Para enfriar tu casa sin aire acondicionado usa plantas de interior, reducen la temperatura de la estancia, y emplea láminas de agua en el piso, lo usan los pingüinos

Con la llegada del calor, el aire acondicionado se presenta como la primera opción para muchos. Sin embargo, su uso no siempre es una solución universal, ya que «no todo el mundo puede tener acceso y además aumenta considerablemente nuestro gasto energético», como explica el arquitecto y divulgador Eduardo de Francisco del Saz, conocido como Edu Saz en su canal de YouTube @Edu_saz. Además, el aire acondicionado puede resultar incómodo porque «reseca mucho el ambiente», y su coste es un factor a tener en cuenta, tal como analiza este informe sobre el gasto de los aparatos portátiles o los consejos de expertos para mantener el aire a 25-26 grados para no disparar la factura.

Afortunadamente, existen alternativas basadas en la arquitectura bioclimática, que no es más que la aplicación de reglas de la arquitectura tradicional y vernácula. El objetivo es alcanzar el confort térmico, que para una persona en reposo se sitúa entre 22 y 27 ºC y con una humedad relativa del 20% al 80%. Estos principios buscan regular el intercambio de energía de forma pasiva, haciendo que la propia construcción «capte, transfiera o incluso rechace energía» para lograr un interior no solo confortable, sino también saludable y con aire limpio.

El mejor lugar para encontrar formas para ahorrar energía es en los lugares donde no tenían precisamente energía»

Calor en casa

Estos principios, aplicables a cualquier tipo de vivienda, se basan en aprovechar fenómenos como la orientación solar, la ventilación cruzada o la inercia térmica. Como señala Saz, «el mejor lugar para encontrar formas para ahorrar energía es en los lugares donde no tenían precisamente energía», en referencia a las soluciones arquitectónicas tradicionales.

Proteger la casa del sol

La primera clave es gestionar la exposición al sol. En el diseño de una vivienda, esto se puede lograr buscando un terreno con árboles de hoja caduca, que dan sombra en verano y dejan pasar el sol en invierno. En cuanto a la fachada, el arquitecto desaconseja las grandes cristaleras en la zona sur en el hemisferio norte para no generar un efecto invernadero indeseado en los meses de más calor.

Para desviar la radiación solar, se pueden emplear sistemas como lamas horizontales o verticales, voladizos en el forjado superior que protejan las ventanas, o porches. Estos elementos se han ido incorporando a los edificios de viviendas, evitando la proliferación de toldos, que «a veces es verdad que son bastante poco estéticos».

De nada te va a servir tener un buen aislamiento en la fachada si se te está colando el frío o el calor por la ventana»

Chica con calor en casa abanicándose

Canva

Chica con calor en casa abanicándose

Un punto fundamental es el aislamiento térmico. Las viviendas construidas antes de la entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación (CTE) en 2006 pueden no tener el mejor aislamiento. Sin embargo, Saz recuerda que existen soluciones para aislar la fachada por el exterior, el interior o inyectando material en la cámara de aire.

Ventilación, inercia y el error a evitar

La ventilación natural es una de las «mejores formas de enfriar una casa sin electricidad». El sistema más común es la ventilación cruzada, que consiste en tener ventanas en fachadas opuestas para que el aire entre y salga, evitando que el calor se estanque y reduciendo así la necesidad de usar equipos de climatización.

Para favorecerla, Saz recomienda optar por ventanas de hojas abatibles en lugar de correderas, ya que «vamos a duplicar el porcentaje de ventilación» y sellan mucho mejor. El arquitecto es tajante sobre la calidad de las ventanas: «de nada te va a servir tener un buen aislamiento en la fachada si se te está colando el frío o el calor por el propio cristal de la ventana». Unas ventanas de mala calidad o mal instaladas pueden generar un puente térmico que anule las ventajas del aislamiento.

Otro concepto clave es la inercia térmica, la capacidad de los materiales para almacenar y liberar calor. Saz lo ilustra con el ejemplo de las iglesias o edificios antiguos con grandes muros de piedra, que se mantienen frescos en verano. Una vivienda de uso esporádico, como una casa de fin de semana, debería tener baja inercia térmica (con materiales como la madera) para calentarse rápido, mientras que una residencia permanente se beneficia de una alta inercia térmica para mantener una temperatura estable todo el año.

Agua, plantas y otros trucos naturales

Otras estrategias sencillas incluyen el uso de colores claros en fachadas y cubiertas para reflejar el sol. También se puede aprovechar el efecto chimenea, que se basa en que el aire caliente sube y el frío baja, creando una corriente de aire natural. Este fenómeno se puede observar en el análisis de la propagación del incendio de Campanar que el propio Saz realizó.

El agua es otro gran aliado. Una piscina o una fuente cercana a una ventana enfría el aire por evaporación. A nivel doméstico, Saz menciona los aparatos conocidos como ‘pingüinos’, que «funcionan como un ventilador con hielos delante» para enfriar el aire que mueven, un principio similar al de las láminas de agua en espacios públicos.

Finalmente, la vegetación juega un papel crucial. Los árboles en el exterior proporcionan sombra, pero en un piso se pueden tener plantas de interior, que «reducen también la temperatura de la estancia gracias a ese proceso de transpiración que hacen, de forma que absorben calor y evaporan el agua», refrescando así el ambiente.

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