En agosto de 2012, el acogedor y bello Santuario de la Misericordia de Borja se convertía en noticia a nivel mundial. La razón: La pintura mural de un pequeño Ecce homo, de unos 50 centímetros de alto por 40 de ancho, realizada en torno a 1930 por el pintor valenciano Elías García Martínez sobre una de las paredes del interior del templo, había quedado involuntariamente desfigurada por la intervención de unas manos tan cargadas de amor y de buenas intenciones como inexpertas en la restauración, las de la borjana Cecilia Giménez Zueco, tristemente fallecida en su Borja natal el 29 de diciembre del pasado año a los 94 años de edad.
Jesús como Ecce homo es un tema muy recurrente en el arte cristiano, tanto en la pintura como en la escultura, ya desde el siglo XV, el cual toma su nombre de esta expresión latina que significa «He aquí el hombre», pronunciada por el gobernador romano Poncio Pilatos en el momento de presentar a Jesús torturado frente a la multitud, antes de su crucifixión. Toda una paradoja respecto a las injustas e injustificables burlas, memes y chanzas que hubo de sufrir Cecilia en pago a su bienintencionada iniciativa.
Pero como bien se sabe, finalmente el «Ecce homo de Borja» constituyó una, tan grande como inesperada, fuente de ingresos y todo un éxito de merchandising, por lo que su nombre pronto quedó registrado en la Oficina Española de Patentes y Marcas y su figura sigue siendo a día de hoy todo un icono pop, tan reconocible a nivel mundial, que el mismísimo Andy Warhol no habría dudado en reproducirlo en una de sus obras, al igual que hizo con los retratos de Mao Zedong o Marilyn Monroe.
El caso es que, a partir de la (aunque bienintencionada) malograda actuación de Cecilia, la expresión «hacer un Ecce homo» referida al mundo del arte, es sinónimo de efectuar una restauración fallida que distorsiona, o desfigura la obra original.
Y esto es lo que ha acontecido, hace tan solo unos meses, en la plateresca fachada del Parador Nacional de Turismo de Santiago de Compostela, conocido como el Hostal de los Reyes Católicos, el cual –construido en la primera década del siglo XVI para albergar y curar a los peregrinos que llegaban a la ciudad haciendo el Camino de Santiago– está protegido y catalogado con la figura de BIC (Bien de Interés Cultural).
Este emblemático monumento está ubicado en la compostelana Plaza do Obradoiro, junto a la hermosa fachada barroca de la catedral dedicada al apóstol Santiago, la cual goza del status de Patrimonio de la Humanidad desde 1985, al igual que todo el conjunto monumental de la ciudad vieja de Santiago de Compostela, incluido el Hostal.
Desde abril de 2025, el Hostal dos Reis Católicos (su nombre en gallego), está siendo objeto de unas obras de modernización que, con un presupuesto de 36 millones de euros, han sido financiadas por Turespaña –organismo público titular del edificio histórico– y Paradores de Turismo de España S.A. –la empresa pública que lo gestiona– y ejecutadas por el arquitecto vallisoletano Fernando Cobos Guerra.
A mediados del pasado mes de abril, cuando se retiraron las lonas de obra que cubrían su fachada principal, se descubrió que las 16 gárgolas que adornan el tejado del Hostal dos Reis Católicos habían sido «asaeteadas» en sus orificios de desagüe con otros tantos tubos metálicos, de unos 70 centímetros de longitud, con el objeto de evitar que el agua de lluvia que evacúan siguiera cayendo sobre los balcones barrocos que, en 1678, fueron añadidos al edificio por el monje benedictino y arquitecto Fray Tomás Alonso.
Sin embargo, además de la agresión patrimonial (auténtico atentado artístico, según algunas voces autorizadas) que se ha ocasionado a las gárgolas del Hostal dos Reis Católicos, el impacto visual que sus añadidos tubos generan, vistos desde la Plaza do Obradoiro, bien podría calificarse de esperpéntica estridencia manifiestamente contraria a los conceptos de belleza, acogida y armonía que caracterizan a la que es una de las plazas más visitadas del mundo.
Por similares y otros muchos motivos, bien razonados y fundamentados, diversas asociaciones de defensa del patrimonio y vecinales, han elevado ya un escrito formal ante el Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, principal órgano asesor de la UNESCO en la conservación y protección del patrimonio cultural a nivel mundial) en el que denuncian lo que, en su opinión, supone una alteración grave y una banalización de este emblemático Bien de Interés Cultural de Galicia.
Por lo demás, resulta inaceptable que la escrupulosa lógica de la que siempre hacen gala las autoridades de Patrimonio –al exigir que las fachadas y elementos artísticos de los edificios, públicos o privados, que gozan de protección patrimonial se mantengan y respeten rigurosamente durante las obras que se efectúen en ellos– se haya relajado en esta ocasión hasta el punto de permitir una solución tan disruptiva sobre la hermosa fachada renacentista del Hostal dos Reis Católicos, el hotel más antiguo de España.
Un hecho que es aún más lacerante por tratarse de unas obras que han sido llevadas a cabo por organismos y empresas públicas, financiadas con fondos públicos y ejecutadas sobre un edificio que es patrimonio de todos los españoles.













