Durante décadas, el papel de las amas de casa fue esencial en España y, al mismo tiempo, invisible desde el punto de vista económico. En muchas familias, sobre todo en generaciones anteriores, una parte de la organización del hogar descansó casi por completo sobre mujeres que cuidaban de los hijos, atendían a mayores, sostenían la casa y garantizaban el día a día sin figurar en ninguna nómina. Esa realidad marcó a miles de mujeres que al llegar a la vejez descubrieron que aquel esfuerzo no se traducía en años cotizados ni en derecho automático a una pensión contributiva. La situación era frecuente entre quienes hoy superan los 65 años. Muchas pertenecen a generaciones en las que trabajar fuera de casa no siempre era una opción real y en las que el reparto de tareas estaba mucho más condicionado por los roles tradicionales. El resultado fue que numerosas mujeres, y también algunos hombres que asumieron tareas domésticas y de cuidados, llegaron a la edad de jubilación sin el recorrido laboral exigido por la Seguridad Social para cobrar una pensión ordinaria.
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