La siesta 4 – el tardeo en Fiestas 0

No sé si a ustedes les pasa o solo es cosa mía, pero hay días en los que uno sale de casa con la sana intención de resolver un pequeño problema y termina cuestionándose el funcionamiento mismo del universo. El pasado viernes decidí acometer una de esas gestas reservadas únicamente para personas de gran fortaleza física y espiritual: conseguir una cita con el médico de cabecera, ya que la aplicación de la Conselleria de Sanidad, esa maravilla tecnológica diseñada, al parecer, por el mismo ingeniero que programó el acceso al Área 51, lleva semanas respondiendo con un educado pero firme «no hay citas disponibles», una frase que, con el tiempo, adquiere la categoría de filosofía existencial, así que opté por el método tradicional: acudir personalmente al centro de salud, y para que contarles, ¡ñas coca!, tras más de cuarenta minutos de cola frente al mostrador de admisión, comprendí que aquello no era un centro sanitario sino una experiencia inmersiva sobre la paciencia humana que recordaba más a la antesala del juicio final que a una consulta médica.

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