El verano vuelve a poner a prueba la red viaria española. Entre el 1 de julio y el 31 de agosto, la Dirección General de Tráfico (DGT) estima que se producirán más de 104 millones de desplazamientos de largo recorrido, una cifra que supone un incremento del 3,7% respecto al verano anterior y confirma la recuperación de la movilidad por carretera.
Del total previsto, cerca de 49,7 millones de viajes tendrán lugar durante julio, mientras que agosto concentrará otros 54,5 millones, coincidiendo con las principales operaciones salida y retorno de las vacaciones.
Este aumento del tráfico convierte la preparación del viaje en un elemento clave para reducir riesgos. La seguridad no depende únicamente de cómo se conduce, sino también del estado del vehículo y de la planificación previa de un desplazamiento que, en muchos casos, superará varios cientos de kilómetros.
El mantenimiento del vehículo, el gran olvidado antes de las vacaciones
Uno de los principales riesgos de la operación salida no está en la carretera, sino en el garaje. A pesar de la importancia de garantizar que el automóvil se encuentra en perfectas condiciones antes de afrontar un viaje largo, los datos del sector reflejan que el 55,8% de los conductores iniciará sus vacaciones con alguna reparación pendiente, una situación que incrementa las posibilidades de sufrir una avería o comprometer la seguridad.
El verano representa uno de los periodos más exigentes para cualquier vehículo. Las altas temperaturas, los largos recorridos, el peso adicional del equipaje y las frecuentes retenciones someten a la mecánica a un esfuerzo muy superior al habitual. De hecho, la combinación de atascos, calor e impactos leves entre vehículos figura entre las principales causas de incidencias durante la temporada estival.
El problema es que esas reparaciones aplazadas suelen afectar precisamente a los componentes más importantes para la seguridad. Neumáticos con un desgaste excesivo o una presión incorrecta, frenos, amortiguadores, batería, alumbrado o niveles de aceite, refrigerante y líquido limpiaparabrisas son elementos que trabajan al límite cuando aumentan la temperatura del asfalto y se acumulan kilómetros.
Por ello, antes de emprender un viaje largo resulta recomendable realizar una revisión preventiva que permita detectar cualquier anomalía y corregirla a tiempo. Una operación sencilla puede evitar desde una avería en carretera hasta situaciones mucho más comprometidas, como una pérdida de eficacia en la frenada o el reventón de un neumático.
También es importante distribuir correctamente la carga. Un maletero sobrecargado o con el equipaje mal colocado modifica el comportamiento dinámico del vehículo, aumenta la distancia de frenado y reduce la estabilidad, especialmente durante maniobras de emergencia.
Planificar la ruta también mejora la seguridad
La preparación del viaje no termina con la revisión del coche. Planificar el recorrido permite evitar muchas situaciones de estrés al volante.
Las aplicaciones de navegación ofrecen información en tiempo real sobre retenciones, incidencias y tiempos estimados, lo que facilita escoger horarios con menor intensidad de tráfico y programar las paradas necesarias.
En desplazamientos largos, los especialistas recomiendan detenerse entre diez y quince minutos cada dos horas o aproximadamente cada 200 kilómetros para hidratarse, caminar unos minutos y recuperar la concentración. La fatiga aparece de forma progresiva y es uno de los factores que más reduce la capacidad de reacción.
Dormir adecuadamente la noche anterior también resulta fundamental. La somnolencia al volante sigue siendo una de las principales causas de siniestralidad y puede provocar una disminución de los reflejos comparable a la que producen otras conductas de riesgo.
Distracciones y calor, una combinación especialmente peligrosa
Si el aumento del tráfico incrementa el riesgo de accidente, las distracciones siguen siendo el principal enemigo de la conducción.
Manipular el teléfono móvil, introducir una dirección en el navegador mientras el vehículo está en marcha o desviar la atención durante apenas unos segundos multiplica las posibilidades de sufrir un siniestro.
Las altas temperaturas propias del verano agravan además la aparición del cansancio y reducen la capacidad de concentración, especialmente en desplazamientos prolongados o en retenciones. Ante los primeros síntomas de fatiga, la única solución eficaz es detenerse y descansar.
Todos los ocupantes del vehículo deben utilizar correctamente el cinturón de seguridad, independientemente de la duración del trayecto.
Los menores deben viajar siempre en sistemas de retención infantil homologados y adaptados a su talla, mientras que el equipaje debe ir correctamente sujeto en el maletero para evitar desplazamientos en caso de frenazo.
Las mascotas también requieren sistemas específicos de retención, ya sea mediante arneses homologados o transportines. Además de proteger al animal, estos dispositivos evitan que interfiera en la conducción o salga despedido en caso de accidente.
Alcohol, medicamentos y velocidad: los riesgos de siempre
Los especialistas recuerdan que la conducción exige el máximo nivel de atención durante todo el trayecto.
Antes de iniciar un viaje conviene comprobar si los medicamentos que se están tomando pueden afectar a la conducción, ya que algunos provocan somnolencia o reducen los reflejos. A ello se suma la recomendación de mantener una tolerancia cero con el consumo de alcohol y drogas al volante y respetar siempre los límites de velocidad, la distancia de seguridad y las normas básicas de circulación.
Son recomendaciones conocidas, pero siguen siendo las medidas que mayor impacto tienen en la reducción de la siniestralidad.
Saber actuar también puede salvar vidas
En caso de accidente, los primeros minutos resultan decisivos. Los servicios de emergencia recuerdan la importancia de seguir el protocolo PAS: proteger la zona para evitar nuevos riesgos, avisar inmediatamente al 112 y socorrer únicamente cuando se disponga de la formación necesaria.
Un parque envejecido y unas carreteras que también necesitan atención
La seguridad vial no depende únicamente del comportamiento de los conductores o del estado de sus vehículos. También está directamente relacionada con la calidad de las infraestructuras por las que circulan millones de españoles cada verano.
En este sentido, el aumento previsto de desplazamientos coincide con un momento especialmente delicado para la red viaria española. Mientras España mantiene uno de los parques automovilísticos más envejecidos de Europa, buena parte de las carreteras dependientes del Ministerio de Transportes arrastran un importante déficit de conservación tras años de inversiones insuficientes en mantenimiento. Firmes deteriorados, señalización envejecida o sistemas de protección que requieren renovación forman parte de un problema que diferentes organizaciones del sector llevan tiempo denunciando.
A la responsabilidad individual del conductor hay que sumar la responsabilidad de las administraciones. No basta con pedir prudencia a los ciudadanos si las infraestructuras no reciben el mantenimiento que necesitan. La conservación de las carreteras no es un gasto, sino una inversión en seguridad vial.
Óscar Puente, el Ministro de Transportes, ha relegado durante los últimos años el mantenimiento de la red viaria estatal a un segundo plano. Esa falta de prioridad política ha permitido que el estado de muchas carreteras alcance uno de sus momentos más delicados de la última década, precisamente cuando el tráfico vuelve a registrar cifras récord.
Es evidente que la seguridad vial empieza por un conductor responsable y un vehículo en buen estado, pero también exige una red de carreteras acorde con un país que cada verano supera los cien millones de desplazamientos. Si se exige a los ciudadanos mantener sus vehículos en condiciones óptimas, resulta razonable exigir a la Administración el mismo compromiso con las infraestructuras que dependen de ella. La prevención no puede recaer únicamente sobre quienes se ponen al volante; también debe formar parte de la gestión pública.














