La población mundial es de 8.300 millones de personas y las previsiones son que en 2060 se alcancen los 10.000 millones.
Los incrementos de los últimos años han bajado a porcentajes del 1%, cuando han llegado a ser del 2%.
El primer análisis corresponde a conocer cómo se distribuye el nacimiento de esta población en el mundo.
India (1.470 millones) es la nación más poblada y en fase de incremento, mientras que China ha perdido esta primera posición y ha entrado en contracción demográfica, debido a la baja natalidad.
El continente donde más se incrementa la población por nacimientos es África y especialmente su zona central, que mantiene tasas del 2% anuales.
En sentido contrario, en países como Japón, Corea y Europa del sur (España, Italia, etc.), las tasas de fertilidad son negativas y en esta vía la población envejece y la migración es la que lleva al crecimiento demográfico.
El problema que se debe solucionar no es tan solo cómo alimentar a 10.000 millones de seres humanos, sino cómo gestionamos las sociedades actuales.
Por ejemplo, en España, Japón o Italia, que son sociedades del primer mundo, estamos conviviendo una población mayor que demanda sistemas de salud, pensiones y dependencia muy costosos, con otra sociedad que necesitamos de migración que demanda otros servicios también gravosos, como es educación, formación profesional, viviendas, infraestructuras, ocio, etc.
En definitiva, nos vamos a encontrar con una demanda de servicios públicos muy fuerte en dos estamentos distintos. Tan solo una planificación correcta de estos retos puede tener éxito. Debemos analizar con profundidad y cuantificar las necesidades de estos estamentos sociales, para evitar que se produzcan tensiones sociales y económicas.
Países como Suiza, EEUU o Canadá se inclinan por admitir una migración seleccionada de personas que aporten alto valor añadido.
En Europa, el planteamiento es distinto y se basa en que esta población mayor, que tiene poder adquisitivo, crea una economía de demanda en consumo fuerte, que mantiene el sistema. En el corto plazo funciona, pero no es fácil que, cuando envejezca otra generación que no ha vivido el boom del desarrollo económico, pueda mantenerlo.
Si nos transportamos a una postura más micro, a nuestra comunidad autónoma, que por su carácter insular tiene los recursos medioambientales limitados, el modelo de crecimiento poblacional de los últimos años no nos sirve, porque no podemos dar solución a las demandas de una nueva población, sea en el problema habitacional, formativo o de nuevas infraestructuras, más que en forma limitada, para no consumir territorio ya que la carga sobre el medio ambiente está en los límites.
Así como hay una percepción generalizada de que no se puede crecer más en plazas turísticas, incluso hay quien demanda decrecer, hemos de ser conscientes de que unas islas necesitan tener límites en incrementos de población estable. Hemos de ir a tasas de reposición y no más allá.
En definitiva, no podemos aumentar nuestro PIB a base de crear empleo de baja calidad social y económica en una región con costes de vida altos, por sus limitaciones.











