El hijo de Encarnación pesaba 130 kilos cuando un infarto le arrebató la vida a los 42 años. Cuando todo ocurrió, su yerno avisó a la funeraria de la corpulencia del fallecido, esperando que buscaran un féretro adecuado.
Cuando llegaron a darle el último adiós, la funeraria alegó que no había encontrado ningún féretro donde cupiera el fallecido. En su lugar, se encontraron un ataúd cerrado con cinta adhesiva.
Encarnación denuncia que no pudieron despedirse de su hijo en ningún momento, ya que no podían abrir el ataúd. Una situación que la ha indignado profundamente, teniendo en cuenta que contaba con las garantías del seguro de defunción que estaba pagando.
«Tuvieron que cerrarlo a porrazos porque no había manera de meter al pobre muchacho», lamenta Encarnación, «pasamos muy mal rato».
La familia de Encarnación decidió poner una reclamación y sus abogados han denunciado a la funeraria. Un gesto que, aunque no les permitirá despedirse dignamente de su hijo, esperan que pueda hacer justicia.
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