El mundo a sus pies. O en sus pies, porque el fútbol es tan plebeyo que se gana a patadas. Ha vencido en la final del Mundial el único equipo digno de tal nombre. Antonio Díaz Miguel, el patriarca de los triunfos de selecciones españolas en la era contemporánea, siempre recordaba que la medalla de plata se obtiene perdiendo. España descarga por tanto sobre Argentina una desilusión mayúscula, imborrable. A lo largo del torneo, De la Fuente y sus muchachos han jubilado a Ronaldo, Courtois, Mbappé y Messi.
Los argentinos debieron ser eliminados por Cabo Verde o Egipto. Estos trances determinaron su nulidad ofensiva, que se hizo precisamente ofensiva en otro sentido ante España. Los discípulos de Scaloni reservaron la agresividad para un sublime repertorio de patadas a los rivales. El mérito de España se proyecta más allá del resultado casi inevitable tras la expulsión de Enzo Fernández.
Los españoles ganaron porque no se dejaron traicionar por los nervios, ni por la búsqueda estéril de la perfección frente a la violencia argentina. Los perdedores no dispararon a puerta en una sola ocasión y debieron finalizar la prórroga con siete jugadores. Las intervenciones celestiales de su portero están más ligadas a un punto de nerviosismo de los atacantes.
La victoria española mantiene viva la incógnita sobre el rendimiento de Lamine Yamal, que casi se estrena a los cinco minutos de la final pero que se despide sin haber obtenido una diana. En realidad, quienes acentúan la sequía goleadora del barcelonista se parecen a Fernando Alonso, el único conductor del mundo que se quejaba de las prestaciones de su Ferrari. La pregunta elemental plantea si los críticos preferirían ver a Lamine alineado en el equipo contrario.
Por conceder el beneficio de la duda a los derrotados, España funcionaba con arremetidas sin puntería mientras que Argentina se mantenía al acecho, se dejaba dominar como un felino que escrutaba al explorador con ánimo de devorarlo. Messi y sus compañeros apostaron por los lanzamientos de penaltis desde antes del pitido inicial, alimentando la ficción de una falsa inferioridad.
España ha deslumbrado en el Mundial con criterios elementales de comunidad, solidaridad, apoyo y cobertura. Por lo visto, estos valores se refugian exclusivamente en la parcela deportiva, sin ninguna expectativa de trasladarlos por ejemplo a la actividad política. Cabe esperar que extrajera alguna enseñanza el ejército de cargos públicos españoles aterrizados en la final de Nueva Jersey.
Había más jerarcas españoles en el palco que futbolistas de la misma adscripción sobre el terreno de juego. Un primer recuento incluye a un Jefe de Estado, su esposa y sus dos hijas. Se les suma el presidente del Gobierno y nada menos que cuatro ministros. Carlos Cuerpo y Óscar Puente procedieron al descubrimiento de América con la ambición depositada en la sucesión de PedroSánchez. La presencia de Grande Marlaska desmiente su titulación de ministro de Interior. En cuanto a Milagros Tolón, no se preocupe si lo ignora todo sobre ella. La titular de Educación y Deportes, la única integrante de la expedición cuya presencia en el final era inexcusable, es una perfecta desconocida para el noventa por ciento de españoles según el CIS.
El gol agónico del reserva Ferran Torres confirma un triunfo basado en la modestia, sin necesidad de figurones avejentados. La diana ahondaba en la brecha abierta durante dos horas por sus compañeros. El ganador del Mundial no es un equipo de leyenda, le basta con haber ingresado en la historia.
Fuente: Diario de Mallorca













