La crisis de Ceuta ha vuelto a avivar el debate sobre el reto de la migración tanto como asunto geopolítico, económico y por supuesto humanitario. El conflicto ha provocado que en Europa se alce la voz para debatir sobre las posibles consecuencias que se puedan derivar. A la espera de conocer cómo avanza no solo en la UE, sino dentro de España, es necesario recordar que en el Foro Económico y Social del Mediterráneo, organizado por Prensa Ibérica con el apoyo de Fundación La Caixa, personalidades internacionales del mundo de la política, la economía y de lo social han aterrizado el debate en las diferentes ediciones con el objetivo de exponer ideas que centren el debate y aporten soluciones.
En este foro anual, que ha celebrado ya tres ediciones (Valencia en 2024, Málaga en 2025 y Barcelona en 2026), se ha tenido la oportunidad de contar con personalidades de la relevancia de Robert Kaplan, Enrico Letta, David Abulafia o Anna Applebaum.
En la primera edición del Foro, en Valencia, el historiador y periodista Robert D. Kaplan, una de las voces más interesantes del panorama, puso el foco en la evolución demográfica y en las consecuencias geopolíticas que tendrá para Europa. Según explicó, el continente experimentará un profundo cambio de identidad impulsado por el crecimiento de la población africana. Si actualmente la proporción es de aproximadamente un africano por cada europeo, dentro de unas décadas esa relación podría alcanzar los siete africanos por cada europeo. En ese contexto, el autor de libros como ‘La venganza de la geografía’ o ‘El telar del tiempo’ recordó que «todo África forma parte del concepto geopolítico del mundo mediterráneo, que empezó en los imperios romanos y griegos», por lo que ambos espacios están condenados a entenderse.
Robert Kaplan, en el I Foro Económico y Social del Mediterráneo / Fernando Bustamante
Desde una perspectiva económica, Mariana Mazzucato, profesora de Economía de la Innovación y el Valor Público en el University College London (UCL), sostuvo que los países mediterráneos siguen sin disponer de una estrategia común capaz de afrontar los grandes retos de la región. Por ello, defendió la creación de un auténtico banco público europeo de desarrollo. «No tenemos un banco de inversión público de desarrollo y tenemos una problemática de colaboración público-privada», explicó. A su juicio, esta autora de libros de gran éxito como ‘Misión economía’ o ‘El estado del emprendedor’, «sería conveniente que el Banco Europeo de Inversiones fuese el gran banco de la transición verde en Europa» y trabajara conjuntamente con las entidades nacionales de desarrollo. Además, dejó claro que «no creo en las ayudas para mantener sectores como hace Italia, sino para transformarlos».
La necesidad de que Europa vuelva a mirar hacia su frontera sur fue compartida por el historiador, político y diplomático Shlomo Ben Ami, exministro de Asuntos Exteriores de Israel y vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz. «Si Europa quiere un sur estable, tiene que prestar atención al Mediterráneo», aseguró, antes de lamentar que «los países del norte de Europa no son conscientes de que el Mediterráneo es el patio trasero del continente» y que durante demasiado tiempo la región «se ha relegado a un segundo plano».
La ciudad de Málaga acogió en 2025 la segunda edición de un proyecto en crecimiento que seguía contando con las voces más relevantes en el aspecto económico, social y académico. Uno de los ponentes más destacados fue el representante especial del secretario general de la OTAN para la Vecindad Sur, Javier Colomina. Este experto diplomático puso el foco en la seguridad de Europa en un entorno de conflictos bélicos, siempre con los ciudadanos civiles como principales víctimas. «La guerra en Ucrania, que nos preocupa muchísimo, encontrará su fin en algún momento, de una manera u otra, pero no soy capaz de ver el fin de los problemas que nos encontramos en el Sahel».
Por su parte, el catedrático de Historia del Mediterráneo de la Universidad de Cambridge, David Abulafia, reconoció la enorme complejidad del fenómeno migratorio y admitió que «nadie sabe cómo abordar el problema de la migración transmediterránea». Recordó no obstante que, aunque el Mediterráneo representa menos del 1% de la superficie marítima del planeta, ha sido durante siglos un espacio de encuentro entre civilizaciones, de migraciones, conquistas y mestizaje cultural y religioso, si bien desde el siglo XX el protagonismo de la región ha quedado eclipsado por su dimensión turística.

El catedrático de Historia del Mediterráneo en la Universidad de Cambridge, David Abulafia / Rafa Arjones
También participó el exprimer ministro italiano, Enrico Letta, que en numerosas ocasiones ha constatado que el envejecimiento de la población europea y la escasez de mano de obra hacen imprescindible una política migratoria común basada en la integración. A su juicio, la inmigración «no debe verse como una carga, sino como una oportunidad» para sostener el crecimiento económico y preservar el modelo social europeo. También defendió que la UE necesita combinar una gestión ordenada de las fronteras con vías legales de entrada y políticas eficaces de integración.
En la edición de este año 2026, celebrada en Barcelona, la actual comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Šuica, aseveró que la política migratoria europea debe combinar el refuerzo de las fronteras exteriores con la creación de canales legales de migración y una mayor cooperación con los países de origen y tránsito. En su opinión, el nuevo Pacto para el Mediterráneo debe servir para abordar las causas de la migración irregular mediante inversiones, desarrollo económico y asociaciones estratégicas con los países vecinos del sur. «El objetivo es gestionar las migraciones, no solo controlarlas; por eso debemos trabajar en vías legales y en impedir que quienes trafican con vidas humanas sigan actuando».
Entre las voces más influyentes en cuanto a la política exterior que han participado en este foro está la del presidente del CIDOB (Barcelona Centre for International Afairs) y ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, que reclamó con contundencia un giro en la política europea hacia el Mediterráneo. A su juicio, la estabilidad de la región pasa por un compromiso mucho más decidido de las instituciones comunitarias, ya que «la inestabilidad abre la puerta a la inmigración irregular, y como lo que queremos es cerrar esa puerta, necesitamos medidas fuertes y capaces de actuar como un Estado». El exjefe de la diplomacia europea también cargó contra el actual pacto migratorio de la UE al considerar que «no podemos aparcar el problema pagando a un país tercero para que acoja a migrantes a cambio de dar una cantidad de dinero». En su opinión, delegar esa responsabilidad en países «que no son precisamente respetuosos con los derechos humanos» supone «una violación de los valores en los que se basa la Unión Europea».
En la misma línea, la periodista e historiadora Anne Applebaum defendió la necesidad de reforzar la cooperación internacional para evitar nuevos conflictos. La autora exitosos libros como ‘Gulag: una historia’ o ‘El ocaso de la democracia’, afirmó que los países «tienen que cooperar para un beneficio mutuo y no cambiar las fronteras por la fuerza», afirmó, rechazando además un escenario internacional «en el que unos ganan y otros pierden».

Barcelona 17/06/2026. III FORO ECONÓMICO Y SOCIAL DEL MEDITERRÁNEO . Un mar de compromisos foto. En la foto Anne Applebaum, periodista e historiadora y Martí Saballs , director de información económica de Prensa Ibérica. foto de maite cruz / maitecruz / PIM
También reclamó un cambio de enfoque Pedro Videla, profesor y director del Departamento de Economía del IESE Business School, quien considera que el tradicional debate sobre el control de fronteras ha quedado superado. En su opinión, «la política actual europea de control fronterizo con ayuda al desarrollo limitada» puede ser «la más fácil de implementar, pero potencialmente la más costosa», por lo que defendió incorporar nuevas perspectivas que permitan abordar el fenómeno migratorio desde una visión más amplia.
Desde el ámbito de la antropología, Carlos Giménez, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y director del Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia y Cultura de Paz y No Violencia, defendió las políticas de regularización de migrantes al considerar que se alinean con el Pacto Mundial para la Migración. «Una persona no puede ser ilegal; otro caso es estar en situación de irregularidad administrativa», subrayó. A su juicio, facilitar vías de integración «es beneficioso para la persona que se regulariza y para la propia economía», aunque insistió en que «todo requiere una voluntad» política para que estas medidas puedan desarrollarse con éxito.
El componente ético del debate lo puso Francesc Torralba, catedrático de Ética y Filosofía de la Universitat Ramon Llull, quien apeló a los valores humanistas como base para afrontar el reto migratorio. En su intervención recordó que «el clasismo, el racismo, la xenofobia —y tantos otros ‘ismos’— son incompatibles con el humanismo», reivindicando una respuesta basada en la dignidad de las personas y no en los prejuicios.
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