Todo regresa

Hacer una visita guiada a Auschwitz-Birkenau es asomarse a un retrato preciso de la crueldad de la que es capaz el ser humano. Pero el horror no empezó allí. Empezó mucho antes, cuando acorralaron a los judíos en el gueto, cuando los seleccionaban en lo que hoy se conoce como la plaza de las sillas, decidiendo en un instante quién marchaba hacia los campos de concentración y quién, por un margen mínimo de suerte, se quedaba un día más con vida. El Holocausto fue, hasta ahora, la peor representación de lo que somos capaces de hacernos los unos a los otros.

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