«Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser las dos cosas». Con este dilema ideológico dio Donald Trump el pistoletazo de salida de las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos en un escenario cargado de simbolismo: a los pies del monumento nacional del monte Rushmore, en cuya roca donde están esculpidos los rostros de los presidentes George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln en unos terrenos expropiados ilegalmente a la nación Sioux, que todavía exige su devolución. El bautizado como Santuario de la Democracia ha sido rebautizado por sus críticos como Santuario de la Hipocresía.
«Somos el pueblo más libre del mundo, tenemos la Constitución más justa y duradera del mundo y somos la nación más poderosa del mundo«, afirmó el actual inquilino de la Casa Blanca durante su discurso de este viernes (madrugada del sábado en España), que estuvo acompañado de homenajes a las Fuerzas Armadas y sobrevuelos militares para conmemorar el aniversario de la emancipación estadounidense de 1776. «Un acontecimiento único en la historia de la humanidad», en palabras del republicano.
Pero a pesar de la solemnidad de la efemérides, Trump optó por abonar la división partidista para arremeter contra el Partido Demócrata alejándose una vez más del papel tradicional de un jefe de Estado que se eleve por encima de la disputa y aglutine a los ciudadanos de todas las ideologías. A cuatro meses de las elecciones de medio mandato, que debe renovar la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, el presidente cargó contra los demócratas progresistas como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, o el senador Bernie Sanders, a los que presenta habitualmente como una amenaza existencial para EEUU.
Trump lanzó una advertencia contra el «resurgimiento del comunismo», que definió como «el enemigo de la libertad, la Constitución y el 4 de julio de 1776. «El comunismo es la antítesis de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; es muerte , tiranía y la búsqueda del mal», afirmó. En opinión del presidente, los comunistas no aman a Dios ni a la religión y no respetan la ley, la justicia ni la tradición. «Puedes ser leal a Karl Marx o puedes ser leal a EEUU. Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas», añadió antes de remachar «no permitiré su expansión».
En su diatriba, el mandatario también vinculó la supuesta amenaza comunista con la inmigración, «que adopta ideas totalmente opuestas a nuestra forma de vida y a nuestros grandes logros». Y condenó los «intentos de cambiar el carácter excepcional de Estados Unidos» y de «alienar a los ciudadanos de su propia historia», prometiendo «devolve» al país «su identidad».
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