Y llegó el Día D. El día del Comité Federal del PSOE. El sábado 27 de junio. La fecha en la que el presidente del Gobierno y secretario general de los del puño y la rosa, Pedro Sánchez, estaba encomendado a despejar las más que justificadas dudas que se habían generado alrededor de la formación con el goteo de casos judiciales y con la complicada situación parlamentaria. Si lo ha hecho o no es un debate que puede tenerse al margen de la imagen que la plana socialista ha dado en el acto orgánico: de unidad, con las honrosas excepciones de siempre.
No tardaba Pedro Sánchez en traer a la mesa el más grande elefante de la habitación de Ferraz de los últimos meses, que no es otro que la corrupción. Sánchez se crujía los dedos y se ataba el pañuelo a la frente para hablar del cerco judicial que afecta al partido civil, moral y electoralmente, enarbolando el ya tradicional «tolerancia cero contra la corrupción», señalando que el PSOE «no es igual» que el resto de partidos ante este tipo de casos y, paralelamente, defendiendo lo que considera el buen nombre de José Luis Rodríguez Zapatero y de sus familiares afectados. Un discurso, de todo punto, continuista con lo mostrado este miércoles en el Congreso de los Diputados, donde el presidente del Gobierno decidió comparecer a petición propia para dar explicaciones sobre las causas que acechan a Moncloa y Ferraz, entre las que se encuentran los 24 años de cárcel para José Luis Ábalos, la imputación de Zapatero, el caso Leire, la retirada del pasaporte a Begoña Gómez y la espera de la sentencia sobre David Sánchez.
Sobre estos asuntos ha desfilado el secretario general dividiéndolos y alegando que no todos los procesos judiciales son iguales, que el lawfare existe y que el PSOE ha actuado, a diferencia de otros en el pasado, con toda la contundencia cuando los corruptos han penetrado en Ferraz. «En 2018 prometí limpiar las instituciones de Kitchen o Gürtel. En este empeño hemos avanzado mucho, pero no lo suficiente para extirpar la corrupción de nuestro día a día. Esto no es el ‘y tú más’. Donde se mide el grado de aceptación con la corrupción es viendo cómo se responde a la corrupción cuando afecta a tu propia estructura», despachaba Sánchez.
Posteriormente, y enumerando los tres frentes que atañen al puño y la rosa -en sus palabras, «un caso de corrupción al que respondimos con contundencia, la investigación a Zapatero y una campaña de mentiras y difamación contra dos de mis familiares»-, llegaba el momento de aterrizar la respuesta. Arrancaba con la condena a José Luis Ábalos y Koldo García por el caso mascarillas: «Un caso de corrupción que afecta a la antigua secretaría de organización. Personas cuyas prácticas desconocíamos y que jamás hubiésemos tolerado. Nuestra organización no se ha financiado irregularmente. Actuamos con la máxima diligencia, renovamos la dirección del partido, pusimos en marcha toda la información requerida por la justicia y tanto desde el PSOE como desde el Gobierno asumimos el compromiso de reforzar los mecanismos de prevención frente a estos comportamientos», remarcaba Sánchez.
Finiquitaba así Sánchez la condena a 24 años a quien fuese su mano derecha en el partido, y llegaba el turno de abordar la imputación al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, con quien, tal y como ha reconocido, habla frecuentemente. «El caso está en una fase indiciaria. El rescate a Plus Ultra no tuvo ningún trato de favor. En lo referente al expresidente, me consta, ya que hablo con él de forma regular, dará todas las explicaciones oportunas. Lo que quiero, no obstante, es que prevalezca la presunción de inocencia porque es lo mínimo exigible en un estado de derecho», ha manifestado el dirigente socialista. Una presunción de inocencia y una tutela judicial efectiva que el propio Sánchez ha puesto en duda al aludir a la «filtración masiva de agendas, direcciones, llamadas y conversaciones» que han desencriptado toda la vida privada del propio Zapatero: «Lo que no es razonable es el atropello que han sufrido filtrándose agendas o conversaciones personales que no tienen nada que ver con la causa. Esto es impropio con una democracia como la nuestra. Se ha causado un inmenso daño personal y familiar. No nos vamos a callar ante esta violación de sus derechos fundamentales».
Contraponer modelos
El horizonte en los tribunales ha ocupado buena parte del cónclave socialista, pero Sánchez también ha sacado tiempo para contraponer el modelo del actual Gobierno con el de la derecha y la extrema derecha. El presidente del Gobierno ha prometido también medidas sociales para afrontar el futuro, con el Consejo de Ministros Extraordinario como primer horizonte de tales promesas, con el fin de prorrogar algunas de las medidas para hacer frente a los efectos indeseados de la guerra en Irán.
Sobre la posibilidad de adelantar elecciones o someterse a una cuestión de confianza, como le piden la oposición, algunos socios e incluso barones territoriales de su propio partido, Sánchez ha insistido en que agotará los cuatro años de legislatura. «España será mejor en 2027 que en 2023, y no digamos que en 2018. Pero lo será aún más en 2031 con cuatro años más de Gobierno del PSOE. […] Las legislaturas, cuando ellos no gobiernan, también duran cuatro años. Hay muchos que dicen que gobernar no es resistir, y estoy de acuerdo, pero tampoco es desistir», hilaba. «Muchos me preguntan si voy a seguir. Yo me pregunto cómo no vamos a hacerlo», insistía, contiunista con lo pronunciado el miércoles.
El sector crítico: Emiliano García-Page
Era de esperar que Emiliano García-Page, el barón castellanomanchego, protagonizase las declaraciones más críticas a las puertas del Comité Federal. El presidente de Castilla-La Mancha aseguraba ante los medios que el PSOE atraviesa «el peor momento de su historia reciente» e insistía en que es el momento de dar la palabra a los ciudadanos. «Hoy España entera se pregunta cuándo. Y yo creo que tenemos que anteponer los intereses del país a los propios. El PSOE está por encima de cualquier dirigente», afirmaba en referencia a un posible adelanto electoral.
«Nos hemos arrodillado a un partido de ultraderecha como es el de Puigdemont«, agregaba el socialista a las preguntas sobre las exigencias de Junts. «Todos somos iguales ante la ley, también ante las leyes internas del PSOE. Me duele muchísimo todo lo que está pasando en relación con Zapatero«, esgrimía también. El dirigente socialista también exigía una respuesta contundente frente a los casos de corrupción, reclamando «autocrítica, claridad y respuestas», y aseguraba que espera abandonar la reunión con la garantía de que «el PSOE está limpio» y no será investigado como organización.
Ya en el interior del acto orgánico, fuentes socialistas han indicado a este medio que el presidente de Castilla-La Mancha ha lamentado en clave interna que Sánchez «no haya hecho ni una sola palabra, ni una sola explicación, sobre los resultados en las últimas cuatro elecciones autonómicas«. «Las cosas están peor que hace un año. Insisto en que la moción de confianza o elecciones hubiera sido un mensaje contundente que hubiera sido bien recibido por los ciudadanos. Si hay adelanto electoral, que sea pensando en nuestra infantería, no en las exigencias de PNV y Junts. A los alcaldes les interesa que el ruido de la política de Madrid no impida que se hable de su gestión. Hoy la tensión de la política nacional lo tapa todo», ha argumentado en el Comité Federal, según las citadas fuentes.
«Sigo pensando que es el peor momento de la historia reciente para el PSOE y hay que hacerse las mismas preguntas que se hacen los ciudadanos. Los culpables de la corrupción son los corruptos, pero la gente distingue entre culpabilidad y responsabilidad y para evitar que nos hagan responsables hay que tener más cortafuegos contra ellos», ha sentenciado.
La unidad: el resto
Frente a las críticas de Page, que encarna el sector más crítico con el presidente del Gobierno y con la situación que atraviesan Moncloa y Ferraz, el resto de pesos pesados del partido ha cerrado filas con Sánchez para exhibir unidad. El primero de ellos era el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, que aseguraba sentirse «orgulloso de ser socialista» y suscribía «sin matices» las palabras del secretario general y presidente del Gobierno. «El diagnóstico ya está hecho, lo que toca ahora es centrarse en por qué hay que seguir y para qué«, añadía el jefe del Govern.
«Ser socialista es compartir unos valores y comprometerse con ellos. Llevar la máxima igualdad y fraternidad a la ciudadanía. Ante tanto ruido y desinformación no hay mejor relato, mejor narrativa, que la verdad de los hechos. Es importante admitir los errores y corregirlos. No hay una organización perfecta, pero sí fiel a sus principios», apuntaba el catalán.
En nombre de los socialistas aragoneses intervenía Pilar Alegría, con colores parecidos a los de su homólogo catalán: «Daremos nuestro apoyo a Pedro Sánchez y al proyecto socialista que lidera. Este comité será el punto de partida para las próximas generales». «No sé qué calles pisan aquellos que dicen que no podemos pisar las calles. A mí la gente me dice que le diga a Pedro Sánchez que aguante y que estamos con Begoña», aportaba, por su parte, la secretaria general del PSPV, Diana Morant.
A estas intervenciones orquestadas se sumaban también las de la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol: «Las legislaturas duran cuatro años«; la de Adriana Lastra: «Confiamos en los compañeros que hay en el Gobierno y en nuestro secretario general»; o la del secretario general del PSOE en Castilla y León, Carlos Martínez: «Sabemos muy bien lo que son PP y Vox. No entienden el día a día de lo que pasa en la calle y por eso se inventan prioridades nacionales». Un discurso aunado (en casi todos) para exhibir músculo en uno de los momentos más complicados de la historia reciente de un partido al que le queda por delante un último año de legislatura en el que deberá remontar todos los oleajes que han hecho zozobrar el velero del puño y la rosa.
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