La detección la semana pasada del primer nido de avispa asiática (Vespa velutina) en la provincia de Valencia, localizado en una vivienda del término municipal de Gilet, ha confirmado el avance de esta especie invasora hacia el sur de la Comunitat Valenciana. Sin embargo, el hallazgo no es el que más preocupa a los especialistas. Mientras el nido descubierto apenas alberga unas pocas obreras, la reina ya está construyendo un segundo asentamiento, situado previsiblemente a unos cientos de metros, que en apenas dos o tres meses podrá acoger cientos o incluso miles de avispas.
«Este nido no reviste mucha importancia desde el punto de vista de la seguridad. Es un nido primario, el primero que construye la reina cuando sale de la hibernación, con unas pocas obreras que la ayudan. El problema es que, mientras encontramos este, ellas ya están construyendo el nido secundario», explica a Levante-EMV Fernando Calatayud, fundador de APIADS (Agrupación de Defensa Sanitaria Apícola).
Ese segundo asentamiento será, según los especialistas, el verdadero foco de riesgo. «Normalmente lo construyen a unos cientos de metros del nido primario, en árboles y a unos siete u ocho metros de altura, por lo que resulta muy difícil localizarlo. Es ahí donde la colonia puede llegar a tener cientos o incluso miles de obreras», señala el técnico apícola.
Así nace una colonia de miles de avispas
El ciclo de la avispa asiática o avispa asesina comienza en primavera, cuando la reina despierta tras la hibernación invernal con el esperma almacenado desde el otoño anterior. Ella sola construye el nido primario, una pequeña estructura de papel de apenas cuatro o cinco centímetros de diámetro, normalmente escondida en lugares protegidos como aleros, garajes, casetas o tejados.
Ella sola construye el nido primario, una pequeña estructura de papel de apenas cuatro o cinco centímetros de diámetro, normalmente escondida en lugares protegidos como aleros, garajes, casetas o tejados
En ese pequeño refugio deposita los primeros huevos y durante varias semanas alimenta sola a las larvas, hasta que nacen las primeras obreras, entre 30 y 50 días después. A partir de ese momento, las nuevas avispas se encargan de limpiar el nido, cuidar de las larvas, defender la colonia y salir a buscar alimento y materiales de construcción, mientras la reina deja de salir al exterior y se dedica exclusivamente a poner huevos.
Nido de la avispa asiática en un chalet de Gilet. / Daniel Tortajada / Daniel Tortajada
Para alimentar a las nuevas generaciones, las obreras capturan principalmente abejas melíferas y otros insectos, que trocean para elaborar una papilla rica en proteínas destinada a las larvas. Estas, a cambio, segregan un líquido azucarado del que se alimentan las avispas adultas.
Con el rápido crecimiento de la colonia, el pequeño nido inicial deja de ser suficiente. Entre mayo y julio, las obreras comienzan a levantar un nido secundario, mucho más grande y situado habitualmente en la copa de árboles altos. Ese segundo nido es el que, según los expertos, ya estaría construyéndose cerca del localizado en Gilet y el que puede convertirse en un problema tanto para la apicultura como para la seguridad ciudadana.
La pista la dan los apicultores
La dificultad para localizar esos nidos secundarios convierte a los apicultores en los principales aliados para controlar la expansión de la especie. Las obreras necesitan grandes cantidades de proteínas para alimentar a las larvas y encuentran en las abejas melíferas una de sus presas favoritas.
Cuantas más reinas sobreviven, más colonias se fundan cada primavera, lo que acelera la expansión de la especie hacia nuevos territorios donde hace apenas unos años era inexistente
«Cuando empiezan a construir el nido secundario acuden masivamente a los colmenares. Es entonces cuando las detectamos. Tenemos una red de unos 500 apicultores repartidos por toda la Comunitat Valenciana y, en cuanto alguno observa actividad de velutinas, nos ponemos en contacto con la Conselleria para intentar localizar el nido», explica Calatayud.
El hallazgo de Gilet, confirmado por la Conselleria de Agricultura, es el primero del que existe constancia en la provincia de Valencia. Hasta ahora, la expansión de la Vespa velutina se había concentrado principalmente en Castellón, donde la especie lleva años asentándose.
El cambio climático acelera su expansión
Para APIADS, la aparición del primer nido en Valencia era cuestión de tiempo. «En Castellón ya están muy presentes, así que era lógico que fueran descendiendo hacia el sur, como están haciendo», afirma Calatayud.
A ese avance se suma otro factor: el cambio climático. Los inviernos cada vez más suaves y el aumento sostenido de las temperaturas favorecen la supervivencia de un mayor número de reinas tras la hibernación. Cuantas más reinas sobreviven, más colonias se fundan cada primavera, lo que acelera la expansión de la especie hacia nuevos territorios donde hace apenas unos años era inexistente.
La experiencia acumulada en otras comunidades tampoco invita al optimismo sobre una posible erradicación. «En el norte de España no han conseguido eliminar la especie. En Baleares sí ha sido posible porque es una isla, pero en un territorio continental es prácticamente imposible erradicarla. Lo que podemos hacer es controlar su expansión y reducir el impacto sobre las personas, la agricultura y la apicultura». En Cataluña, añade, la estrategia ya no pasa por intentar eliminar completamente la especie, sino por controlar su difusión mediante la retirada de nidos para reducir el riesgo.















