¿Dónde estabas tú el sábado 12 de julio de 1997 a las cuatro de la tarde? Es una pregunta a la que muchos españoles pueden responder hoy, 29 años después, con insólita precisión. Ese día y a esa hora expiraba el plazo de 48 horas que la organización terrorista ETA había dado a las autoridades para iniciar el proceso de reagrupamiento de los presos de la banda en cárceles del País Vasco. En caso de que el Gobierno presidido por José María Aznar no cediera a sus pretensiones, los etarras habían amenazado con ejecutar a Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del PP en el municipio vizcaíno de Ermua que había sido secuestrado el jueves cuando se dirigía a su trabajo en una consultoría de Eibar.
Lo que ocurrió en esos dos días terribles que acabaron de la peor manera se cuenta con detalle en ‘Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo’, un tenso documental dirigido por Jon Sistiaga y Juanjo López que se estrena el viernes 10 en la plataforma Netflix. «Cuando hace ocho años rodamos la serie ‘ETA, el final del silencio’ para Movistar+, fuimos a una facultad de Derecho y allí constatamos que los estudiantes no tenían ni idea de quién era Miguel Ángel Blanco -explica Sistiaga sobre el origen del proyecto-. De 25 chicos que había en la clase, dos sabían algo y otros dos habían oído campanas. Nadie más. Y ahí ya nos quedamos pensando que teníamos la necesidad de contarlo, no solo para hacer justicia a la memoria de Miguel Ángel, sino porque son historias como esta las que de verdad explican quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí».
Habla el Rey
Narrado por el propio Sistiaga, el documental se apoya en una impactante selección de imágenes de archivo de aquellos días y en entrevistas recientes a una treintena de protagonistas y testigos de primera fila. Destaca, por infrecuente, la participación del rey Felipe, que, en su condición de Príncipe de Asturias, asistió en Ermua al funeral del concejal asesinado en representación de la jefatura del Estado.
«Hay veces en que los astros se alinean para que las cosas pasen, y esta ha sido una de ellas -dice Sistiaga-. Recientemente ha habido un cambio en la dirección de comunicación de la Casa Real y eso ha propiciado una gran receptividad a la narrativa que queríamos generar: han pasado 29 años, Miguel Ángel Blanco tenía 29 años, el Rey tenía entonces 29 años y yo mismo, que soy el narrador, tenía 29 años… Aquella fue la primera vez que vimos a Felipe en un lugar y un momento especialmente duros, incluso peligrosos, pero él era muy consciente de que la Corona tenía que estar ahí, mostrando cercanía con la familia y con las víctimas. Por eso su testimonio nos parecía esencial». «Y para nosotros es muy importante el tono con el que aparece el Rey -añade Juanjo López-. Se sitúa a la misma altura que el resto de protagonistas del documental, es uno más, compartiendo la angustia y el horror que sintieron tantos españoles durante esas 48 horas».
Además de la presencia de Felipe VI, la otra gran baza del documental, desde el punto de vista periodístico, es la confirmación de que en aquellos días se produjo un intento de mediación con el entorno de la cúpula de ETA protagonizado por la abogada María José Gurruchaga y dos presos de la banda: el exdirigente José Luis Álvarez Santacristina, alias ‘Txelis’, y Kepa Pikabea. «Es una historia que llevaba circulando muchos años, pero lo relevante es que aquí tanto Jaime Mayor Oreja [entonces ministro de Interior] como dos exmiembros de ETA confirman que eso existió -subraya Sistiaga-. Mayor Oreja insiste en que era una iniciativa privada y que él se limitó a pedir a su homólogo francés que facilitara una entrevista en la cárcel, aunque yo, personalmente, creo que hubo algo más». José María Aznar, por su parte, mantiene aún a estas alturas que él no sabe nada al respecto: «Si usted dice que pasó, pues pasaría, yo no lo sé».
Jon Sistiaga, en un momento del documental / Netflix
En cualquier caso, el intento no logró alterar la siniestra determinación de los terroristas y Miguel Ángel Blanco apareció poco después de las cinco de la tarde en una pista forestal con dos tiros en la cabeza pero aún con vida, lo que dio lugar una macabra confusión; de hecho, a su familia se le dijo en un primer momento que el joven se encontraba bien. «A mí me sobrecogen esas imágenes en las que la hermana y la madre salen de casa con una sonrisa pensando que Miguel está bien -señala Juanjo López-. Me pregunto cómo tuvo que ser el momento de llegar al hospital y enterarse de la realidad y se me parte el alma». La realidad es que Miguel Ángel Blanco ya no tenía actividad cerebral. Falleció a las cinco de la mañana del domingo 13 de julio.
‘Las 48 horas que lo cambiaron todo’, se titula el documental. Pero, ¿qué cambió en realidad con el secuestro y el asesinato de Miguel Ángel Blanco? «El gran cambio es que se pierde el miedo -responde Jon Sistiaga-. El día en que lo asesinan se suspenden los sanfermines, y ahí el propio mundo de [el partido de izquierda aberzale] Herri Batasuna ve que empieza a perder las calles, que para ellos era algo fundamental, porque hasta entonces si paseabas por las calles de Euskadi parecía que todo el mundo era de HB. Se produce una fuerte concienciación ciudadana y se pierde el miedo a confrontar, a decir en voz alta que ya está bien. Y eso es muy importante en una sociedad que llevaba 40 años atravesada por la violencia. El de Miguel Ángel Blanco fue un asesinato en directo y ETA no calibró la repercusión que aquella barbaridad iba a tener, el estado de emoción que se iba a generar en todo el país con los medios informando durante 48 horas. No supieron medir la reacción popular ni el impacto entre su propia gente, porque aquello resquebrajó para siempre a la izquierda aberzale».
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