Aparece una serpiente de casi dos metros de longitud en una playa. Todos los bañistas escapan del agua asustados. Lo que parece una anécdota podría convertirse en una situación cada vez más cotidiana en la isla. «Tenemos que aprender a convivir con ellas. Ni con un ejército preparado para acabar con ellas lo conseguiríamos», explica Samuel Pinya, profesor de Ecología de la UIB, que utiliza un lenguaje bélico porque la amenaza es muy importante: «Generará a la larga una desestabilización completa del ecosistema».
Es una evidencia que se están expandiendo en la isla y en sus islotes. Así lo reflejan los datos facilitados por el Consorci per a la Recuperació de la Fauna de les Illes Balears (COFIB), entidad que depende de la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural. El aumento de capturas coincide con un refuerzo de los mecanismos de control desplegados durante los últimos años, que evidencian la expansión en la isla. 170 trampas instaladas por la Administración. Un año después, la cifra ascendió a 280 ejemplares y 375 trampas. En lo que va de 2026 ya se han desplegado cerca de 450 dispositivos y se han capturado 58 serpientes.
«Ha incrementado, sí, sin ninguna duda», afirma Pinya. El investigador recuerda que algunas especies introducidas hace apenas dos décadas ya aparecen en territorios donde antes no estaban presentes. «La serpiente de herradura no estaba en la Serra de Tramuntana y la he encontrado lugares escondidos donde te preguntas cómo ha llegado hasta allí».
«No tienen depredadores eficaces»
La explicación, sostiene, se encuentra en la propia biología de estos reptiles. «La principal razón es que no tienen depredadores eficaces que controlen la expansión». Aunque recientemente se han documentado casos de erizos morunos capturando ejemplares juveniles de serpientes de herradura, aun así estos mecanismos naturales siguen siendo insuficientes para contener el crecimiento de las poblaciones.
Durante años su llegada con olivos y demás plantas pasó desapercibido. «Al principio no se notaba tanto. Pero cuando empiezan a reproducirse y no existe un depredador que controle las poblaciones, crecen y empiezan a colonizar nuevos territorios porque entre ellas mismas tienen competencia», asegura.
Las serpientes blancas también han llegado a Mallorca. / DM
La mayor presencia de serpientes durante las últimas semanas tampoco es casual. «Ahora las vemos más porque estamos en época de apareamiento. El calor ha aumentado, hay más actividad reproductiva y también están más activas sus presas. Por eso salen más», señala Pinya. A ello se suma el papel de las redes sociales, que amplifican cada avistamiento y multiplican la sensación de que las serpientes están en todas partes.
«La serpiente es un depredador muy eficiente y probablemente ha venido para quedarse», añade Andreu Rotger, profesor de Biología de la UIB. El investigador considera que la sociedad balear deberá asumir una nueva realidad. «Quizás tendremos que aprender a convivir con ellas. Lo que podemos hacer es controlar las poblaciones. Llegar a su erradicación es extremadamente complicado».
Las consecuencias, que todavía nadie puede prever con exactitud, responden en parte al efecto mariposa que ideó a través de una metáfora el meteorólogo Edward Lorenz: «El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas». La idea es sencilla: una pequeña alteración puede acabar desencadenando cambios mucho mayores e imprevisibles. Los científicos temen las consecuencias con la expansión de las serpientes invasoras en Baleares.
El ejemplo de la lagartija pitiusa
Para Rotger, el verdadero problema no son los encuentros ocasionales en playas, jardines o urbanizaciones. La preocupación se encuentra en el impacto ecológico. «A nivel ecológico implica muchos efectos negativos. En las islas las relaciones entre especies son más limitadas», advierte.

Una jaula para capturar serpientes. / DM
Pone como ejemplo a las sargantanes. En determinados islotes desempeñan funciones esenciales para el equilibrio natural. Controlan insectos, dispersan semillas e incluso participan en la polinización de algunas plantas. «Si las serpientes llegan a determinados islotes y extinguen poblaciones de sargantanas, perderíamos una función ecológica muy importante», alerta.
Pinya comparte esa preocupación y amplía el foco. Las serpientes no solo depredan sargantanes. También se alimentan de aves, roedores, dragones y otros reptiles. «Pensamos en el impacto sobre una especie concreta, pero el problema es más amplio», subraya y añade: «Hay relaciones que todavía no están documentadas y no sabemos cuál será el impacto global, pero no será positivo», advierte el profesor de Ecología.
Rotger defiende reforzar las campañas de concienciación y mejorar la coordinación entre administraciones y ciudadanos. «La comunicación es fundamental. Cuanto antes se detecten las especies invasoras y antes se actúe, mayores serán las posibilidades de controlar sus poblaciones».
Porque si algo tienen claro los científicos es que la batalla ya no consiste en evitar la llegada de las serpientes. Esa fase quedó atrás hace años. El desafío ahora es otro: contener una expansión que parece imparable y minimizar su impacto.
«Al ver una, lo importante es mantener siempre la calma»
Desde la conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural aconsejan actuar de una forma concreta al ver una serpiente. «Lo más importante es mantener siempre la calma. Lo más habitual es que nos detecte antes que nosotros a ella y que intente esconderse o evitar el contacto», aseguran.
Explican también cuál es su respuesta más habitual: «El comportamiento normal del animal es huir, ya que percibe a las personas como un potencial depredador. Se recomienda mantener una distancia prudente y no intentar capturarla ni manipularla».
En estas situaciones, señalan que se puede avisar al 112, al Cofib o el Servei de Protecció d’Espècies de la Direcció General de Medi Natural i Gestió Forestal para que valoren la situación.
«No se consideran animales especialmente peligrosos para las personas ni para los animales de compañía, aunque su expansión sí genera preocupación para los efectos que puede tener sobre la fauna autóctona. En Balears, la serpiente de herradura depreda sobre micromamíferos, como ratas y ratones, y contribuye parcialmente al control natural de estas poblaciones», subrayan.
Fuente: Diario de Ibiza
















