En los centros de investigación más prestigiosos del mundo, la excelencia científica y el impacto de los estudios suele medirse en publicaciones, descubrimientos y patentes registradas. Pero hay una variable que durante años ha quedado fuera de la ecuación y que, sin embargo, tiene un gran impacto en el mundo en el que vivimos. Y es la huella ambiental de la propia ciencia. Según señalan varios análisis, los laboratorios son un gran foco de emisiones y de residuos debido a, por ejemplo, el uso de maquinarias especializadas que consumen grandes cantidades de energía, plásticos de un solo uso y reactivos altamente procesados. Durante mucho tiempo se dijo que este era el precio a pagar por una investigación de excelencia. Pero según reivindican desde el Institut de Bioenginyeria de Cataluña (IBEC), el primero en España en obtener un certificado verde para sus laboratorios, es posible hacer ciencia pionera mientras se reduce el impacto ambiental de la investigación. «La sostenibilidad no es incompatible con la excelencia», afirman desde la entidad.
Según explican Isabel Oliveira y Cristina Arimany, dos de las máximas responsables del centro en gestión de las instalaciones y programas estratégicos, en este laboratorio barcelonés se empezó a hablar de sostenibilidad «mucho antes de que esta palabra se convirtiera en algo de moda«. Entre 2015 y 2016, por ejemplo, ya se pusieron en marcha iniciativas para detectar las prácticas más contaminantes de los laboratorios y, a su vez, proporcionar «consejos prácticos y cercanos» a los investigadores para reducir su impacto.
«Hace ya una década que trabajamos para incorporar medidas de ahorro energético, gestión de residuos o reducción de materiales innecesarios»
«Hace ya una década que trabajamos para incorporar medidas de ahorro energético, gestión de residuos o reducción de materiales innecesarios en nuestro centro. En un principio no hablábamos explícitamente de sostenibilidad sino de optimizar procesos. Pero con el tiempo, todos estos consejos acabaron consolidando en una línea de trabajo más enfocada a reducir la huella de nuestros laboratorios», afirma Oliveira, quien ostenta el cargo de responsable de infraestructuras del centro.
Certificados de sostenibilidad
La inquietud por conseguir una ciencia «más verde» siguió avanzando hasta que en 2019, en pleno estallido del movimiento de jóvenes ecologistas liderado por Greta Thunberg, el Institut de Bioenginyeria se sumó a una red pionera de centros de investigación en Cataluña para impulsar políticas ambientales en la investigación. «A partir de ahí, nuestro enfoque cambió. Lo que antes eran acciones dispersas pasó a convertirse en estrategia institucional. Creamos un comité de sostenibilidad con representación transversal de investigadores, personal técnico, estudiantes de doctorado y personas expertas en gestión. Y después, en 2021, aprobamos el primer Plan de Sostenibilidad del IBEC. Con todo ello, quisimos transformar esta apuesta puntual en algo más estructural», afirma Arimany, coordinadora de programas estratégicos del centro.
«Es esperanzador ver cómo las buenas prácticas también tienen un efecto contagio»
En 2023, el centro logró convertirse en la primera institución científica en España en certificar sus laboratorios como sostenibles. En ese momento, casi una decena de espacios del centro lograron la etiqueta de «laboratorio verde» otorgada por la entidad My Green Lab Certification en el que se certifica, entre otras, las medidas en materia de energía, agua, residuos, química, materiales y compromiso aplicadas en el centro y, sobre todo, la voluntad de mejora de las mismas. «El gran éxito de este programa no fue obtener el distintivo en sí, sino el hecho de que después nos llamaron muchos centros de investigación para preguntarnos por cómo trasladar estas medidas a sus instalaciones. Es esperanzador ver cómo las buenas prácticas también tienen un efecto contagio», comentan Oliveira y Arimany en una conversación con EL PERIÓDICO.
Iniciativa creada para ‘reutilizar’ materiales descartados por los laboratorios del IBEC. / –
Ejemplos de medidas
Muchos de los cambios para conseguir que los laboratorios sean más sostenibles pasan por maquinarias más eficientes y con menos consumo energético. Pero no solo. Según explican desde el centro, lo más importante es el cambio de hábitos. Es por eso que se están fomentando acciones como cerrar correctamente las campanas extractoras para evitar consumo innecesario, elegir el tipo de agua adecuado según el experimento (sin recurrir siempre a la opción más pura y costosa energéticamente) o mantener el orden en los congeladores para reducir el tiempo de apertura y, con ello, el gasto energético. También se han introducido sistemas de compra más sostenibles como, por ejemplo, una base de datos interna en la que se incorporan etiquetas verdes que identifican reactivos o materiales con menor impacto ambiental para que los investigadores puedan apostar de forma fácil por opciones más sostenibles.
«La idea es que los investigadores se planteen, por ejemplo, si tiene sentido volar a destinos lejanos cuando existen ediciones del mismo congreso en Europa, o si es preferible esperar a una edición más cercana para reducir la huella ambiental»
Una de las medidas más llamativas tiene que ver con los viajes científicos, ya que representan una parte relevante de la huella de carbono asociada a la investigación. Según explican las responsables de las políticas de sostenibilidad del centro, el IBEC ha desarrollado una guía para ayudar a los investigadores a reflexionar antes de desplazarse a congresos o reuniones, valorando si el viaje es realmente necesario o si existen alternativas más sostenibles, como la asistencia virtual o la elección de destinos accesibles en tren. «No se trata de un protocolo obligatorio, sino de una herramienta de recomendación que busca introducir criterio ambiental en la toma de decisiones. La idea es que los investigadores se planteen, por ejemplo, si tiene sentido volar a destinos lejanos cuando existen ediciones del mismo congreso en Europa, o si es preferible esperar a una edición más cercana para reducir la huella ambiental», comentan Oliveira y Arimany.
El centro ha desarrollado una base de datos en la que se incorporan etiquetas verdes que identifican reactivos o materiales con menor impacto ambiental
El Institut de Bioenginyeria de Cataluña destaca como uno de los centros científicos más importantes de España, la quinta institución científica en términos de retorno de la inversión y la séptima que más financiación ha conseguido del Consejo Europeo de Investigación (ERC). Y todo ello, incorporando la sostenibilidad a su trabajo. Su historia, afirman desde el centro, demuestra que la excelencia no depende solo de la velocidad o la productividad sino también de cómo se produce el conocimiento. Y eso implica repensar hábitos que durante años se han dado por inevitables. Porque quizá la pregunta ya no es si la ciencia puede ser sostenible. Sino si puede permitirse no serlo en un mundo que, tal y como estamos viendo, la crisis climática obliga a impulsar cambios estructurales y tomar acciones en todas y cada una de las esferas posibles.
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