«No se puede decir de esta agua no beberé, pero tenemos capacidad de almacenamiento, tenemos generación propia por si falla algo funcionar, y tenemos conexiones internacionales, con Argelia y Francia». Con estas palabras, el presidente de Enagás, Antonio Llardén, ha alejado la posibilidad de que España pueda sufrir un ‘apagón’ gasista similar al que afectó al sistema eléctrico el 28 de abril de 2025, durante su intervención en un seminario organizado por el Colegio de Economistas de Catalunya.
El máximo responsable del gestor técnico del sistema gasista (el equivalente en gas a Red Eléctrica en electricidad) ha incidido en la fortaleza del modelo español, que aporta margen de maniobra ante posibles incidencias: «Y la base de todo esto es una red mallada, como Internet». Según ha explicado, esta configuración de red permite mantener el flujo incluso cuando se produce una incidencia en una parte de la infraestructura, ya que el gas puede circular por rutas alternativas reforzando así la seguridad del suministro.
Llardén ha recordado que España tiene una capacidad de almacenamiento «que no tiene el resto de Europa» debido a su naturaleza de isla energética, lo que fomentó que a partir de los años 70 se construyeran en el país hasta seis plantas de regasificación (más una en Portugal), que almacenan el gas licuado, que llega a través de barco, para poder utilizarlo cuando haya más demanda. «Gracias a las plantas de regasificación tenemos capacidad de traer gas de 14 o 15 países diferentes. Eso solo lo puede decir Japón, Corea del Sur y Reino Unido«, ha asegurado Llarden.
Según ha explicado, España tiene el 40% de la capacidad de almacenamiento y regasificación de toda Europa, siendo la planta de Barcelona la más grande del continente. Pero, además, cuenta con tuberías de alta presión hacia Argelia y Francia. «Yo recuerdo perfectamente que hace unos años alguna persona de la Administración Pública que nos preguntaba por qué teníamos tantos gasoductos y tantas plantas (de regasificación) (…) La respuesta era por un tema de seguridad», ha añadido.
En los últimos cinco años, sobre todo a raíz de la guerra de Ucrania y el aumento de las exportaciones de Estados Unidos gracias al ‘fracking’, el mapa del gas que llega a España ha cambiado «radicalmente». En la actualidad, el 35% del gas llega de Estados Unidos (barco) y un 30% de Argelia (tubo). El resto del producto viene de una decena de países más, entre ellos, Rusia, Nigeria, Noruega y Perú. De esta forma, España recibe dos tercios del gas a través de barco y el resto por tubo, mientras que hace cinco años ocurría justo lo contrario.
«Crisis estructural de volatilidad»
El directivo ha calificado la situación actual en el mundo energético de «crisis estructural de volatilidad» derivada de la pandemia del coronavirus, la invasión rusa de Ucrania, el gran apagón y «ahora» el cierre del Estrecho de Ormuz por la guerra en Irán. Y la consecuencia se aprecia «no tanto en la existencia de las materias primas, sino en los precios» debido a la «incertidumbre» general. «Hay una incertidumbre absoluta», ha remachado.
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