El aire, el suelo y el agua están impregnados de innumerables compuestos químicos que los seres vivos liberan constantemente para comunicarse. Sin embargo, un nuevo marco conceptual advierte que estudiar estas moléculas de forma aislada ya no es suficiente. Cuando estas señales se mezclan en la naturaleza, generan una «quimiodiversidad» capaz de dictar el comportamiento de especies enteras, condicionar la formación de hábitats y alertar sobre los riesgos reales del cambio global.
Durante décadas, la ecología ha desgranado los secretos de la naturaleza estudiando los organismos y sus hábitats. Sabemos que las flores atraen a las abejas y que algunos árboles avisan a sus vecinos cuando sufren el ataque de una plaga. Pero este enfoque se queda corto ante la inmensidad del idioma de la naturaleza. Un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution por investigadores de la Universidad de Bielefeld (Alemania) sugiere que hemos estado ignorando el cuadro completo: un vasto tapiz de aromas e interacciones conocido como paisaje de quimiodiversidad.
Propiedades emergentes
Thomas Dussarrat, ecólogo y coautor principal del estudio, plantea un cambio de perspectiva radical. Las señales que emiten las plantas, los microorganismos y los animales no operan en el vacío. Cuando una planta libera un centenar de moléculas distintas al aire, estas se mezclan de inmediato con las que expulsa el suelo húmedo, el polen cercano y los insectos que sobrevuelan la zona. La combinación resultante de esta sopa química provoca la aparición de propiedades emergentes, es decir, de nuevas funciones ecológicas que ninguna de esas moléculas podría originar por sí sola.
Este paisaje olfativo determina dinámicas biológicas decisivas. Actúa como una red invisible que guía a los insectos polinizadores a través de grandes distancias, coordina la defensa de los ecosistemas y define quién se asienta en qué territorio. En definitiva, estos mosaicos invisibles conforman la arquitectura silenciosa sobre la que se asienta la supervivencia de buena parte de las especies del planeta.
Referencia
Ecological role of emergent properties in the chemodiversity landscape. Hanusch, M., Dussarrat, T. et al. Nature Ecology & Evolution (2026). DOI:10.1038/s41559-026-02431-2
Descubrimiento oportuno
Comprender esta realidad resulta ahora más urgente que nunca. La investigación alerta de que el cambio climático y las actividades antrópicas están distorsionando severamente estas comunicaciones. Los episodios de sequía prolongada, las olas de calor extremo y la contaminación por el uso generalizado de agroquímicos están borrando los paisajes de quimiodiversidad, alterando sus mensajes originales. Cuando una red química se rompe, los polinizadores se desorientan y la capacidad defensiva de las comunidades vegetales colapsa, acelerando la pérdida de biodiversidad.
Según Robin Heinen, investigador también involucrado en el proyecto, adoptar esta visión de conjunto será imprescindible para diseñar nuevas estrategias de conservación. Proteger el medio ambiente ya no puede consistir únicamente en preservar extensiones de terreno o especies emblemáticas.
Las políticas de gestión ambiental y los modelos de agricultura del futuro deberán proteger este complejo entramado de interacciones químicas para garantizar la resiliencia y el funcionamiento a largo plazo de los ecosistemas.











