El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dio por hecho que la transición venezolana comienza el 1 de agosto cuando se instale la mesa de negociaciones entre el jefe de la Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, hermano de la «presidenta encargada» Delcy Rodríguez, y un sector de la oposición que encabeza Dinorah Figuera y reclama la vigencia de la legislatura disuelta en 2020. Rubio dijo que María Corina Machado será parte «importante» del proceso. Sin embargo, la Premio Nobel de la Paz hizo saber que no forma parte de esas conversaciones. «Miembros de la Asamblea Nacional de 2015 y representantes del régimen han anunciado la creación de un mecanismo de cuyo diseño, construcción y funcionamiento, no participamos; por lo tanto, no nos corresponde explicar sus alcances ni sus decisiones». La líder opositora se comprometió no obstante a no entorpecer la etapa que se abre en pocos días.
Machado suscribió un documento junto con Edmundo González Urrutia, cuya victoria en las urnas en julio de 2024 frente a Nicolás Maduro reivindicó la oposición. Desde la operación militar norteamericana del pasado 3 de enero que desplazó a Maduro del poder, Machado y Urrutia perdieron el carácter de interlocutores privilegiados de Rubio y la administración de Donal Trump, que ha privilegiado sostener a Rodríguez por su condición de garante de los negocios del capital norteamericano en los hidrocarburos y la minería, especialmente.
La mesa de diálogo que conformaron Rodríguez y Figuera sorprendió a Machado. Semanas antes había reclamado lo mismo desde Panamá acompañada de dirigentes de la Plataforma de Unidad Democrática (PUD). «Quienes lo impulsan deben informarle al país sus objetivos, su método y su cronograma», ha pedido la líder opositora en la antesala del inició de las negociaciones bilaterales de las que ha sido excluida.
Machado reivindicó la necesidad de nuevas elecciones en el menor tiempo posible. «Para eso hemos luchado desde hace muchos años». Recordó al respecto que en el reciente Manifiesto de Panamá «planteamos la necesidad de avanzar en la liberación total de los presos políticos, el retorno incondicional de los exiliados, la creación de un ambiente de paz y libertad y la consolidación del Gran Acuerdo Nacional para la Reconstrucción de la República». Esa hoja de ruta «convoca a toda la sociedad venezolana a avanzar en una transición con la gente».
Machado y González Urrutia remarcaron que en esta nueva instancia «no seremos obstáculo a ninguna iniciativa que produzca avances reales». Las mismas serán evaluadas según sus «logros concretos y verificables», y estos son «la recuperación de las instituciones democráticas, la liberación de todos los presos políticos, garantías reales para todos los actores sin exclusiones, un cronograma electoral presidencial oportuno, y el pleno respeto a la Soberanía Popular». Para esos dirigentes «eso es lo que exige nuestra gente y es a eso a lo que estaremos atentos».
Tras el doble terremoto que provocó la muerte de más de 5000 venezolanos, Machado intentó regresar a su país y atribuyó la imposibilidad a las actuales autoridades. Se supo de inmediato que Washington no veía con buenos ojos su presencia en medio del desastre. El principal motivo quedó en claro al anunciarse formalmente el comienzo de las negociaciones entre el «rodriguismo» y un sector de la oposición del que ella no forma parte. En el documento suscrito con el exdiplomático se comprometieron a volver a Venezuela, aunque sin fecha precisa. Aseguraron a la vez que para la reconstrucción de un país devastado «hace falta un gobierno nuevo con autoridad moral y capacidad gerencial; que responda a la gente, que garantice la libertad y la dignidad y que le devuelva a la República todas sus instituciones». Y para eso se necesita un «Gran Acuerdo Nacional».
Las negociaciones previas
El paso al costado de Machado muestra a los analistas hasta qué punto EEUU ha diseñado la salida del madurismo con la certeza de que no se pueden repetir las frustradas negociaciones de otros años. Para el politólogo Piero Trepiccione el papel que intenta desempeñar Rubio será capital.»Ese rol de tutelaje que tiene Washington en este momento, se diferencia 180 grados, conversaciones y negociaciones con respecto a procesos anteriores que causaron mucha mucha decepción en la población venezolana», dijo al portal Efecto Cocuyo.
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