Imagen: EFE/Manuel Bruque
La Noche de San Juan es una de las celebraciones más populares de España. Vinculada tradicionalmente al solsticio de verano y a antiguos rituales relacionados con el fuego y la renovación, reúne cada año a cientos de miles de personas en playas, paseos marítimos, plazas y espacios públicos de todo el país.
Las hogueras, los baños nocturnos, los deseos escritos en papel y los espectáculos pirotécnicos forman parte de una tradición especialmente arraigada en Galicia, la Comunidad Valenciana, Andalucía, Cataluña o Baleares. Sin embargo, junto a su dimensión festiva existe otra realidad mucho menos conocida: el enorme volumen de residuos que se genera en apenas unas horas.
Botellas de vidrio, latas, envases de plástico, restos de comida, cenizas, madera quemada y colillas convierten la mañana del 24 de junio en una auténtica carrera contrarreloj para los servicios de limpieza municipales.
Barcelona recoge hasta diez veces más basura que en un día normal de verano
Barcelona afronta cada año uno de los mayores retos logísticos relacionados con la verbena de San Juan.
Las playas metropolitanas reciben decenas de miles de asistentes y los servicios municipales despliegan operativos especiales para devolver la normalidad al litoral antes de la apertura al público.
En los últimos dos años ha recogido de media 62 toneladas de residuos en playas. La cifra supone 10 veces más basura que un día habitual de temporada alta de verano.
Aunque las cifras varían según el año y las condiciones meteorológicas, los residuos abandonados continúan siendo uno de los principales problemas asociados a la fiesta.

Imagen: EFE/Alberto Estevez
Más de 140.000 personas y decenas de toneladas de residuos: el caso de Valencia
Valencia lleva años apareciendo entre las ciudades españolas que más residuos generan durante la celebración.
Los datos de 2025 muestran que los servicios municipales retiraron unas 60 toneladas de residuos de las playas de la ciudad tras la Noche de San Juan. De ellas, 50 toneladas correspondieron a la playa de la Malva-rosa y otras 10 toneladas a las playas del sur y a La Marina.
La cifra supone una ligera mejora respecto a 2024, cuando se recogieron alrededor de 70 toneladas de basura y cenizas tras una noche en la que la Policía Local estimó una asistencia cercana a las 140.000 personas.
Para afrontar esta situación, el Ayuntamiento despliega cada año operativos extraordinarios compuestos por centenares de trabajadores, maquinaria pesada y vehículos especializados que permiten reabrir las playas pocas horas después de la celebración.
Irene: EFE/Manuel Bruque

Las imágenes que cada año reabren el debate sobre el San Xoán en A Coruña
Pocas ciudades viven San Juan con tanta intensidad como A Coruña. La fiesta del San Xoán está considerada Fiesta de Interés Turístico Internacional y congrega a decenas de miles de personas alrededor de las hogueras instaladas en las playas urbanas.
En 2025 los servicios municipales retiraron unas 44 toneladas de residuos de los arenales coruñeses. Aunque la cifra fue inferior a la del año anterior, las imágenes de basura acumulada en Orzán y Riazor volvieron a generar debate sobre el impacto ambiental de la celebración.
La magnitud del evento obliga a desplegar dispositivos especiales de seguridad y limpieza. Para la edición de 2025 el Concello movilizó cerca de mil personas y habilitó decenas de puntos de recogida selectiva para intentar reducir el abandono de residuos.
A pesar de estos esfuerzos, organizaciones ecologistas y responsables municipales siguen alertando sobre el problema de los desperdicios que se acaban dispersando por la arena en cada edición de la gran fiesta popular.

Imagen: EFE/Cabalar
Málaga, Cádiz y otras ciudades: el problema se repite en toda la costa española tras la noche de San Juan
La situación se repite en numerosos municipios del litoral. En Málaga, la Noche de San Juan de 2025 dejó más de 20 toneladas de residuos en las playas, especialmente en La Malagueta, donde se concentró buena parte de la actividad festiva. Además de la basura acumulada, el Ayuntamiento registró daños en equipamientos y mobiliario urbano. En años anteriores, la ciudad llegó a superar las 37 toneladas de residuos recogidos tras la celebración.
Cádiz también suele figurar entre los municipios con mayores volúmenes de basura asociados a San Juan. Según recopilaciones realizadas por distintos medios nacionales, la ciudad ha llegado a retirar alrededor de 45 toneladas de residuos tras la festividad.
El problema no termina en la arena: buena parte de los residuos acaba en el mar
La contaminación generada durante San Juan no es únicamente una cuestión de limpieza urbana. Los expertos en medio ambiente recuerdan que una parte de esos residuos termina alcanzando el mar.
Ecologistas en Acción lleva años advirtiendo de que las mareas pueden arrastrar envases, plásticos y otros desperdicios antes de que los equipos municipales tengan tiempo suficiente para retirarlos. La organización sostiene que la coincidencia de la fiesta con determinadas pleamares aumenta el riesgo de que los residuos acaben incorporándose al ecosistema marino.
La mayor parte de la basura encontrada tras estas celebraciones está compuesta por envases de bebidas, bolsas y plásticos de un solo uso, materiales que pueden fragmentarse en microplásticos y permanecer durante décadas en el medio ambiente.
La preocupación tiene sentido porque se sabe que alrededor de once millones de toneladas de residuos llegan al mar cada año en todo el mundo con el impacto ecológico que eso implica.
Ante esta situación, numerosos ayuntamientos han endurecido las normas. Alicante, por ejemplo, volvió a prohibir las hogueras en sus playas en 2026 alegando razones de seguridad, limpieza y protección ambiental.
Otras localidades han optado por habilitar espacios controlados, limitar los materiales permitidos o reforzar los dispositivos de recogida selectiva.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que ninguna medida será completamente eficaz sin la colaboración ciudadana.
La Noche de San Juan sigue siendo una de las tradiciones más queridas del calendario español. El desafío consiste en compatibilizar una celebración con profundas raíces culturales con la protección de unos ecosistemas costeros que soportan una presión cada vez mayor.
Las imágenes de playas cubiertas de basura al amanecer nos recuerdan cada año que la magia del fuego puede tener un coste ambiental grave cuando el civismo no acompaña a la fiesta.
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