Los partes del Gobierno venezolano parecen ir detrás de los terribles acontecimientos que azotan al país después del terremoto. El presidente de la Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, confirmó este martes el fallecimiento de 1.943 personas y un total de 10.571 heridos. Los equipos de rescate nacionales e internacionales lograron rescatar con vida de 6.461 ciudadanos desde el trágico miércoles 24 de junio. Según Rodríguez las encuestas hospitalarias y testimonios recogidos por las autoridades les permiten calcular en 13.500 a los evacuados de las regiones afectadas. Lo hicieron sus propios medios o ayudados por allegados. Sin embargo, los números oficiales se chocan con otras proyecciones sobre el costo humano del desastre. «Puedo ofrecerles una estimación: estamos adquiriendo, y esto es algo que se ha acordado con las autoridades locales, 10.000 bolsas para cadáveres«, dijo Gianluca Rampolla, coordinador residente de las Naciones Unidas en Venezuela. «Sin duda, estamos hablando de una cifra superior a la ya reportada. Puedo darles un indicador aproximado».
La cifra sigue siendo estimativa teniendo en cuenta que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), agencia de la ONU, calcula que los terremotos afectaron a un total de 6,76 millones de personas.
Rodríguez reportó a su vez que se han habilitado 14 refugios en La Guaira, la «zona cero» del desastre, y 55 en Caracas, Miranda y otros estados afectados. Allí son atendidas a las familias que perdieron sus hogares.
El Gobierno reporta que 28.380 personas se encuentran actualmente albergadas entre hospitales y campamentos provisionales.
«En estos espacios se han reportado condiciones precarias: hacinamiento, escasez de baños sanitarios y limitaciones en el suministro de agua y alimentos, según testimonios de damnificados y organizaciones humanitarias que operan en la zona», señaló el portal Efecto Cocuyo. «Miles de personas duermen en parques, canchas deportivas y estacionamientos improvisados mientras esperan mayor apoyo».
Los rescatistas, en tanto, trabajan a destajo en medio de la adversidad y el pesimismo. La llamada «ventana crítica» de las 72 horas de supervivencia se ha cerrado. Solo queda arrancar milagros de los escombros.
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