A la final

Cada vez que suena La Marsellesa me pongo tenso. No hay derecho, es como empezar perdiendo dos a cero. Debería estar prohibido tener himnos como ese. Suena después nuestra melodía sin letra mientras Fabián, Unai, Laporte y compañía miran al infinito y más allá, y se produce un anticlímax de manual. Lo que nos salva es que Didier Deschamps no tiene ni de lejos los tríceps ni la calva que tiene Luis de La Fuente, ahí ganamos. A los quince minutos nos da el primer susto Mbappé. Todos los pases son medidos, pensados, milimetrados. Cero riesgos, aquí todo dios hace lo que se ha escrito en la pizarra. Atentos todos a las transiciones francesas. Y de repente, y de parte del equipo más sobrado y con más figuras del campeonato, Digné nos regala el penalti a Lamine, que Oyarzabal chuta a media altura, fuerte, colocado.

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