«Ellos no tienen culpa… pero al técnico de sonido lo echaba». Esta y otras frases similares se escucharon con frecuencia este martes por la noche en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid, donde Linkin Park dio ante 30.000 personas el primero de sus dos conciertos consecutivos en el recinto madrileño, tras pasar por el festival O Son do Camiño, en Santiago de Compostela, y por el Rock in Rio de Lisboa.
«¡Sube el volumen! ¡Sube el volumen!», coreaba entre canción y canción el público de la mitad posterior de la pista, donde los decibelios no llegaban ni por asomo al mínimo necesario para disfrutar de un concierto de rock en un recinto al aire libre. Además, la ecualización tampoco era buena, ya que la batería engullía a todos los demás instrumentos como un agujero negro. Al menos pudimos comprobar que el nuevo baterista, Colin Brittain, toca con precisión de relojero.
Como decíamos, allí atrás y también en los laterales la gente podía conversar sin tener que alzar mucho la voz, y se oía más el karaoke del público que a la banda. Suponemos que la música sonaría más alta (puede también que mejor) en las primeras filas de la pista y en las gradas, delante de las cuales había más postes con altavoces.
La sensación era algo esquizofrénica: algunos transitaban entre la decepción, negando con la cabeza y con los brazos en jarra, con la euforia de saltar y desgañitarse al escuchar temazos que habían marcado su adolescencia, como «In The End», «One Step Closer», «Numb» o «Faint». Al fin y al cabo, se habían gastado el dinero y querían pasarlo bien recordando viejos tiempos, aunque las condiciones no fueran las esperadas.
Hits antiguos y canciones nuevas
La banda californiana, que actualmente ocupa el puesto número 44 del mundo en Spotify con 56 millones de oyentes mensuales, resurgió de sus cenizas en 2024 con una nueva vocalista, Emily Armstrong, tras el suicidio de Chester Bennington en 2017. Esta es la primera vez que Linkin Park viene a España sin Bennington, que cantó en el Download Festival de Madrid un mes antes de morir.
En esta gira europea, la banda está mostrando antes de los conciertos un teaser del documental que estrenarán próximamente, Unshatter, donde cuentan lo duro que ha sido para ellos el duelo y su renacimiento.
Linkin Park durante su concierto de este martes en Rivas. Foto: EFE/Kiko Huesca
El repertorio del concierto se basó principalmente en su último álbum, From Zero (2024, el primero de su nueva etapa) y en sus éxitos antiguos, como los ya mencionados, que son en su mayoría de sus dos primeros discos, Hybrid Theory y Meteora.
Con Mike Shinoda (compositor, multiinstrumentista, vocalista, rapero y productor) y el cantante principal Chester Bennington a la cabeza, Linkin Park se convirtieron en el año 2000 en los nuevos reyes del nu metal (al menos en su vertiente más mainstream) gracias a su excelente debut. Su presencia constante en la MTV contribuyó sin duda a ello. Después se fueron desvinculando de aquel sonido en busca de otras sonoridades más pop y electrónicas, con peores resultados.
Ellos lo saben y por eso en From Zero regresaron en buena medida al estilo que los hizo brillar en los albores del nuevo milenio. El repertorio de este martes así lo corrobora, ya que la mayoría de las canciones fueron de estos tres discos, aunque también sonaron los mejores temas de A Thousand Suns, Minutes to Midnight y Living Things. Pero, sin duda, lo más sorprendente de todo el repertorio fue que «Superestrella», de Aitana, sonase por los altavoces en los últimos minutos de la cuenta atrás antes de comenzar el show. Desconocemos si existe una explicación para esto.
Emily no es Chester, pero eso ya lo sabíamos
Debe de ser duro tratar de llenar el hueco de alguien irremplazable; colmar, o al menos satisfacer un poco, las expectativas de millones de personas en todo el mundo. Esa es la misión imposible de Emily Armstrong desde que se embarcó en Linkin Park. Al escuchar por primera vez From Zero, nos sorprendió gratamente su voz, y nos pareció una buena elección para sustituir a Bennington. Pero viéndola en directo, y aunque las comparaciones son odiosas, lo cierto es que no da la talla del todo. El listón estaba demasiado alto.

La cantante Emily Armstrong y el baterista Colin Brittain durante el concierto de Linkin Park este martes en Rivas. Foto: EFE/Kiko Huesca
Armstrong tiene una buena voz y es capaz de hacer el fry (esa técnica de distorsión vocal que suena a fritura, de ahí su nombre) de una manera muy similar a Chester, pero le falta algo de potencia y tesitura. En las canciones antiguas no consigue proyectar bien las notas más graves (por ejemplo, en «Points of Authority»), pensadas para la voz de su antecesor.
También nos moríamos de ganas de oír en directo esa nota larguísima que nos puso los pelos de punta al escuchar por primera vez «Heavy Is The Crown», pero este martes la acortó astutamente a menos de la mitad, empezándola mucho más tarde que en el disco. También evitó las notas más agudas de «Somewhere I Belong» usando el viejo truco de orientar el micro hacia el público para que este le haga el trabajo, algo que hizo también en repetidas ocasiones, especialmente en «In The End».
En cambio, las canciones del nuevo disco, hechas a su medida, le sientan mucho mejor, como es lógico. En «The Emptiness Machine», que fue la primera en sonar, estuvo bien en general, salvo en algunos agudos a los que le costó llegar. En «Casualty», una canción cercana al thrash metal, estuvo brillante y agresiva. No obstante, en general le falta algo de chispa y carisma. Estuvo quieta y aferrada al pie de micro demasiado tiempo.
El protagonismo se lo repartieron ella y Mike Shinoda, que estuvo algo más carismático, sonriente y cercano al público (saludó varias veces en español y le regaló una gorra firmada a un niño de la primera fila). En segundo plano, el DJ Mr Hahn con semblante serio, alternando los scratches de sus platos con el sampler e instrumentos virtuales en una tablet, así como el bajista Dave Farrell y el guitarrista Alex Feder (que sustituye al guitarrista oficial Brad Delson en esta gira europea).
En conjunto, resultó un concierto algo frío, marcado sin duda por las deficiencias del sonido ya mencionadas. Ojalá esos errores puedan corregirse para el concierto de este miércoles. Y, aunque nos caiga fatal la panda de odiadores a la que debe hacer frente Emily Armstrong desde que llegó al grupo (también recibe muchos apoyos), no hemos podido evitar echar de menos a Chester en esta calurosa noche de San Juan.










