Cuando el lino había caído en el olvido en toda España, en Costa da Morte aún pervivía, aunque solo fuese en la memoria colectiva. Y a ello se agarró Carmen Riveiro, vecina de Carreira (Zas), para revivir ese legado. Treinta y cuatro años después no solo lo ha conseguido, sino que ha elevado esta planta herbácea, muy valorada desde la Prehistoria, a referente artesanal y de la moda.
Un trabajo y una dedicación que le han reportado múltiples reconocimientos. El último, la reciente distinción como Autónoma de Año por su trayectoria, que le otorgó la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos – ATA.
Su madre, el espejo en el que se mira
A sus 78 años, Carmen, que goza de una jubilación parcial, sigue trabajando el lino con el mismo entusiasmo del primer día y no piensa dejarlo mientras pueda conducir y tejer. Asegura que tiene un espejo donde mirarse ya que su madre tiene 103 años «y sigue siendo un torbellino».
Todo comenzó en 1992 cuando, junto con otras personas, impulsó la Asociación de Amigos del Liño, germen de la empresa Liño de Galicia «que fundamos por necesidades comerciales», afirma. Hoy, añade, «desarrollamos todo el trabajo, desde la siembra hasta la confección del tejido, que transformamos en trajes, sombreros y bolsos, entre otras creaciones. Y ya van más de 30 años en este mundo».
La tradicional ‘Fía do Liño’
Una trayectoria que nació de un recuerdo. «En mi memoria permanecía viva la tradicional fiesta de la Fía do Liño, que era el pago que le daban a las mujeres por hilar durante todo el invierno. Estaba pensada solo para las hilanderas, pero después se unían los jóvenes y hacían una comida y una fiesta que se prolongaba hasta bien entrada la noche. Incluso fue prohibida, porque después nacían, y nacieron, los fillos da fía«.
Y de esos recuerdos y «después de hablar con la gente más mayor, como mi madre y compañeras suyas, decidimos recuperar esa fiesta», subraya Carmen. La primera edición ya fue todo un éxito. A ella se sumaron el presidente de la Diputación de A Coruña, el delegado del Gobierno y también Isaac Díaz Pardo, que «era un amante del trabajo de las mujeres y de todo lo concerniente a la artesanía», añade.
Otro hito decisivo para elevar el lino a lo más alto fue la restauración y apertura al público del castillo de Vimianzo. «Nos propusieron exhibir allí nuestra labor y eso fue un salto muy importante», explica.
Carmen Riveiro frente a su telar en el castillo de Vimianzo. / J. M. R.
A partir de ahí todo fue un proceso de crecimiento y proyección. «Incluso más allá de nuestras fronteras, pues participamos en una misión comercial y de intercambio en Tokio (Japón), acompañados por el presidente de la Xunta. Viajamos también a Francia y a Bélgica».
La transformación del lino es para Carmen Riveiro mucho más que un oficio. «Es parte de nuestra historia y de nuestra cultura y también una oportunidad de futuro», afirma. Amigos do Liño acaba de sumarse al proyecto impulsado por la Fundación Adolfo Domínguez, con el apoyo de la Xunta de Galicia, para recuperar el lino gallego.
Alta demanda de lino
Y es que el sector mira también hacia el futuro. «Tenemos que seguir adelante, es importante para Galicia. Existe una gran demanda de lino, pero la producción es muy escasa», afirma Carmen , quien aboga por «volver a sembrar y aprovechar las pequeñas parcelas que no se cultivan».
Recuerda que cuando comenzaron a colaborar con Feiraco descubrieron que el lino que se destinaba a la alimentación de las vacas «venía de Canadá, y sigue viniendo del extranjero porque aquí no se siembra, y eso no es normal». También se produce en China, aunque, en opinión de Carmen, «la calidad nada tiene que ver con el lino de Galicia».
Además, la presidenta de Amigos do Liño, asegura que no se trata solo de conservar una tradición, sino de hacerla viable para las nuevas generaciones. Y es que, añade, hay jóvenes interesados en este sector, como la vimiancesa Ana Antelo, «que fue alumna mía, creó su propia marca artesana y sabe trabajar el lino.
Sembrada la semilla para un relevo generacional
Es un ejemplo de que hay juventud preparada, con ganas y conocimientos, pero el trabajo artesanal debe tener una remuneración digna. La gente joven quiere y sabe, pero tiene que poder vivir de ello».
Después de 34 años de trayectoria, el objetivo de Carmen es «dejar sembrada la semilla para que otros continúen«. El lino gallego, vinculado ya a la identidad de la Costa da Morte y al trabajo de muchas mujeres, aspira ahora a seguir creciendo como patrimonio cultural, oficio artesanal y posible motor económico para el rural.















