Las piedras de Pau tienen recuerdos. Parece una ciudad tranquila, la que acoge este año una llegada y salida del Tour a la vez. ¡Bendito alivio! Un premio para los que trabajan en los equipos. Podrán dormir un pelín más, al igual que los corredores, y de este modo salvan los habituales traslados, todo el día en autobús, cada día a sacar el camión de los aparcamientos de los hoteles antes de tiempo.
En términos ciclistas, Pau es sinónimo de ciudad sin ley. Siempre ocurría algo cuando el Tour descansaba generalmente entre sus piedras. Eran los tiempos en los que los Pirineos se afrontaban entrada la carrera o a punto de acabar y no a las primeras de cambio, cuando algunos todavía no se han habituado al clima de la carrera, al margen de que sea caluroso.
Los dramas del pasado
Ahora la montaña llega de repente y Pau se visita como una tradicional parada del Tour. Es la misma ciudad donde no hace mucho tiempo era recomendable no comer un solomillo y donde alguno tenía que salir escondido de la cocina de un hotel o huir, literalmente hablando, antes de que apareciera la policía para llevárselo detenido. El dopaje, cuando la palabra ocupaba buena parte de la tarea periodística del Tour, es un delito y desde hace décadas por aquí no se andan con chiquitas.
Hace 28 años se celebró el peor Tour de la historia. Los ciclistas se arrancaban los dorsales o se sentaban en la carretera negándose a competir. Algunos tuvieron que dormir en el calabozo y otros llamar de urgencia a su abogado. Qué drama. También se pasó por Pau.
En Pau se enteró Alberto Contador en 2007 que le caía el premio del Tour. Iba segundo mientras que el líder de la carrera, el danés Michael Rasmussen, corría con la carga de la sospecha de dopaje. La bola cada vez se hizo más grande hasta convertirse en insostenible, hasta tener que huir por la cocina de su hotel.
Purgatorio en la ciudad
Frank Schleck también tuvo su propio purgatorio en Pau. ¿Os acordáis de él? Era el hermano mayor de Andy, que en 2012 lo pillaron con un positivo. La calle de su hotel, como antes había pasado con Rasmussen, se convirtió en una especie de feria nocturna: conexiones en directo, furgonetas y camiones que llegaban con las antenas parabólicas, periodistas de todas las nacionalidades y curiosos que se acercaban a ver qué narices estaba pasando.
Pau era la ciudad de las pesadillas, sin ley cuando aparecía el Tour. En 2010 se acercó desde Valladolid José Luis López Cerrón, antiguo corredor y técnico que por aquel entonces cumplía un doble rol: era el presidente de la Federación Española de Ciclismo y amigo personal de Contador. “¿Puedes comprar un solomillo antes de cruzar la frontera?”, se lo pidieron desde el equipo del ciclista madrileño. Se detuvo en Irún y la historia se complicó. El ‘caso del solomillo’, una carne donde nunca quedó patente que estuviera contaminada de clenbuterol, supuso la pérdida de un Tour para Contador, el que ganó Andy, el hermano de Frank.
Pero el año 2007 se llevó la palma, la medalla de oro, el Oscar a la incredulidad y hasta el premio Nobel si fuese necesario. Porque un día antes de la desaparición de Rasmussen, la jornada de descanso se desarrollaba con tanta tranquilidad que hasta se tuvo la genial idea de intentar entrar en modo siesta poco antes de que saltaran todas las alarmas.
La huída de Vinokurov
Alexandr Vinokurov, hoy mánager del XDS Astana, padre de Nicolya, que disputa el Tour a sus órdenes, montó el lío más gordo que se recuerda. También huyo al conocer que se había cambiado de sangre y que con la operación se había equivocado y enchufado la de un compañero de equipo. ¡Qué barbaridad! ¡Qué locura!
Pau es una ciudad preciosa, con una zona vieja que parece anclada en los años de la Francia de los Borbones, lujos de otra época, que conviene visitar turísticamente hablando, aunque encierre una historia negra vinculada con el Tour. Y eso que es la ciudad donde vive el escritor Christian Laborde, un amante de la Grande Boucle, que acaba de publicar ‘La caída de Luis Ocaña en el col de Menté’, libro distribuido en España por la editorial Sr. Scott.
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