La incertidumbre de vivir con una enfermedad sin diagnóstico

El teléfono sonó el pasado 14 de mayo. Al otro lado de la línea, un especialista del Hospital de la Fe de Valencia comunicaba a Carmen Sáez que, después de casi veinte años de consultas, pruebas y derivaciones a su marido, Jacinto Navarro, la lucha llegaba a su fin. La investigación sobre la enfermedad rara que deteriora progresivamente el cuerpo de su marido se detenía allí. Sin embargo, la noticia no llegó en una consulta médica, ni frente al paciente, ni acompañada del equipo multidisciplinar que la familia esperaba. Llegó en una llamada telefónica dirigida únicamente a ella. «Te dicen que sus músculos y sus nervios están muy afectados y que su vida está comprometida y que ya no van a seguir investigando. Te quedas completamente desangelada» recuerda.

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