La Agencia Estatal de Meteorología prevé que a partir de este martes España vuelva a soportar una nueva ola de calor en este verano en el que en la Costa Blanca vamos empalmando una tras otra. Como todos los meses de julio también nos han vuelto a advertir que esto del calor ha venido para quedarse e, incluso, que vayamos haciéndonos a la idea de que a partir de 2040 (quién sabe donde estarermos) la provincia de Alicante empezará a perder vsitantes por ese confort térmico que habrá desaparecido.
¿Nos lo creemos?. ¿Un turista de Manchester, de Madrid, de Bilbao o Toledo dejará Benidorm para irse a Helsinki a pagar 200 euros la noche y 20 por la caña de cerveza? Sinceramente cuesta creerlo debido a la excelente relación calidad/precio y la infrestructura de alojamiento forjada en los últimos 50 años pero, por supuesto, algo hay que mejorar.
Como todos los meses de julio nos vuelven a advertir que esto del bochorno ha venido para quedarse e, incluso, que vayamos haciéndonos a la idea de que a partir de 2040 la Costa Blanca empezará a perder turistas
Pero hoy, enfilando ya la recta final del primer mes de la temporada alta, más nos debiera preocupar el descontrol de la energía y de las materias primas provocado por las invasiones de Ucrania y Gaza y la guerra de Trump contra Irán, que han disparado en los últimos meses los precios y provocado una importante pérdida del poder adquisitivo de los turistas que, en consecuencia, reducen sus presupuestos para gastar. Por ejemplo, el 70% de los ingleses ha suprimido el dinero que consumían comiendo en restaurantes, y un 60% asegura que reducirá este año su gasto en ropa. Y al final, por mucho que en la Costa Blanca estén como en casa, e incluso les salga la vida más barata en verano, que encendiendo el aire acondicionado (los que lo tienen en su casa) a todos nos cuesta mucho más llegar a final de mes. Eso es lo que nos debe preocupar.
Y sí, por supuesto que el calor del que tanto nos quejamos todos los veranos genera pérdida de confort térmico y efectos sobre la salud humana. Hace unos años una investigación de los profesores David Martín y Jorge Olcina ya demostró la estrecha relación existente entre el aumento de afecciones cerebrovasculares con ocasión de la llegada de aire sahariano a la provincia de Alicante. Impresiones ratificadas hace ahora por el Instituto de Salud Global de Barcelona, que resalta la afección que los extremos térmicos van a tener en España debido al cambio climatico y en especial la subida de las temperaturas, que multiplicará las muertes en las próximas décadas.
Es una consecuencia más de los efectos del calentamiento global que se están manifestando de forma evidente en Alicante desde el año 2000. Desde que comenzó este siglo muere anualmente más gente por calor que por frío en el mundo. De ahí que la Administración, la misma que día a día nos bombardea con mensajes pidiendo mesura ambiental y hasta excentricidades como que sustituyamos el chuletón por el mijo en nuestra dieta, poco o nada ha avanzado el sistema de gestión de residuos y reciclaje en los últimos 20 años.
Zonas de sombra y más arbolado en las ciudades, tanques de almacenamiento de agua, parques inundables –en Playa de San Juan de Alicante tenemos uno de los primeros de España– para retener riadas, diques costeros o, sencillamente, la no renovación de algunas concesiones en la primera línea del mar y, por supuesto, la garantía de abastecimiento de agua, uno de los problemas capitales en la provincia de Alicante, tanto para el abastecimiento urbano como para la agricultura. De momento, para esto último, el Gobierno central lo único que hace es poner palos en las ruedas del carro por esa obsesión de sustituir el agua de los trasvases por la desalada.
La buena relación calidad-precio y una infraestructura de alojamiento labrada en los últimos 50 años blindan al sector turístico
Es cierto que el cambio climático va a provocar también, entre tantas cosas, la formación de más situaciones de gota fría sobre el Mediterráneo y que ocurran con más virulencia que hace unas década. De hecho, desde 1980, el número de danas ha aumentado un 20% en el Mediterráneo. En cualquier época del año se pueden producir, como lo demostró la trágica riada de Valencia. Ya no es un fenómeno limitado al final del verano o el otoño. Para ello es clave la temperatura del agua del mar, que ha subido 1,4 grados desde 1982 frente a las costas de la provincia. Cambia la forma de llover. Llueve menos, pero de forma más intensa.
Pero… ¿es posible que esta crisis climatica acabe con los turistas? Muchas cosas han cambiado desde que a principios de los años 70 del siglo XX un grupo de emprendedores, apoyados por los turoperadores, se lanzara en Benidorm a la transformación de bancales en hoteles para crear la Florida europea. Desde entonces solo el covid consiguió detener al sector. Aunque se remontó, y esté más que demostrado que en la provincia de Alicante sabemos hacer un turismo de calidad, el sector debe estar siempre en alerta, y no solo por el calor, pues afrontamos este buen verano con la incertidumbre de saber cuál sera, por ejemplo, el comportamiento de los turistas ingleses el próximo otoño.
Zonas de sombra y más arbolado en las ciudades, tanques de almacenamiento de agua, parques inundables para retener riadas, diques costeros y, por supuesto, la garantía de abastecimiento de agua, son algunas de la soluciones
Algunos de los buenos ratos que me ha regalado mi trabajo pulsando la actualidad turística llegaron al sentarme con un café, una cerveza o, simplemente, una botella de agua frente a José María Caballé. El hotelero es uno de los pioneros del desarrollo turístico de la Costa Blanca y Benidorm, y de cualquier conversación con él, por corta que sea, se aprende. El presidente de la cadena Servigroup llegó a estas tierras, como tantos españoles, buscando un futuro, y nunca olvida esa primera mañana del otoño de 1969 en la que se despertó en Benidorm. Subió la persiana del apartamento en el que había pernoctado, y se topó de bruces con esa luz imponente de las que pocas ciudades europeas pueden presumir. Esa mañana decidió quedarse para siempre y con sus socios comenzó algo así como «la conquista de oeste», contribuyendo a levantar el municipio turístico más popular de Europa: Benidorm. Esa ciudad en la que cabe todo el mundo y, por supuesto, los turistas se sienten como en casa. En los últimos 50 años los turistas solo dejaron de venir cuando así lo obligaron las restricciones impuestas frente al covid.
De ahí que uno no entiende, por ejemplo, que se demonice a un turista sin el que, por ejemplo, el aeropuerto no sería esa “fábrica” en la que trabajan tres mil personas, con buenos y malos turnos pero sacándose un jornal. Lo digo por esos discursos tiznados de turismofobia. De la memoria no se ha borrado, por ejemplo, aquel mensaje que lanzó hace ya unos años alguna mente privilegiada de las que entonces estaba en el Consell cuando a pocas semanas para la Semana Santa se le ocurrió lanzar una campaña en la mismísima Comunidad de Madrid invitando a los madrileños a quedarse en casa y no pisar la playa de San Juan, Benidorm o Torreveja (como lo leen). Menos mal que la realidad y el sentido común al final suelen imponerse al politiqueo barato. En la provincia de Alicante nunca ha sobrado nadie, ni siquiera aquellos que nos niegan el agua, de actualidad permanente y básica para el turismo.
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