Entre el 3 y el 15% de las mujeres de todo el mundo sufren una enfermedad que apenas se comprende. Millones de niñas, adolescentes y adultas de todo el globo han recibido en algún momento de su vida un diagnóstico de síndrome del ovario poliquístico (SOP) y, con ello, entendieron que sufrían una afección que afectaba principalmente a su sistema reproductor. Pero, según han demostrado muchos estudios, esta patología va mucho más allá de los ovarios y, de hecho, tiene afectaciones metabólicas y endocrinas tanto o más relevantes que la ginecológica. De ahí que hace unos meses, tal y como anunció la revista ‘The Lancet’, la comunidad científica pactó cambiar su nombre a síndrome ovárico poliendocrino metabólico (SOMP) para reflejar mejor la complejidad de esta enfermedad. Muestra de ello, los resultados de un nuevo estudio en el que se demuestra que quienes sufren este mal tienen más riesgo de sufrir problemas de corazón como, por ejemplo, la enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Esta afección, que afecta a millones de mujeres, tiene un impacto significativo en la salud metabólica y cardiovascular
El trabajo, publicado este lunes en la revista ‘The Lancet Obstetrics, Gynaecology, & Women’s Health’, recoge el análisis de los datos clínicos de más de 400.000 mujeres entre 18 y 50 años de Estados Unidos con diagnóstico de síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP). Según explican los autores de esta investigación, tras analizar toda esta información se demostró que quienes sufren este mal presentan con más frecuencia factores de riesgo cardiovascular como, por ejemplo, diabetes, dislipidemia, obesidad o hipertensión y, además, también tienen más riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Entre las patologías señaladas destaca una elevada prevalencia de la enfermedad cardiovascular ateroesclerótica, que se caracteriza por un engrosamiento y endurecimiento progresivos de las paredes interiores de las arterias y que, a su vez, aumenta la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares como infartos, anginas de pecho o ictus.
Los expertos subrayan la necesidad de mejorar la evaluación de las pacientes y formar a profesionales sanitarios sobre los ‘efectos ocultos’ de esta enfermedad
Uno de los resultados más llamativos del estudio es que demuestra que el síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) aumenta el riesgo de sufrir problemas de corazón incluso en mujeres sin factores de riesgo como podrían ser la obesidad, diabetes, hipertensión o colesterol. Y esto, afirman los expertos, indica la necesidad de seguir estudiando qué otras alteraciones produce esta afección y, sobre todo, si existen otros mecanismos hasta ahora desconocidos vinculados con este mal como es el caso de alteraciones persistentes de la señalización hormonal, resistencia a al insulina, inflamación sistémica, alteración del funcionamiento interno de los vasos sanguíneos y otros cambios metabólicos. «Estos resultados vuelven a poner el foco en la necesidad tanto de formar a los profesionales sanitarios como de empoderar a las pacientes en materia de prevención«, comenta Cristina Carrasco, investigadora del departamento de Fisiología en la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Extremadura en declaraciones al Science Media Center España.
Estos resultados vuelven a poner el foco en la necesidad tanto de formar a los profesionales sanitarios como de empoderar a las pacientes en materia de prevención
El estudio refuerza la necesidad de que el diagnóstico de este síndrome no debería abordarse únicamente como un problema ginecológico sino como una alteración con posibles implicaciones metabólicas y cardiovasculares. De ahí que, según recalca este trabajo, desde las primeras etapas tras el diagnóstico sería recomendable realizar una evaluación integral que incluya aspectos como el peso y la composición corporal, la presión arterial, los niveles de glucosa y la resistencia a la insulina, el perfil lipídico, los hábitos de ejercicio y alimentación, así como los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular. Los expertos también afirman la prevención debe centrarse en reducir los factores de riesgo mediante un estilo de vida saludable, con especial atención al mantenimiento de un peso adecuado, la práctica regular de actividad física, una alimentación equilibrada y la detección precoz de posibles alteraciones metabólicas que puedan aumentar el riesgo cardiovascular a largo plazo.
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