Si existen dos certezas casi irrebatibles en España, una sería que nos gusta mucho el fútbol y otra que nos encanta la fiesta. Es más, resulta que hay veces, y no son pocas últimamente, que ambas confluyen, dando lugar a lo que vendría a ser un matrimonio bien avenido, y más cuando el logro es de una dimensión de tal calado como un Mundial. Se ganó el Mundial en Nueva York y se celebró en Madrid ni 24 horas después, pero lo festejó el país entero. Lo vieron de cerca los miles que se congregaron este lunes en la plaza de Cibeles, pero lo sintieron de la misma manera los millones que lo vieron a través de la televisión. Lo que hasta hace no tanto parecía inalcanzable ahora es una realidad, y por partida doble, y la celebración tenía que estar a la altura.
Al ritmo del ‘Superestrella’ de Aitana, la canción fetiche de la nueva generación de campeones del mundo, y del «argentino el que no bote», Madrid vibró con los Rodri, Lamine, Nico, Cubarsí y compañía. Esa selección cargada de simbolismo, representante de la nueva España, que ha encajado como un guante con el país a base de lo único que vale en el fútbol, las victorias. Y que celebra como juega, de forma desacomplejada y elevando el disfrute del conjunto del grupo por encima de todo.
Un magnestismo con el que reunieron a más de dos millones de personas por las calles de Madrid, y a más de 120.000, según datos de la Delegación del Gobierno, en Cibeles, destino y colofón de un fiestón que los presentes tardarán en olvidar. Seguramente, nunca lo hagan. No lo hara, seguro, Mikel Merino, recibido como un auténtico héroe tras sus dos dos goles vitales ante Portugal y Bélgica. Ni un Baena, al que todo Madrid le cantó el cumpleaños más feliz de su vida.
Ni, por supuesto, al Rodri más «on fire» y emocionado, capitán y lider de una generación ya inmortal. «¡Parecía que habíamos ganado la copa Coca Cola, pero hemos ganado la Copa del Mundo!», reivindicó. «¿Y cuántas tenemos? Estos chavales que están aquí son la hostia y no sé que más decir», dijo, antes de darle su espacio al nuevo héroe de España.
«Me gustaría acordarme de una persona muy importante para mí, de un jugador que ha sido injustamente criticado y que hoy es historia del fútbol español», expresó sobre Ferran, un tiburón heredero de Iniesta en los corazones de un país al que le han salido aletas tras su gol.
Visita a la Zarzuela y Moncloa
Antes, al grito de «campeones», habían recorrido Madrid, visita incluida a la Familia Real en el Palacio de la Zarzuela y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Moncloa. Y luego, al autobús descapotable, para realizar un recorrido por unas calles abarrotadas de gente eufórica por el triunfo.
La familia real junto a la Selección Española de fútbol tras proclamarse vencedora del Mundial. / José Oliva / Europa Press
Desde Moncloa hasta la calle Montalbán, pasando por Princesa, Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta, Génova, Jorge Juan, Goya, Serrano, Plaza de la Independencia, Puerta de Alcalá y Alfonso XII hasta desembocar en Cibeles, convertida en una discoteca gigante al aire libre donde se desató la fiesta.
«Los mejores futbolistas del mundo»
Aitana, Lola Indigo, Viva Suecia, Arde Bogotá, Ana Mena… El cartel, digno de un festival de los de ahora, auguraba ya que no iba a ser una fiesta más. Y los futbolistas pusieron el resto, entregándose a la causa desde que montaron en el autobús.
Ahí mandó Borja Iglesias, mesa de DJ mediante, y se volvieron a repetir escenas que ya empiezan a resultar habituales en el imaginario colestivo de los españoles. Como las de Lamine y Nico, uña y carne de nuevo, bailando a la par. Como el seleccionador De la Fuente, desatado en el camino hasta el punto de dejarle a Pedri darle un beso en la cabeza. La ocasión, en este caso más que nunca, la pintaban calva.
Como lo era para acabar siendo manteado, horas después, por sus jugadores mientras cantaba ‘Quijote’ de Julio Iglesias. Y que, después del jolgorio, tuvo tiempo para el sosiego a la hora de valorar a sus chicos y a todos los que han acompañado a la selección en el último mes y medio.
«Gracias España por apoyarnos, por estar aquí. Tenemos la suerte de contar con 26 fantásticas personas que son fantásticos futbolistas, los mejores del mundo. Es un honor dirigirles y compartir este momento con mi cuerpo técnico. Juntos somos más fuertes, no lo olvidéis. Viva España», dijo el seleccionador, antes de que Rodri y Baena pusiera el broche de oro recordando a María Caamaño, la niña de 12 años que falleció en abril tras una lucha incansable contra el cáncer, y que ha sido el símbolo de una selección campeona.
Fuente: El Periódico de España















