La archidiócesis de Madrid ha presentado el proyecto pastoral para el curso 2026/2027, invitando a toda la comunidad diocesana a caminar unidos y transformar la experiencia vivida durante la visita de León XIV en un camino de fe, comunión y esperanza.
Bajo el lema ‘Alcemos juntos la mirada’, el nuevo curso expresa cuatro dimensiones del camino pastoral.
En primer lugar, alzar juntos la mirada hacia Cristo, «que continúa guiando a la Iglesia y sosteniendo la esperanza. También hacia la propia diócesis, para reconocer la acción del Espíritu, fortalecer la comunión y crecer en corresponsabilidad», sostiene la archidiócesis de Madrid en la nota de prensa.
En segundo lugar, el proyecto pastoral invita a mirar a una ciudad y unos pueblos “plurales, complejos y llenos de oportunidades para el Evangelio, donde muchas personas buscan sentido, vínculos verdaderos y motivos para esperar”. En este sentido, se hace una llamada a dirigir la mirada hacia quienes viven “en las periferias existenciales y sociales, hacia quienes sufren la pobreza, la soledad o la exclusión”.
En tercer lugar, el próximo curso nace como un deseo compartido de “responder juntos a la llamada del Señor y seguir configurando una Iglesia que anuncie el Evangelio con alegría, construya comunidades vivas y acompañe la vida de las personas”.
Por último, el proyecto plantea el reto de dar continuidad “al proceso de discernimiento que la diócesis viene desarrollando durante los últimos años y de acoger las orientaciones confirmadas por el Santo Padre con su presencia y su magisterio”.
Una asamblea de jóvenes en febrero
Los jóvenes serán protagonistas en el nuevo curso de la archidiócesis de Madrid, al ser protagonistas de la misión de la Iglesia, tal y como destacó León XIV durante su visita a la capital de España el pasado mes de junio.
De ahí que la Iglesia madrileña convocará una Asamblea Diocesana de Jóvenes, que se celebrará del 19 al 21 de febrero de 2027, como un espacio amplio de escucha, discernimiento y participación.
“Su preparación comenzará con un conocimiento más profundo de la realidad juvenil de nuestra diócesis, favoreciendo que los propios jóvenes expresen sus búsquedas, esperanzas y desafíos”.
Beatificaciones de mártires el 28 de noviembre
Otro de los momentos más importantes del próximo curso pastoral tendrá lugar el próximo 28 de noviembre, cuando se celebrará en la Catedral de la Almudena la beatificación del seminarista Ignacio Aláez Vaquero y otros diez compañeros y familiares mártires, asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa que vivió España en la década de los años treinta.
Una ceremonia en la que se implicarán seminaristas, jóvenes, parroquias, movimientos y comunidades. Y es que será una oportunidad para “presentar la vocación cristiana como una llamada a entregar la vida, fortalecer la pastoral vocacional y renovar la esperanza de nuestras comunidades”.
El martirio de los seminaristas
El 18 de julio de 1936 se celebraba en el Seminario de Madrid un retiro para los seminaristas. La actividad formativa normal había sido suspendida por el inicio de la Guerra Civil, y la mayoría se había ido a sus casas de vacaciones.
Predicaba el retiro el párroco de San Sebastián, de Carabanchel Bajo, Hermógenes Vicente, que también iba a ser mártir. Le acompañaban el rector, Rafael García Tuñón; el director espiritual del Seminario, José María García Lahiguera; y el director espiritual del seminario menor, Hermenegildo López. Aunque no haya datos concluyentes, se presume que, por el hecho de vivir en el centro de Madrid, en el retiro estaban el propio Aláez, Antonio Moralejo, Cástor o Jesús Sánchez.
Mientras están comiendo, un grupo de milicianos armados asaltan el edificio. El portero avisa a los ejercitantes, quienes acuden a la capilla para consumir las sagradas formas y, vestidos de paisano, huyen por la puerta de la huerta.
A partir de entonces, los 215 jóvenes seminaristas sufrirán a su manera la persecución y el martirio. Quedan unidos al seminario tan solo por los archivos en los que constan sus expedientes con sus direcciones, que son utilizados para localizarlos y darles muerte.
El seminario queda clausurado y en sus instalaciones se instala una checa y después una cárcel. La mayoría de los mártires de esta causa mueren entre septiembre y noviembre de 1936, buscados expresamente o por delación debido a su condición cristiana, a excepción de Cástor Zarco, que fue asesinado un año después.














