No ha habido crisis en el Gobierno de coalición entre el PSOE y Sumar que el PP no haya aprovechado para señalar la debilidad de un Ejecutivo compartido que, además, tiene que negociar con media decena de partidos en el Congreso. Los populares también saben de primera mano lo difícil que es gobernar con un socio. Lo sufrieron en 2024, cuando Vox rompió todos los pactos autonómicos.
Ante este escenario, y ante la posibilidad, más que probable, de que Alberto Núñez Feijóo tenga que buscar una alianza con Santiago Abascal tras los próximos comicios nacionales para poder llegar a la Moncloa, en el PP proponen otorgar un «plus» de diputados al partido que gane las elecciones. Los expertos admiten que la medida mejoraría la estabilidad, pero también iría en contra de la proporcionalidad del sistema parlamentario español.
Primero lo planteó Feijóo y esta semana lo repitió el presidente de Aragón, Jorge Azcón, en el Afterwork organizado por EL PERIÓDICO, al asegurar que, «sin romper la proporcionalidad, sería bueno que hubiera un plus de gobernabilidad». Sin embargo, ambas ideas resultan incompatibles. «Esto tendría unas fuertes consecuencias sobre la representatividad porque generaría un sistema de corte mayoritario y una vuelta al bipartidismo», explica Paloma Castro, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela.
Castro, al igual que el resto de expertos consultados, apunta a que esta fórmula se ha implantado en Grecia o Italia, países que históricamente han vivido una gran inestabilidad política, obligados a pactar con numerosos partidos. En este sentido, Castro sostiene que esta «prima de mayoría», como se conoce de técnicamente, se vende como la «gran solución» para la estabilidad, «pero a costa de que el sistema no sea proporcional y las preferencias políticas de los ciudadanos no tengan el peso que realmente tendrían que tener».
El «parlamentarismo» y las coaliciones
Rafael Murillo, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad CEU San Pablo, incide en que «el problema que hay es el propio concepto del modelo parlamentario», teniendo que optar por uno proporcional, como el que se establece en el artículo 68 de la Constitución, o una de corte mayoritario, donde se premie al ganador. «Si estamos en un modelo proporcional, eso de añadirle porque sí al partido más votado un número de escaños suficiente para que pueda gobernar nos produce estabilidad, pero no es realmente un sistema parlamentario en sentido puro», asevera, dejando claro que se eliminaría la necesaria búsqueda de acuerdos propia de un sistema parlamentario.
Con la propuesta del PP, añade el profesor del CEU, la «proporcionalidad desaparece» y «se pierde el concepto propio y esencial del parlamentarismo». Además, considera que sería necesario «modificar la Constitución porque te determina la forma de elección» y que sería necesario incluir esa consideración del «plus» de diputados. No obstante, nadie en el PP ha concretado la propuesta ni ha ofrecido datos de cuántos escaños más recibiría el ganador o si habría que ampliar el número de diputados del Congreso. Castro señala que, como mínimo, sería necesaria una reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG).
Estrategia política
Al análisis sobre la proporcionalidad se suma el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona Oriol Bartomeus quien explica que el sistema actual, basado en que todas las provincias reparten un mínimo de dos escaños y que el resto se ajusta en función de la población y en la ley D’Hondt, «ya tiende a un sistema mayoritario» que beneficia a los grandes partidos. «Si le pones esto [la prima de diputados] ya lo conviertes casi en un sistema mayoritario, que es que quien gana, gana». «Es obvio que se carga la proporcionalidad», asevera.
Además, Bartomeus explica que se percibe una clara intención del PP de buscar una fórmula electoral que le permita «gobernar con las manos limpias», sin necesidad de buscar un acuerdo con Vox en caso de que Feijóo no alcance la mayoría absoluta. También avisa de que podría ocurrir lo contrario, que el PSOE atraiga todo el voto de las formaciones a su izquierda y que gane en escaños, con lo que se vería beneficiado por esta prima. Por último, cree que el objetivo final es desactivar a los partidos nacionalistas en los que se han apoyado muchas veces PP y PSOE.
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