«Fin de un sueño. Argentina resistió hasta donde pudo«. El título del diario La Nación reflejó de manera elocuente el estado de ánimo de un país. La ilusión del bicampeonato mundial se disolvió en la fría noche invernal, entre la garúa y un frío que calaba los huesos. Así y todo, centenares de personas quisieron reunirse en el emblemático Obelisco, a un kilómetro de la sede presidencial, para reafirmar su condición de incondicionales de un equipo que llegó a la instancia final por cuarta vez en la historia de los mundiales: Uruguay 1930, Italia 1990, Brasil 2014 y esta noche Estados Unidos.
«Cada día te quiero más», gritaban en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Un coro sentido pero pequeño. Faltaron los bombos y los cláxones, la pirotecnia y la cerveza, los abrazos, los bailes y los saltos. El carnaval de la victoria se trasladó a España y millones de argentinos prefirieron quedarse en sus casas con el trago amargo en la garganta. La tristeza no ocultó el crudo realismo: Argentina nunca pudo superar a su rival y solo un milagro habría podido quitarle de las manos la copa. Los medios de prensa reconocieron la superioridad de la «roja» que convirtió al «Dibu» Martínez, el portero argentino, en el héroe de un conjunto en todo momento sobrepasado.
«Me duele en el alma, lo siento», dijo el entrenador, Lionel Scaloni, como si sus jugadores hubiera cometido una falta imperdonable. En sus palabras resonó una despedida. Una imagen resume las emociones que rodearon a la final. Messi rompió en llanto tras la entrega de medallas por el segundo puesto y mientras la tribuna le dedicaba canciones de aliento que se repitieron en los espacios públicos capitalinos donde se vio el partido en una pantalla gigante. Esos mismos cantos se escucharon en las casas que reunieron amigos y familiares. Muchos pensaban salir a festejar. La mayoría no quiso traspasar la puerta. Se repitió hasta el cansancio una sentencia conocida para los amantes del fútbol: los segundos puestos no se celebran.
«Muchas gracias Jugadores…!!! Hasta el final con las botas puestas. Argentina siempre en lo alto», escribió en X el ultraderechista Javier Milei. El presidente argentino había tenido un traspié político cuando días atrás censuró la actitud de los jugadores por exhibir una sábana pintada con una reivindicación de la soberanía de las islas Malvinas, en poder británico. «Hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando», le respondió Messi, con un inusual atrevimiento. Habló bajo, fiel a su estilo, no solo en defensa de ese gesto «malvinense» inesperado sino del tenor de la alegría del pasado miércoles. El júbilo, sin embargo, no pudo extenderse este domingo. El Gobierno iba a decretar feriado nacional. Se había incluso propuesto cederle a los jugadores la sede del Ejecutivo para que hicieran de maestros de ceremonia de una fiesta interminable. El golpe de realidad obligó a modificar la agenda. Nadie sabía en lo noche triste si los jugadores viajarían a Buenos Aires.
Las declaraciones de amor a los colores y el equipo se confundieron con los llantos, y los llantos con esas gotas amargas que cayeron del cielo. Con el correr de los minutos, las multitudes prefirieron el silencio. No solo porque promesa de «la cuarta (copa) « no se cumplió sino debido al hecho incontrastable de que en Estados Unidos se ha cerrado un ciclo. Scaloni fue claro: «Cumpliré mi contrato y después veré. Siento la necesidad de pensar. No sé si voy a poder hacer algo tan grande como esto, a lo mejor habrá que verlo. Le agradezco al presidente (de la Federación) por la oportunidad, por haberme dado el lugar. Este lugar es maravilloso, maravilloso, un lugar soñado, que en mi vida pensamos con el cuerpo técnico que íbamos a estar. Para seguir, se necesitan un montón de cosas: volver a formar un grupo como éste, que difícilmente se vuelva a forma». Pero el dolor es más hondo en lo que respecta al ídolo mayor. Messi en los hechos se despide del seleccionado. Podrá haber un partido homenaje en Buenos Aires. Será la despedida de un largo ciclo de alegrías. En esta fría noche se ha iniciado el duelo nacional.
Suscríbete para seguir leyendo















