Todo apunta a que el próximo jueves tendrá lugar una jornada tranquila en Fráncfort. Un consenso entre los analistas financieros y el mercado pronostica que el Banco Central Europeo (BCE) mantendrá sin cambios los tipos de interés, tras haberlos elevado en 25 puntos básicos en la reunión del pasado 11 de junio a causa del recrudecimiento de las previsiones de inflación provocado por la guerra entre EEUU, Israel e Irán.
Así, la cumbre de banqueros centrales de la Eurozona optará por la paciencia en una suerte de calma tensa, tras haber optado el mes pasado por un movimiento que rompía un ciclo de estabilidad económica de más de tres años. La subida de junio llegaba después de dos años y ocho meses en que el organismo presidido por Christine Lagarde había mantenido o bajado los tipos de interés, al calor de la revitalización económica europea tras las turbulencias provocadas por la guerra de Ucrania.
Una pausa bajo vigilancia
Sin embargo, el efecto de la guerra en Oriente Medio sobre la inflación desbarató la estabilidad que el BCE había ido construyendo con el tiempo. Pese a que las previsiones de una segunda subida de tipos consecutivas se contemplaban hace semanas, el mercado ha ido enfriando progresivamente ese escenario. La herramienta de predicción ‘ECB Watch’, que actúa como aglutinador del mercado, da en estos momentos un 92% de posibilidades a que los tipos permanezcan en el 2,25%, con el 8% restante apostando por una subida.
Los propios miembros del consejo de gobierno del BCE ya han ido adelantando en diversas entrevistas la intención del supervisor, pese al hermetismo que les caracteriza. El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, afirmó la semana pasada que «la evolución de los precios de la energía es un factor decisivo en la determinación de las proyecciones de inflación». «La política monetaria mantendrá su postura vigilante, y sigue siendo aconsejable actuar con cautela, pero con decisión si es necesario», sostuvo el banquero alemán. El italiano Piero Cipollone, una de las voces más importantes del BCE, afirmó en otra erntrevista que el organismo aún no percibe efectos de segunda ronda en la inflación, por lo que la situación parece haberse estabilizado relativamente.
La inflación da un respiro
Lo cierto es que la inflación parece haber dado tregua. Según los datos de junio, divulgados por Eurostat el pasado viernes, el IPC de la Eurozona cayó hasta el 2,8% el mes pasado, cuatro puntos básicos menos que en mayo, cuando escaló hasta el 3,2%. Sin embargo, la cifra sigue exhibiendo un contraste preocupante con el año pasado, cuando se situaba en el 2%, valor que representa el objetivo prudencial del BCE.
Los analistas apuestan también por que el supervisor mantenga el precio del dinero intacto. Martin Wolburg, economista sénior en Generali Investment, considera que «los últimos datos sobre la inflación y la bajada de los precios de la energía han supuesto un cierto alivio». «Las perspectivas de inflación se acercan ahora más al escenario benigno que al escenario base presentado en la reunión de junio, lo cual resulta tranquilizador para las partes interesadas», sostiene.
Septiembre, la próxima frontera
François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel Asset Management, considera que, una vez apagado el fuego, el BCE volverá a instalarse en su trinchera particular, con la dependencia de los datos para tomar decisiones como principal baza. Sin embargo, ampliando el horizonte, sí cree que podrían llegar más movimientos. «En un contexto de persistente incertidumbre geopolítica, esperamos que el BCE mantenga una postura prudente durante el verano, dejando abierta la posibilidad de otra subida de tipos en septiembre«, apunta.
Karsten Junius, Economista Jefe en J. Safra Sarasin Sustainable AM, apuesta por que el supervisor mantendrá abiertas todas sus opciones de cara a septiembre, pero da por hecha la pausa este mes. «Los precios del petróleo han descendido de forma significativa desde la última reunión de política monetaria. Sin duda, esto supone un alivio, aunque no cambia por completo el panorama. Simplemente reduce prácticamente a cero la probabilidad de una nueva subida de tipos en la reunión de esta semana y da tiempo al BCE para volver a evaluar su escenario económico en septiembre, cuando se publiquen las nuevas proyecciones», reconoce.
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