De entre todas las aspirantes a ganar este Mundial, quizá Inglaterra fue la que tuvo una presentación más convincente, ponderando los méritos propios y la entidad del oponente a cada uno le tocó en suerte. Su contundente victoria por 4-2 frente a Croacia elevó tanto su cotización como la bajó anoche su segundo partido en esta cita mundialista. Ghana resultó ser un antídoto ideal para el frenesí que trata de desplegar Tuchel.
Sin espacios para cabalgar, Inglaterra fue muy poca cosa, ni Kane fue capaz de evitarlo, y su castigo fue un empate a nada que, eso sí, le deja virtualmente clasificado para la siguiente ronda. Su mayor preocupación habrá de ser buscar soluciones para encuentros de esparto como el que anoche le plantearon Iñaki Williams y compañía. Croacia, que juega de madrugada contra Panamá, debería dirimir en su partido contra Ghana cuál de las dos se queda con la otra plaza de clasificación directa del grupo. Para los africanos, el empate ante su antigua metrópoli es oro.
Primera mitad sin porteros
Los alaridos de mayor entusiasmo que se escucharon en Boston durante la primera parte acontecieron cuando las pantallas del estadio mostraron a David Beckham en el palco. Fueron seguramente los 45 minutos más anodinos de lo que llevamos de Mundial, con un Pickford al que no le debería contar ese rato como trabajado en su vida laboral. No es que no tuviera que parar nada, que también, es que prácticamente ni apareció en el tiro de cámara.
Kane se lamenta tras fallar una ocasión ante Ghana. / BUDA MENDES / Getty Images via AFP
Solo en el tramo final apretó un poquitín Ghana, a través del fenomenal Semenyo, interrumpiendo el aburrídismo monólogo inglés. Queiroz, viejo zorro mundialista, planteó una férrea y organizada defensa en la que Inglaterra no hallaba una sola grieta. Anderson nunca encontraba alguien para continuar sus posesiones, sitiados siempre Bellingham y Kane por un ejército de defensas africanos. Menos noticias había aún de Gordon.
Flojo partido de Gordon
Se murió ese primer tiempo sin un solo remate a puerta que aliñara el monótono relato. El partido reclamaba para los europeos la comparecencia de un mediapunta habilidoso para desequilibrar en espacios reducidos, como Palmer o Foden. Pero como quiera que Tuchel se los dejó en Inglaterra, sacrificados en su extravagante lista de 26, el alemán eligió persistir.
La primera prueba de vida de los porteros la exigió Gordon en el minuto 57. No duró mucho más sobre el césped el jugador del Barça, sustituido por Saka tras una actuación que, pese a ese hito en forma de remate a puerta rozó el anonimato y abrazó la intrascendencia. Tampoco el del Arsenal ofreció nada parecido a un recital. Bueno, ni él ni ninguno de sus compañeros. El larguero frustró al final un cabezazo de O’Reilly y poco más en un partido maravilloso para no verlo y disfrutar de Sant Joan haciendo otra cosa.
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