El Homo floresiensis, una especie de homínido antiguo que vivió en la actual Indonesia y ha sido apodado «hobbit» por su diminuta estatura, tenía aparentemente habilidades de caza limitadas: probablemente obtuvieron gran parte de su carne hurgando en cadáveres de los cuales los dragones de Komodo ya se habían alimentado.
Un nuevo estudio sobre los restos hallados en la cueva de Liang Bua, en la isla de Flores, en la actual Indonesia, está reescribiendo la historia de Homo floresiensis, la especie humana diminuta apodada “hobbit”. Frente a la imagen de un homínido capaz de cazar grandes presas y manejar el fuego con soltura, la investigación publicada en Science Advances sugiere un escenario mucho menos épico: estos antiguos humanos pudieron sobrevivir alimentándose de la carne que dejaban atrás los dragones de Komodo tras abrir primero los cadáveres de grandes animales, como el elefante enano Stegodon.
El «hobbit» carroñero
La hipótesis se apoya en un análisis de gran escala: el equipo internacional estudió más de 3.100 fragmentos óseos de Stegodon y cerca de 7.000 restos de roedores recuperados en Liang Bua. Para comparar las marcas halladas en los fósiles con las producidas por otros agentes, los investigadores observaron en Zoo Atlanta cómo un dragón de Komodo alimentado con una carcasa de cabra dejaba huellas en los huesos y después escanearon esas marcas en 3D para medir su forma, profundidad y anchura.
Referencia
Taphonomic analysis at Liang Bua reveals the behavioral and technological capabilities of Homo floresiensis. E. Grace Veatch et al. Science Advances (2026). DOI:https://doi.org/10.1126/sciadv.aeb7219
Según publica Phys.org, el resultado fue llamativo. Las marcas recientes producidas por el reptil y las señales antiguas visibles en los huesos de Stegodon resultaron muy parecidas, y aparecían principalmente en las partes más carnosas del animal. En cambio, las incisiones hechas con herramientas de piedra por los hobbits se concentraban con frecuencia en huesos de menor valor alimentario, como costillas y pies. Para los autores, eso encaja mejor con un comportamiento carroñero que con una caza sistemática: los dragones habrían tenido acceso primero a las presas y habrían dejado a H. floresiensis las partes menos apetecibles.
Distribución de marcas por elementos esqueléticos identificados en el conjunto Stegodon. Los colores indican las frecuencias de las marcas en relación con la abundancia de elementos. / Crédito: Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aeb7219
¿Una nueva trayectoria evolutiva?
La investigación también cuestiona otra de las ideas asentadas sobre esta especie: su supuesta relación con el uso del fuego. Según el estudio, no hay pruebas de fuego intencional en los niveles estratigráficos asociados a H. floresiensis en Liang Bua. Aquello que previamente se interpretó como huesos calcinados parece deberse, en realidad, a manchas producidas por minerales a lo largo del tiempo. Solo un fragmento presenta daños por fuego, pero procede de un periodo posterior.
Si este homínido antiguo no cazaba de forma regular ni dominaba el fuego en ese yacimiento, su nivel de sofisticación conductual podría haber sido menor del que se le atribuía. Eso, a su vez, alimenta el debate sobre su origen evolutivo: quizá descendía de una población humana temprana que no necesitó esas estrategias de caza y cocción, o tal vez siguió una trayectoria evolutiva distinta en el aislado ecosistema de Flores.















