fuerte repunte provocado por el shock energético en la primera etapa del conflicto en Irán.
El IPC de EEUU venía de registrar tres meses de subidas consecutivas motivado por el encarecimiento de la energía. En concreto, el índice de precios al consumo pasó de situarse en el 2,4% en febrero a alcanzar el 4,2% en mayo.
En cuanto a las cifras de empleo, el mercado laboral estadounidense lanzaba un doble mensaje en su última actualización. Por un lado, la tasa de paro en EEUU lograba reducirse en una décima en junio, hasta el 4,2%.
Por otro, el mercado laboral emitía señales de desaceleración en cuanto al ritmo de creación de puestos de trabajo. La mayor economía del mundo generó en el sexto mes del año 57.000 empleos, menos de la mitad de los 172.000 que generó un mes antes, en mayo y también por debajo de los 115.000 de abril y los 178.000 de marzo.

La Fed ha tenido que lidiar en sus últimas tres reuniones con estas guías, además de prestar especial atención a la inflación y a la evolución de los riesgos geopolíticos y sus implicaciones para la economía estadounidense.
En dichos encuentros, la decisión siempre ha sido la misma: mantener los tipos de interés intactos. De hecho las tasas llevan congeladas en el rango de entre el 3,5% y el 3,75% desde la reunión de diciembre de 2024, la última en la que se tocó la política monetaria y en la que la Fed optó por bajar los tipos 25 puntos básicos, rematando el ciclo de bajadas que comenzó en septiembre de 2025.
Ni la llegada de Kevin Warsh a la institución tras el final del mandato de Powell, ni las presiones de Donald Trump para relajar las tasas han cambiado el rumbo de la Fed. Aunque el contexto geopolítico sí que ha hecho actualizar sus previsiones.
De hecho, este fue el principal anuncio que se extrajo del último encuentro del banco central estadounidense. En la reunión del pasado junio, que sí que contó con dot plot o diagrama de puntos, los miembros del FOMChicieron un significativo cambio en sus pronósticos.
Cambios en las previsiones
La Reserva Federal pasó de prever una bajada de 25 puntos básicos en los tipos de interés para lo que restaba de año a pronosticar un alza de 25 puntos básicos en las tasas antes de que acabe 2026.
Dicho encuentro fue también el primero que presidió Kevin Warsh. El estreno del nuevo guardián del dólar trajo consigo un cambio en la política de comunicación de la institución monetaria.
Warsh pretende imponer un estilo más hermético y centrado en los datos, esquivando cualquier declaración que de pistas al mercado sobre los próximos movimientos de la Reserva Federal.
En este sentido, y como ya se vio en la anterior reunión del banco central, el comunicado emitido al término de la misma ha sido considerablemente más escueto que lo que solía ser cuando Jerome Powell lideraba la institución financiera.
Sin embargo, esta brevedad no se ha trasladado de pleno a la rueda de prensa posterior a la emisión del comunicado. En ella, Warsh ha dejado claro que la Fed no dudará en actuar «cuando sea necesario y apropiado», aunque ha vuelto a enfatizar en la «impresionante resiliencia» que está demostrado la economía estadounidense.
El presidente del banco central ha afirmado que el Comité logrará la estabilidad en los precios al consumo y ha incidido en que «no hay un objetivo de inflación flexible», aludiendo al horizonte del 2% que impera como meta para la institución monetaria.
Así, Warsh ha dicho que «no se puede descartar una subida de tipos en septiembre», aunque ha vuelto a aludir a su nueva política de comunicación: «La declaración de hoy no consiste en hacer pronósticos», remarcaba.
A su forma de ver, la orientación prospectiva ha desaparecido en esta ‘nueva era’ y el mercado se adapta a ella basándose en datos en lugar de en declaraciones de la Fed. Un nuevo estilo que también pretende dejar de situar a la institución monetaria en el centro del mapa y que supone «un cambio para mejor» a ojos de Kevin Warsh.










